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El rigor de Wilco abre el Primavera Sound

Entre las revelaciones de la primera jornada del festival destacan las actuaciones de Grimes, Kindness y The Oh Sees

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Mientras la prima de riesgo finiquitaba el mes de mayo con otra jornada de infarto, un grupo de estudiantes alemanas apostadas a la entrada del recinto, ajenas a la debacle financiera del país de la paela y el chupito gratis, trazaban a boli su particular hoja de ruta indie sobre uno de los folletos suministrados por la organización del festival. Minuciosidad teutona pensarán. No es para menos. Sobre todo cuando tienes por delante 241 bandas repartidas en 11 escenarios diseminados en 73.800 metros cuadrados de recinto. Tres días de música en vivo en lo que para unos se trata de un festival vanguardista y erudito como pocos, y para otros no deja de ser un ejemplo más del aborregamiento post-industrial planificado. Para gustos colores.

En lo puramente estético, destacan este año algunas coincidencias como puede ser el predominio de los shorts vaqueros, camisetas holgadas con sisas generosas, todo tipo de gafas de sol, y un mar de ridículos sombreritos de paja distribuidos por una conocida marca de caramelos triangulares sin los cuales no hay beso que valga.

La experiencia estética quedaba aderezada en lo olfativo por ligeras brisas aromatizadas con maría de cultivo de interior, así como por una transpiración intensa llena de hediondos matices consecuencia quizá del intenso día de calor que ha hecho en la ciudad condal.

Savia nueva y buenos conocidos

Si nos atenemos a lo musical, el capítulo primero del Primavera 2012 deja varias revelaciones, una apuesta segura y un bostezo. Entre las sorpresas cabría destacar la actuación de Grimes, que pese a un sonido bastante deficiente supo conectar a base de graves y ritmos asincopados con un público nutrido, en esencia, de foráneos. Kindness ofreció un show enérgico plagado de bailes imposibles que lo convierten en el verdadero adalid del disco-funk. Y por último The Oh Sees, que pusieron la nota bruta con su particular versión de garage-punk trufado con psicodelia.

El gato al agua se lo llevó, para variar, Wilco. Jeff Tweedy y los suyos ofrecieron una interpretación impecable, demostrando que la exactitud no está reñida con la emoción ni la calidez. La calidad de sus composiciones y el engranaje perfecto de la banda confirmaron el idilio que los de Chicago mantienen con el festival.

El bostezo es para The XX. Pese al interés que despiertan –muchos de los presentes inciaron pasada la media noche su particular travesía hacia el alejado escenario Mini–, no lograron resarcirse de su última, y fallida, actuación en el Parc del Fòrum. No es un problema de sonido, tampoco de actitud, la cuestión es que volvieron a dejarlo todo en manos de un repertorio sin resquicio a las sorpresas ni a la curiosidad. No cabe duda de que han dado en la llaga con sus riffs hipnóticos y su inquietante languidez de extrarradio, pero volvieron a incidir en lo que ya conocemos y apenas dejaron paso a nuevos temas que muestren su evolución, si es que la hay.