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La segunda juventud de los fanzines

De la revolución y la provocación con grapas al arte de vanguardia. La producción fanzinera de nuestro país vive un resurgir; un viaje que encuentra en la fanzinoteca del Institut Valencià d’Art Modern su particular piedra Rosetta.

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'Fanzination! Los fanzines de cómic en España'.- IVAM

Hace treinta años, en la prehistoria de internet, lo más parecido a un blog era una Xerox polvorienta, un puñado de cuartillas mal grapadas y un variopinto muestrario de tipografías pegadas de forma azarosa. El origen, como todo lo que merece la pena, no atendía a razones; querer decir algo y decirlo. El método tampoco tenía mucho misterio; fotocopiar, grapar, doblar y difundir. Así de simple.

Pasado el tiempo, revolución 2.0 mediante, el rudimentario arte de la grapa sigue vivo. Muestra de ello es el creciente número de archivos que han proliferado en nuestro país durante los últimos años fruto de iniciativas personales. Pero también su ubicuidad en librerías, bibliotecas, ferias y tenderetes diversos, una convivencia editorial que no siempre es bien avenida, como si el carácter improvisado del fanzine se mofara de sus vecinos los libros; la aristocracia de la edición.

Álvaro Pons: "Intentar catalogar un fanzine es como domesticar a una bestia"

La primera hemeroteca fanzinera acaba de nacer en el Institut Valencià d’Art Modern con una colección de casi 4.000 fanzines, gracias a la donación del experto e investigador Álvaro Pons. Un proyecto que ha contado con la financiación de la Fundación Divina Pastora, que aporta 6.000 euros para financiar el proyecto de ordenación de la colección, la creación de un thesaurus temático y la catalogación de la colección para el acceso libre de consulta para investigadores. Algo que, cuando se habla de este tipo de publicaciones, viene a ser como un ejercicio de arqueología.

“Aquí no hay depósitos legales, tampoco ISBN, en ocasiones ni siquiera se detalla el año de publicación o la autoría. Catalogar un fanzine es muy complicado, precisamente porque no es un libro ni quiere serlo, es más, se rebela contra ellos”, explica Álvaro Pons, físico de formación y fervoroso coleccionista de cómics desde que tiene casi uso de razón. “Cuando tratamos de sistematizar la catalogación de los fanzines es como si estos se rebelaran, como si su propia naturaleza fuera en contra de cualquier intento de clasificación y estuviéramos poco menos que domesticando una bestia”.

'Fanzination! Los fanzines de cómic en España'.- IVAM

Consciente del sacrilegio, Pons no oculta su satisfacción por el hecho de que el IVAM incluya la producción fanzinera dentro de su discurso artístico, una medida de largo alcance y que va más allá de apostar por retrospectivas puntuales. Una incorporación anhelada largo tiempo que evidencia la mayoría de edad de un género históricamente denostado. “Creo que hemos conseguido romper con esa mirada peyorativa y hemos normalizado la mirada de la cultura al cómic”, apunta Pons. Se impone, en palabras de este teórico del cómic que también es físico y profesor de universidad, “un cambio en la forma de aproximarnos a este tipo lenguajes, hasta el punto de que se ha ido generando de un tiempo a esta parte una cierta efervescencia con numerosos festivales y circuitos de venta”.

"Hemos roto con esa mirada peyorativa y hemos normalizado la mirada de la cultura al cómic”

Pero dónde radica el secreto. Qué hace que el fanzine sobreviva al ancho de banda y la descarga de varios megas por segundo. Según Pons, una de las claves la encontramos en su accesibilidad. "Ya no se ve como algo infantil, la gente ha cambiado su consideración, los creadores encuentran su lenguaje útil y accesible; dicho de otro modo, es más fácil y barato hacer un fanzine que una película”. Un coste de lo más ajustado que contrasta con la infinidad de posibilidades creativas que ofrece.

De la contracultura a la experimentación

Si bien el componente underground y provocador es inherente al nacimiento del fanzine, lo cierto es que su revitalización actual no comparte esos visos contraculturales de antaño. "Sigue existiendo esa mentalidad de ir contra lo establecido, pero ha cambiado el foco de lo establecido", apunta Pons. Lo que en su día tenía una connotación política innegable, un lenguaje malsonante y una irreprimible afición por la provocación, ha devenido en un espacio que prima la búsqueda y la experimentación.

'Fanzination! Los fanzines de cómic en España'.- IVAM

"El discurso irreverente y salvaje sigue teniendo su espacio, pero es evidente que se ha convertido en minoritario, ahora en cambio se está yendo hacia la experimentación artística y la abstracción narrativa". Subyace, en cierto modo, otro tipo de rebeldía; una que, por ejemplo, se revuelve contra los mecanismos establecidos del arte, apostando por modalidades minoritarias como la poesía gráfica.

"Puede que se haya amanerado o edulcorado ese discurso salvaje primigenio, puede que sus narrativas sean más íntimas y si me apuras más ingenuas, pero siguen manteniendo un discurso comprometido". No en vano, sorprendería la proliferación que ha habido en los últimos años de publicaciones feministas, una oleada contestataria que ha encontrado en el fanzine su aliado fundamental. "Quizá sea el mayor colectivo de autoras que hay en la actualidad haciendo fanzines, precisamente por esa capacidad que tiene este soporte de rebelarse contra el discurso establecido, que en este caso es el discurso machista".