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Los Yakusa, la mafia tintada

Su peculiaridad de mostrarse en público obligó al gobierno de Japón a tomar medidas

SERGIO GARCÍA

La arrogancia de los Yakusa había llegado demasiado lejos. Su peculiaridad  de mostrarse en público sin el secretismo que caracteriza al resto de organizaciones mafiosas obligó al Estado nipón a tomar medidas. Con la Ley contra actividades criminales de 1992,  el panorama cambió para estos grandes señores de los bajos fondos.

Sus orígenes se encuentran en los siglos XVII-XVIII. La reunificación del país durante la Era Tokugawa provoca el surgimiento de samurais desocupados que se dedican al robo en las poblaciones. Ante la inexistencia de una protección por parte de las estructuras del país, los campesinos forman colectivos de autodefensa. Ambos grupos se desarrollan convirtiéndose en los antecedentes directos de los Yakusa. Son los Tekiya -dedicados a la protección de comerciantes y ambulantes- y los Bakuto, centrados en el juego y las apuestas.

La Era Meiji, a partir de 1868,  supuso el tránsito inmediato de una sociedad feudal al mundo de la industria y el capitalismo mercantilista. La mafia nipona se mueve como pez en el agua en medio del caos de la nueva situación. Dos son principalmente sus nuevas funciones. Primero, se convierten en las fuerzas de orden que protegen el auge comercial japonés. Segundo, ante la inquietud de los nacientes industriales por el comunismo, los Yakusa se transforman en esquiroles. 

Crecimiento exponencial

Tras la Segunda Guerra Mundial, la ocupación norteamericana se convierte en un aliado para los Yakusa. Con un país devastado, el nuevo contexto permite aumentar en un 150% las organizaciones. Entre 1958 y 1963, integran las mafias 184.000 sujetos, más que el propio ejército japonés. Como los militares norteamericanos necesitaban una fuerza que controlase las calles y la policía estaba diezmada, permitieron que los Yakusa organizaran los mercados negros. El desastre de la guerra llenaba los bolsillos de las organizaciones. Esta armonía entre los americanos y la mafia se vio incrementada con una nueva lucha contra el comunismo, fruto de la incipiente situación de Guerra Fría. De nuevo, el hampa nipona ejerce de represor de obreros y estudiantes.

Hoy la mafia japonesa se encuentra en una difícil encrucijada. Pese a que los beneficios de los negocios crecen, el número de miembros se ha reducido a 80.000. Los profundos cambios producidos en el país exigen una rápida adaptación.

Peligros de occidentalización

Los Yakusa conservan el contrato tácito con la sociedad civil que siempre los ha caracterizado: no afectar directamente al ciudadano común, una práctica que corre el peligro de extinguirse si se mantiene el proceso extremo de occidentalización. Cada vez más, la Yakusa está perdiendo sus señas de identidad. Una de las primeras en caer ha sido la armadura de tinta con la que protegían el cuerpo del mafioso. Se dice que los tatuajes revelaban el clan y el rango al que pertenecían. Comenzaban con uno pequeño al que se añadían otros hasta cubrir todo el cuerpo. Esta tradición se remonta al siglo XVIII, cuando los delincuentes eran estigmatizados mediante un tatuaje. En el XIX, el Emperador los prohíbe definitivamente por contradecir a Confucio. Hoy representan lo proscrito, un ideal con el que la Yakusa reafirma su condición de ilegal.

Bibliografía

Ser hija de Yakusa no debe ser fácil, pero escapar del ambiente en el que te has criado y publicar tu historia parece imposible. Shoko Tendo lo logró, y ahora lo cuenta todo en ‘Yakuza Moon: Memoirs of a Gangster's Daughter', un superventas en Japón  que acaba de publicarse en inglés.

Los periodistas Jérôme Pierrot y Alexandre Sargos se sumergen en ‘Yakusa' en la cultura de la mafia japonesa mediante entrevistas y testimonios directos. La obra describe la vida cotidiana de grandes padrinos, lugartenientes, soldados, y aprendices.

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