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La antorcha olímpica blinda Tiannanmen

El temor a nuevos actos pro-Tíbet ha planeado sobre la llegada de la llama a China y el inicio de su periplo por todo el mundo

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Los pekineses que circulaban en bicicleta a primera hora de la mañana frente a la plaza de Tiananmen volvían la vista atrás, muertos de curiosidad, con el riesgo de chocarse contra el de enfrente. Eran los últimos en poder pasar por allí y contemplar los preparativos de la ceremonia para el relevo de la antorcha olímpica, antes de que se bloqueara el tráfico. 

La llama olímpica llegó hoy a Pekín en avión desde Atenas rodeada de un  espectacular  despliegue de medidas de seguridad. El gobierno temió que se repitieran los incidentes ocurridos estos días en Atenas, donde varios activistas se manifestaron por la autonomía de Tíbet y  la falta de respeto por los derechos humanos en China.  Los dirigentes del país más poblado del mundo temen que diversos grupos aprovechen los actos olímpicos para manifestarse contra el gobierno central.

Las medidas de seguridad empezaron el domingo por la noche con el bloqueo de los accesos a la plaza y la organización de un control policial extremo. Cientos de agentes y policías de paisano vigilaban ayer los alrededores de Tiananmen o se infiltraron entre los 5.000 asistentes a la ceremonia. Por razones de seguridad, el gobierno ocultó el itinerario de la antorcha desde el aeropuerto hasta la plaza. Tampoco se informó de los detalles del programa ni de los políticos invitados al acto, entre los que se encontraba el presidente Hu Jintao y el recién nombrado vicepresidente, Xi Jinping.

 “Los JJOO modernos son un gran acto de paz y amistad para la gente de todo el mundo”, dijo Xi, candidato a sustituir a Hu dentro de cinco años. Su mensaje llega cuando el mundo entero está pendiente de la dura represión policial que China ejerce sobre la comunidad tibetana, después de que estallaran los disturbios violentos en Lhasa, el pasado 14 de marzo. Los enfrentamientos entre la comunidad tibetana y las autoridades chinas han provocado 18 víctimas mortales, según Pekín. El gobierno tibetano en el exilio asegura que son más de 100.

Cualquier manifestación de grupos políticos o activistas proderechos humanos puede estropear la imagen pública del gobierno chino, en especial de cara a sus ciudadanos. La censura sobre los medios de comunicación y los mecanismos de propaganda permiten controlar la divulgación de noticias relacionadas con un posible boicot a los JJOO o las críticas internacionales a China por su política en Tíbet, la falta de respeto por los derechos humanos o su relación con regímenes políticos que cometen crímenes contra humanidad, como el de Sudán.

Varios policías vigilaban la ceremonia desde el tejado del monumental edificio de mármol del Palacio del Pueblo, sede del gobierno comunista. A pesar de su estilo clásico, ofrecía un escenario bastante distinto al del templo griego de Olimpia, donde el domingo se despidió la antorcha. La abundancia de banderas rojas y la imagen del presidente Mao coronando la puerta de la Ciudad Prohibida dieron a la ceremonia un aire de ritual, en honor al fallecido líder comunista.

“Enciende la pasión, comparte un sueño”, podía leerse en uno de los banderines rojos que decoraban la plaza. El gobierno chino quiere promover la ilusión de los ciudadanos por los JJOO sin recurrir a actos que reúnan multitudes, por miedo a manifestaciones. La antorcha no desfiló por la calles de Pekín, ni fue motivo de fiestas populares. 4.000 personas, en su mayoría estudiantes y de la tercera edad, fueron seleccionadas para participar en el acto con números de baile y artes marciales de estilo kitch, al son de música tecno. Los pekineses tuvieron que conformarse con ver el espectáculo por televisión, en falso directo,  por si debía censurarse.

La llama olímpica se dividirá en dos. Una se dirigirá a Lhasa y esperará a que se reúnan las condiciones meteorológicas óptimas para ascender al Everest. Sólo 40 periodistas , la mitad de ellos, internacionales, tienen autorización para presenciar el ascenso, previsto para mayo.

La otra llama emprenderá un viaje de 130 días alrededor de las principales del mundo, hasta que regrese de nuevo a Pekín. Varios activistas pro  Tíbet han anunciado protestas en Londres, París y San Francisco. Otro de los puntos conflictivos en el relevo de la antorcha será Nueva Delhi, donde reside el Dalai Lama, líder espiritual tibetano, en el exilio. China sigue acusando al Dalai Lama de estar detrás de la violencia de los disturbios en Lhasa, a pesar de que éste lo ha desmentido.