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Un charco lo hizo todo

Un Sevilla con pocas ideas saca el partido adelante ante un Almería que mereció el empate

ALBERTO CABELLO

El Pizjuán se ha quedado en silencio. Asiste con apatía al embrutecimiento del juego de su equipo. No queda más remedio que torcer el gesto después de tardes como las de este sábado en las que el Sevilla transmite tan pocas cosas sobre el campo. La historia es la misma que en los últimos partidos en casa: incapacidad grave para engarzar el fútbol. El conjunto de Jiménez se limita a las carreras de sus velocistas para tallar alguna escultura de cierto valor.

Un charco derrotó al Almería. El agua se quedó con una pelota trivial que Acasiete retrasó hacia su portero. La jugada tan insignificante en apariencia marcó a fuego un partido en el que el equipo de Lillo hizo más por el entretenimiento que los de casa. El gran problema de los rojiblancos es que no cuenta con un Soldado o un Canales para concretar las sensaciones y las ocasiones de gol.Esos dos futbolistas sacaron los colores al Sevilla. Goitom no. Es un delantero peleón pero al que falta luz cuanto más se aproxima a la portería.

Lillo ha cumplido la promesa que hizo cuando se sentó por primera vez en la sala de prensa de su nuevo equipo. Allí dijo que llegaba al Almería a adaptarse a lo que había, no a imponer su criterio. Dicho y hecho. El técnico ha vuelto a las raíces. A la velocidad y profundidad de los extremos o al buen toque de Corona. Con ese método, ascendió a Primera y tuvo un bautizo en la categoría de lo más tranquilo. Luego llegaron los miedos, y el miedo no hace más que producir más miedo. Lo mejor de todo es que las cosas buenas no se olvidan. Bastan una par de tarde de repaso para volver a recitar sin trompicones las lecciones. Descorsetado, Crusat recordó a ese bajito tan caradura que disfrutó como pocos en el primer año que se asomó por los mejores campos de España.

Con este nuevo credo se presentó sin miedo en el Pizjuán. A disputarle el centro del campo al Sevilla, no a entregárselo. Y es que los males del equipo de Manolo Jiménez se generan en esa zona del tapete. La ausencia de Zokora ha derribado las murallas para dejar a merced del enemigo la fortaleza. Por esa razón Dragutinovic se vio forzado a cometer una falta muy lejos de su portería y cargarse de una tarjeta amarilla a los 14 minutos. A sus centrocampistas les faltan vatios y creatividad para generar energía. Faltó presión por parte de Duscher y Romaric. Así las cosas, tanto Corona como Mbami no tardaron mucho en dar el golpe de estado para apoderarse del meridiano.

Por ahí empezaba a masticarse el partido cuando Acasiete repitió esa acción tan intrascendente de oxigenar el juego con un balón hacia el portero. El campo mojado devoró a su víctima y regaló la pelota para que Renato dejará a Negredo sólo ante la red.

El golpe ni despertó al Sevilla ni desesperó al Almería. No hubo nada nuevo después del gol. Fueron mejores los visitantes, salvo por los detalles sueltos de Navas. Drago y Escudé tuvieron que agigantarse para tapar las fugas. A unas malas apareció Palop para arrebatarle de un bocado una pelota a Soriano en la milésima de segundo previa a empalar a portería.

La grada muda asistió muda a esta pobre escenificación de su equipo. Sólo ese charco evitó que la indiferencia se convirtiera en enfado.

Sevilla (1): Palop; Stankevicius, Escudé, Dragutinovic, Adriano (Fernando Navarro, m.75); Duscher, Romaric; Jesús Navas, Renato, Perotti (Capel, m.63); y Negredo (Luis Fabiano, m.83).

Almería (0): Diego Alves; Ortiz, Acasiete, Chico, D. Cisma; Bernardello; M’Bami (David Rodríguez, m.76), Soriano, Corona, Crusat; y Goitom.

Goles: 1-0. M. 8. Acasiete envía un balón hacia su portero Alves pero el balón se queda atrapado en un charco. Renato, atento, asiste a Negredo para que marque a puerta vacía. Árbitro: Mateu. Mostró tarjeta amarilla a Dragutinovic (m.14), Ortiz (m.28), Corona (m.62), Escudé (m.76).

Sánchez Pizjuán: 32.000 espectadores. Se guardó un minuto de silencio por las víctimas en el terremoto de hace dos semanas en Haití.