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Los hijos de José María García

El legendario periodista, retirado hace una década de la profesión, aparece como uno de los pioneros del éxito del fútbol sala que hoy buscará su tercer Mundial frente a Brasil en Tailandia 

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Las nuevas generaciones quizá ya ni sepan quién fue José María García, el periodista que durante años gobernó la noche deportiva. Hace diez años que se retiró de la radio, pero García sigue en activo. Ahora, su palabra ya no forma parte de la multitud. Su micrófono es más silencioso. Vive al son que marca el fútbol sala que hoy jugará en Thailandia frente a Brasil la final del Mundial. Será la quinta consecutiva con lo que ya forma parte de la costumbre. Pero hace 35 años ni se sabía que esto pudiese ocurrir. 'Entonces no existía ni Liga de fútbol sala en España. Sólo era un deporte de exhibición', recuerda Julio García Mera, actual director del Inter MoviStar, que entonces ya jugaba a este deporte en su colegio, el Valle Inclán.

José María García, también. La diferencia es que él lo hacía en el polideportivo Antonio Magariños como uno más de los jugadores del Interviu que se apellidaba 'Hora 25', como su programa de radio. 35 años después, todavía existe ese equipo, que ahora se llama Inter Movistar y donde, en principio, no aparece García. 'Oficialmente, no es nada. Ni siquiera presidente de honor', señala Mera. 'Pero realmente es el jefe, el que pone el dinero'. Y lo vive con la misma pasión con la que hace 35 años entraba en el vestuario y que luego le ayudó a cambiar la personalidad de este deporte. Por eso Mera se pregunta: '¿Qué sería del fútbol sala sin gente como García?'

Julio García Mera, en realidad, es 'un viejo dinosaurio' del fútbol sala. 'No me importa reconocer que pertenezco al Museo Arqueólogico'. Apareció siendo un adolescente en el equipo de García. Todavía se acuerda de 'aquella gira que hicimos por todas las cárceles de España en la que él jugaba con nosotros'. Y, aunque Julio defiende la teoría de que 'hay que tener cuidado con los recuerdos, porque siempre te mienten', hay datos que no admiten negociación. Él ya ha sido dos veces campeón del mundo en Guatemala 2000 frente a Brasil y repitió, cuatro años después, ante Italia en China en un partido que, en realidad, no hizo falta ni jugar. 'Antes de empezar, cuando fui a dar la mano al capitán de Italia, fue incapaz de mirarme a los ojos. Entonces comprendí que era imposible perder ese partido'. Por eso hoy por la mañana, desde los micrófonos de Eurosport, donde es comentarista, volverá a defender que 'el fútbol sala es un estado de ánimo'.

Su vida, sin embargo, ya no se parece a la de aquellos años. Julio García Mera ha cumplido 40 años y hace cinco el jefe, que es José María García, se presentó ante sus ojos. 'Quiero que te retires', le dijo. Y fue difícil y quizá, como homenaje a esa decisión, este año Mera ha escrito un libro, Cuando el deporte te abandona, en el que reconoce que aquel día que el jefe le dijo ('quiero que pases al otro lado y seas director deportivo') le enseñó la ruta del oro. Todavía hoy continúa en ese puesto desde el que puede hacer una radiografía perfecta del fútbol sala, de esa pasión que encendió José María García hace 35 años y que aparentemente parece un deporte muy periférico. 'Tenemos poco espacio público', acepta Mera que, en sus tiempos de campeón del mundo, podía viajar con toda tranquilidad en el Metro. 'Casi nadie me reconocía'. Y hoy, como entonces, 'todavía nos sorprende salir en algún informativo, pero hay que aprovechar oportunidades como la de hoy en Tailandia. Sabemos donde estamos y el trozo de pastel que nos toca'.

Mera, en contra de lo que se pueda imaginar, asegura que existe el jugador de fútbol sala vocacional. Él lo fue y no se arrepiente de no haber jugado nunca al fútbol. 'No, para nada. Siempre pensé que el nuestro era otro deporte y no una modalidad del fútbol'. Incluso, ahora en la campaña que el Inter Movistar realiza por los colegios, asegura que se han llegado 'a más de 60.000 niños' que lo acogen con devoción y con los que Mera es tan claro como José María García lo fue con él hace veinte años. 'Pero no sólo con ellos, sino también con mis dos hijos. El objetivo es la felicidad y que la encuentren a su manera. ¿Por qué no puede ser el fútbol sala una de ellas? Es más, puede ser una forma de ganarse la vida más cómoda que otras'.

Ahora bien, la verdad también existe. 'Si piensas en hacerte rico', aclara, 'el fútbol sala no se lo deseo a nadie'. Pero aprovecha para poner su ejemplo. 'Yo fui profesional y cuando me retiré ya tenía pagada la hipoteca de mi piso'. Aunque reconoce que los tiempos han cambiado. 'En mi época, había una cifra mágica que era la de los 60.000 euros, 10 millones de pesetas'. Eso no quita que ahora haya jugadores, como algunos de los que hoy se jugarán el Mundial en Thailandia, que superen, incluso, los 150.000 euros netos al año. 'Pero también es cierto que los jugadores que tienen contratos largos de hace cuatro o cinco años, saben que ahora, cuando toque renovarlos, deberán bajar ese dinero. Hay jugadores en Primera división que están jugando casi gratis este año para que les vean y buscar un futuro'.

La vida es dura, pero el fútbol sala tiene una ventaja. Quizá heredada del espíritu que su mejor pionero, José María García, mostró durante tantos años en la radio. 'Ante los golpes, sabemos reinventarnos', insiste Mera, 'y la prueba está en la FIFA, que experimenta con nosotros las normas que después impone en el fútbol y muchas de ellas van en contra del espectáculo. Pero nosotros vivimos del compromiso de los jugadores y de su capacidad de adaptación'. Todo eso es lo que permite que el fútbol sala desmitifique su papel secundario como Julio ha desmitificado a lo largo de los años su relación con García. 'Creo que es muy natural, aunque él siempre me verá como a un niño, como yo veo a mi hermana pequeña y resulta que la mujer ya tiene 30 años'.

En realidad, son 30 años en los que el fútbol sala se hizo hombre. 'Nuestra personalidad se reafirmó, sobre todo, en el primer Mundial, el del 2000 que ganamos en Guatemala'. Cuatro años antes, ante 17.000 personas en el Palau Saint Jordi de Barcelona, se perdió la primera final en la que el fútbol sala aprendió que para ganar hay que saber perder. Era el mismo mensaje que durante años repitió José María en la radio y que hoy barniza los éxitos de un fútbol sala que, naturalmente, ya no se parece al de hace 35 años. 'Esto ha cambiado tanto que cuando yo empecé que me decían, 'no bebas en los partidos', y resulta que no hay mayor aberración que ésa'.