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Íñigo Urrechu, una vida entre zancadas y fogones

Quien conozca a Íñigo Urrechu entenderá que la cocina y el deporte maridan a la perfección. Deleita con sus creaciones a todo el que visita sus restaurantes. Y en sus cocinas nunca falta espacio para tener bien cerca sus zapatillas de running ¡A correr!

Iñigo Urrechu posa junto a uno de sus restaurantes con sus zapatillas de correr.

Una sonrisa no es solo lo que mejor define a este chef guipuzcoano de éxito. Es su secreto para emular a Filípides y correr horas y horas, kilómetros y kilómetros, sin aparentar desgaste. Se llama Íñigo Pérez pero su nombre se siente desnudo si no lo acompañas de ‘su identidad’, Urrechu. Un hombre familiar muy apegado a sus orígenes (su nombre profesional sale del de su pueblo). Nos ha hecho compañía y enseñado platos en el Canal Cocina. También le vimos formando talentos en el programa de TVE, ‘Cocineros al Volante’. Este mes de enero abre su cuarto restaurante en Madrid y su talento como cocinero es innegable. Si lo que cocina alimenta que da gusto, su espíritu contagia e irradia alegría. La misma con la que colecciona aventuras y desafíos por medio mundo: los Iron Man, los maratones… el ultra fondo es parte de su vida. Esa que estuvo en peligro cuando solo tenía un año, esa que podía haber cambiado si se hubiera rendido cuando le dijeron que nunca más podría correr.

Su última ‘locura’ fue intentar correr 24 horas seguidas dando vueltas a una pista de atletismo en Barcelona. No pudo lograr este desafío pero sí consiguió hasta 1.100 kilos de alimentos para Cáritas, diez por cada kilómetro recorrido. Y es que no hay sinsabores que puedan privarnos de la sonrisa y el buen humor de ‘Urre’. En Revista Elite Sport nos acercamos a la vida de este chef incombustible que ha sentado a la mesa a estrellas del deporte. ¿Qué es lo que más le gusta a Cristiano Ronaldo? ¿Qué cocinaría para Rafa Nadal? Cálzate las zapatillas y conoce a Urrechu.

Un chef polifacético. Puedes presentar un programa de televisión, dar conferencias… ¿Qué hace Íñigo Urrechu en su día a día?

"Las cosas en las que se tiene éxito en esta vida son aquellas que se adquieren como rutinas diarias"

Considerando que duermo 5 horas y media… ¡Imagínate! El cuerpo es tremendamente inteligente y se adapta a lo que le acostumbras. Como soy de dormir poco, lo que hago es invertir horas en lo que más me apasiona: la familia, mis negocios y la gastronomía. Y, por supuesto, mi pasión por el deporte. Para mí, las cosas en las que se tiene éxito en esta vida son aquellas que se adquieren como rutinas diarias.

A los 37 años podías llegar a fumar hasta tres paquetes diarios de tabaco y tu físico era muy diferente al actual. ¿Qué ‘click’ sonó en tu cabeza para dar el paso de entregarte a correr?

La clave para explicarlo es entender de dónde vengo. Con un año de edad me dieron casi por muerto porque me quedé sin respiración. Hace 45 años y en un pequeño pueblo del País Vasco, imagínate el panorama. Este suceso me marcó porque pasé a vivir en un ámbito de ultra protección familiar, “no puedes practicar deporte porque te falta aire”, “no corras porque te asfixias”. Hoy en día es diferente, tienes recursos. Pero en aquel entonces y en aquel lugar, se veía como una temeridad. Me aparté de la práctica deportiva… ni partidos de fútbol en el colegio, ni nada. Mi adolescencia la pasé con la gente que no hacía deporte y tenía vicios… y ahí con 15 años empieza mi relación con el tabaco. Ya cuando me metí en cocina, lo hice con total intensidad... 17 horas currando, trabajar, dormir…. Y fumar hasta esos tres paquetes diarios. Hasta que un día abrí los ojos y decidí cortar por lo sano, sustituyendo los hábitos que tenía al fumar por otros. ¿Y cómo empezó el deporte? Un día que vi en la tele un Iron Man. Me impresionó y, como mi vida es o todo o nada, le dije a mi mujer que yo iba a hacer uno de esos. Con 36 años, cien kilos de peso, con un aspecto de tener 10 o 15 años más de los que tenía. Así surgió una rebelión interna y, a partir de ahí, a entrenar. Con constancia porque creo que el deporte tienes que convertirlo en una rutina diaria. Hay que calzarse las zapatillas todos los días.

¿Qué ha significado para ti la entrada del deporte en tu vida?

Muchísimo. Ahora estoy centrado en el running, maratones y ultra maratones. Antes estaba más enfocado a los Iron Man. El deporte individual, el running, a mí me ayuda muchísimo. Dependes de tu propio tiempo y de tu cabeza. Yo me levanto cansado, con muchas cosas que hacer en el día, pero no me pongo excusas. Mis metas y mis objetivos han de ser más fuertes que cualquier motivo que me empuje a no dar el paso. Con el deporte he aprendido a organizarme, me ha enseñado disciplina y constancia. Criterio, constancia y humildad, estos son los pilares con los que yo rijo y dirijo mi vida personal, empresarial y deportiva. También el deporte me ha hecho un poco… egoísta. Cuando voy a correr, voy yo solo, sin teléfono. Es MI tiempo. Y en esas 2 o 3 horas (horas que me resto de dormir porque no las necesito), organizo en mi mente mis restaurantes, mi vida personal y familiar. Es un momento sagrado. Me ha permitido muscular mi cuerpo… y mi cabeza.

¿Qué locuras confesables has hecho con tus zapatillas puestas?

"Por mi 45 cumpleaños decidí correr un kilómetro por cada año cumplido. Así celebré que era capaz de volver a correr"

Una está vinculada a la lesión que me marcó. Cuando estaba con los Iron Man me picaba el gusanillo de hacer algo más y estuve viendo el Decaironman: 10 Iron Man en diez días. Me puse a entrenar y cogí una mononucleosis. Me bajaron las defensas e intenté seguir entrenando pero no pude hacer la prueba. Tardé cuatro meses en recuperarme de esa bajada de peso tan pronunciada y me lesioné en la rodilla. Un traumatólogo muy reputado me dijo que no podría volver a correr en mi vida. Eso me hundió, me tiré como cuatro años sin hacer deporte, volví a coger peso, perdí toda la musculatura. Pero un día me armé de valor y empecé a valorar opciones para volver a correr: cambiar la técnica de carrera, la alimentación. Para celebrar que podía hacerlo, por mi 45 cumpleaños decidí correr un kilómetro por cada año cumplido. Me subí a una cinta de correr y me hice los 45 kilómetros. Para ir animándome decidí que en cada kilómetro me obligaría a recordar momentos que correspondieran al año ‘por el que pasaba’: amigos del colegio, profesores, anécdotas… El cansancio era tan grande por esa larguísima inactividad que me evadía concentrándome en los recuerdos.

Otra. Este año completé el Maratón de Madrid, me llenó de felicidad. En plena euforia, ese mismo día me entero de una prueba solidaria que consiste en correr 12 horas toda una noche entera, en equipos de 4 a 6 personas para recaudar 1 euro por cada kilómetro recorrido. Pido participar yo solo y recaudando el doble por cada kilómetro. Llega el día y llevo toda la jornada trabajando en el restaurante con muchísimo trabajo por comuniones. Empieza a llover con mucha intensidad y van abandonando participantes hasta que me quedo solo. Aguanto a base de mi avituallamiento especial, bocaditos de jamón con tomate del restaurante. A las 10 horas ya había hecho más de una doble maratón, 87 kilómetros. Un miembro de la organización en bicicleta me sugería si lo dejábamos ahí en lugar de completar la docena de horas. Acabé en 90 kilómetros, me fui a casa, me duché, dormí hora y media y volví a activarme porque tenía mucho trabajo. Estaba feliz, me había demostrado que podía volver a ser el de antes. La lesión sería crónica, sí, pero sabía cómo plantarle batalla. Además, me sentía orgulloso de cómo ese esfuerzo enorme había servido para ayudar a gente necesitada.

Urrechu en una prueba Iron Man.

¿Qué se le pasa a uno por la cabeza cuando corre horas y horas sin parar?

El primer paso es ponerte las zapatillas y no pensar. Como suelo hacer unas cuantas horas de carrera, aprovecho el tiempo para pensar y ‘comunicarme’ con mi mente. Nunca escucho música. Con todos los temas que tengo de mis negocios, soy capaz hasta de repasar mentalmente los números. Pienso en olores, sabores, recetas. El cansancio va pasando factura, como algo, sonrío, aunque esté ya fatigado. Esa sonrisa me lleva cosas agradables a la mente y paso ese mal momento. Recuerdo hacerlo mientras subía cuestas este año en la Behobia, si mis piernas empezaban a flaquear, yo sonreía y me llenaba de buenos pensamientos. La sonrisa frente al ceño fruncido del sufrimiento. Estas son mis estrategias.

¿Qué grandes competiciones has corrido hasta ahora y cuál te ha hecho más ilusión?

Me costaría elegir. Mi primera maratón fue la de Nueva York y el escenario te marca. La primera carrera que hice fue la media maratón de Madrid, llegaría de los más rezagados pero terminé emocionadísimo tras haber dejado de fumar. Mi primer Iron Man, cuando me llenaba de euforia ver que sí, que era capaz de hacerlo. Y, por supuesto, la emoción que viví en el maratón de Madrid de 2016. Después de haber superado la lesión… tras haber escuchado al traumatólogo decirme que no podría correr nunca más… cuando crucé la línea de meta no me importó el tiempo. No me sabría quedar con un solo momento pero sí con un hecho presente en todos: compartir la experiencia con mi mujer y mis hijos. Cada medalla o recuerdo de una prueba va para ellos, que me acompañan para vivir juntos mi pasión.

Hace unas semanas corriste ‘Las 24 horas de Barcelona’. ¿Cómo fue este gran reto para ti?

"En las 24 horas de Barcelona conseguí llegar a las 16. Acabé con hipotermia pero casi alcancé los 110 kilómetros"

La prueba consistía en correr 24 horas alrededor de una pista de atletismo. Desde el sábado 17 de diciembre a las 12 de la mañana, hasta el domingo a la misma hora. Hice casi 110 kilómetros, no pude completar las 24 horas por problemas en los músculos psoas (los que se encargan de levantar la rodilla). Por esta dolencia me cogí una hipotermia y tuve que parar. Al final estuve 16 horas corriendo. Fue todo un reto del que hice hasta un concurso por redes sociales: la persona que acertara el número de kilómetros recorridos, tendría como premio una cena para dos en Urrechu y una serie de productos deportivos. En #ElRetoDeUrrechu al final nadie clavó la cifra pero el que más se acercó se llevó su recompensa. Me encantó la prueba, una estupenda organización y un gran trabajo de los voluntarios.

¿Cuántos kilómetros has recorrido en 2016?

Contando solo los del pulsómetro llevo recorridos más de 2.900 km. Esto, después de lo que he pasado, es todo un orgullo. Y una recompensa al esfuerzo que he hecho cambiando mi técnica de carrera, estudiando prácticas en otros países con más cultura de larga distancia como Estados Unidos.

¿Cuál es la prueba en la que más te gustaría competir y es tu mayor desafío hoy?

La Spartathlon. Es la carrera más larga de una sola etapa que existe en el mundo. Son 246 kilómetros en un máximo de 36 horas. La prueba recrea de manera fidedigna la auténtica carrera que hizo Filípides. Solamente la corren 300 personas al año, hay que clasificarse para participar. Es mi reto para este 2017 o 2018. El siguiente es la ultra maratón Badwater, la más dura del mundo. Su recorrido es por el Desierto del Valle de la Muerte. Es una carrera de unos 216 kilómetros que empieza en julio, en pleno verano con unas temperaturas extremas. Tienes que ir corriendo por la raya blanca de la carretera porque el asfalto te funde las zapatillas en 10 kilómetros. El calor ha llegado a provocar alucinaciones en participantes. Mi mujer es la primera que puede decirme que son locuras, pero yo pienso que cuanto más exigente es tu vida en tu día a día, más exigentes serán los retos o aficiones que te atraigan y motiven. Y yo por mi trabajo tengo muchas personas y familias cuya satisfacción depende de mis decisiones, de no fallar. Esa exigencia empresarial me invita a motivarme con estas pruebas de dificultad física y mental.

El deporte y la alimentación saludable van de la mano. ¿Qué consejos das al deportista popular?

En el objetivo de perder peso o estar fino, delgado… el 70% se lo daría a la alimentación y el 30 al deporte"

Para poder bajar peso, estar fino, delgado… del 100% del objetivo, el 70 se lo daría a la alimentación y el 30 al deporte. Hay gente que puede decirme… “Tú, con todo lo que corres, puedes comer cualquier cosa”. Pues no es así, hay que comer sano para ser una persona sana. ¿Qué es ese 70%? Comer sano y de todo… si nos gustan unas croquetas, vamos a comerlas una vez cada 15 días o una vez al mes. No abusar de las frituras, cuanto menos mejor, veámoslo como un premio que puedes darte. Optemos por pescados, carnes, verduras… todo a la plancha. Si nos gustan las salsas, que sean livianas y que no estén cargadas de harina. Los postres, hay muchos que son artesanos y naturales que pueden comerse con prudencia. Legumbres, verduras, pastas, ensaladas, pescado y carne a la plancha. Las cenas, muy livianitas. Peru Alfaro, triatleta, me dice que él lo tiene claro: “En la bici, plato grande; en la mesa, plato pequeño”. ¿Meternos en la cama con hambre? Sí, no pasa nada, nos levantamos hambrientos pero con 300 gramos menos. Eso anima mucho.

Estrellas del deporte han visitado tus restaurantes y saboreado tus creaciones. ¿Qué anécdota divertida recuerdas?

Cristiano Ronaldo viene a menudo al restaurante. Como ya tienes el hábito de verle, pues ya te acostumbras. Una noche, después de un partido brillante, me dijo el maître que había llegado… Y yo digo en la cocina entre risas: “Muchos goles, muchos sprints… pero me pongo yo a correr con Cristiano Ronaldo y habría que verlo… a partir del décimo kilómetro no aguanta mi resistencia…”. Vuelve el maître un minuto más tarde y me dice: “Urrechu, a este que acaba de llegar y va a cenar con él, a ver si le ganas”. De repente miro y era Usain Bolt. La verdad es que he tenido deportistas de élite en Urrechu, pero lo cierto es que tener a Usain Bolt fue todo un lujo.

¿Con qué personaje del deporte actual y de todos los tiempos te sentarías cenando una de tus especialidades?

Hay uno en activo que me marca. Por disciplina, integridad, valores, superación y por cómo representa a nuestro país… Javier Gómez Noya. Le conozco, tenemos buena amistad y le tengo un profundísimo respeto por su historia de superación. Hay otros que también admiro mucho como Chema Martínez, pero si me tengo que quedar con uno me quedaría con Gómez Noya. De todos los tiempos, me quedaría con Emil Zatopek. Era una persona muy bondadosa que corría por amor a esta disciplina. Todo el mundo hablaba maravillas de él. Me hubiera encantado conocerle.

¿Qué cocinarías para…?

Usain Bolt

Con él lo tengo fácil. ¡Kilo seiscientos de carne para el ‘figura’!

Cristiano Ronaldo

Una carne muy poco hecha, y de beber un zumo de naranja. Le encanta, ¡mucha vitamina C!

Leo Messi

Me gusta la idea, he dado de comer a algunos jugadores del Barcelona pero no a él. Como argentino, yo me iría a una buena carne hecha a la parrilla, jugando muchísimo con la carne en sí y con los chimichurris. Con las salsas, las vinagretas. Un juego muy sugerente con el que le sorprendiese como argentino.

Mireia Belmonte

¿A Mireia le ponemos un pescado? Igual está un poco cansada de tanta agua (risas). Yo le pondría un dulce porque es una de las personas que más endulza nuestro deporte. Vamos a hacerle un postre basado en muchísima fruta, muy dulcificado, como es ella… Sonriente, alegre, vistosa. Yo creo que le iría bien un soufflé de maracuyá con una crema helada de fresas. Muy refrescante con las fresas, y el maracuyá aportaría chispa al ser ligeramente ácido.

Rafael Nadal

Yo le he visto en los partidos comer mucho plátano, no me atrevería con una fruta (risas). Representa muy bien a nuestro país, es embajador de Marca España, fue nuestro abanderado en Río… Por todo ello yo recorrería toda la deliciosa gastronomía nacional con un coulis de verduras de esa huerta murciana. Después unas pochitas salteadas con tocino ibérico, una langosta y un pelín de caviar. ¿Por qué? Porque Rafa es cotidiano como las pochas, pero a la vez sumamente excelso y elegante como el caviar.

Andrés Iniesta

Para reunir sus valores de humildad y nobleza en un plato, yo apostaría por uno de toda la vida. Utilizando una legumbre a la que vamos a dar una majestuosidad. Haremos una cigala con un garbanzo refrito con olivas negras. Así tenemos ese punto de elegancia marina ya que él está en Barcelona y, al mismo tiempo, de su origen de interior con un garbanzo castellano manchego. Y la oliva negra. En definitiva, técnicas tradicionales pero en un plato tremendamente moderno que podemos maridar muy bien con ese vino suyo de Bodegas Iniesta.

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