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Río de Janeiro trabaja a contrarreloj para rematar las sedes y mitigar las críticas a solo tres días de los Juegos

Los destrozos en las instalaciones de Copabacana y de Marina da Gloria por las tormentas, las quejas por los desperfectos en la Villa Olímpica, las inauguraciones de última hora, la suciedad en la Bahía de Guanabara y la preocupación por la seguridad marcan el paso de la ciudad brasileña los días previos a la ceremonia de inauguración. 

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Un vehículo de construcción pasa cerca de unos anilllos olímpicos en una instalación en Barra de Tijuca. /EFE

Quedan tan solo tres días para que el estadio de Maracaná levante el telón de los Juegos Olímpicos 2016 y la imagen que Río de Janeiro sigue proyectando al mundo es la de una urbe que trabaja a marchas forzadas y tapando a base de parches todas las carencias que siguen presentando las instalaciones olímpicas. Una ciudad en la que todos los días surge un nuevo contratiempo y que ha ido inaugurando infraestructuras a la vez que daba la bienvenida a los 10.500 deportistas que competirán en sus instalaciones durante las próximas dos semanas.

Ha tenido siete años para prepararse y tener todo a punto para la cita olímpica pero a Río se le ha echado el tiempo encima y está demostrando que, de momento, lo que está proponiendo a la familia olímpica es precariedad, improvisación y caos organizativo. Derrumbes en algunas infraestructuras por las mareas y las olas, las quejas de los deportistas por los desperfectos en la Villa, la insalubridad de las aguas, las críticas por la inseguridad, el virus zika... Innumerables problemas para una ciudad que a partir del viernes será la capital mundial del deporte.

La ciudad se encuentra estos días inmersa en un trasiego continúo de operarios afanados por rematar y poner bonitas las instalaciones que darán cobijo tanto a los deportistas como a los aficionados. Remaches de pintura, instalaciones de cableado eléctrico, pegada de carteles, colocación de pasarelas, etc... Muchos son los trabajos que quedan por hacer en tres días de vértigo para que Río luzca perfecta para la ceremonia de inauguración.

El estado de la rampa de acceso destrozada en la Marina da Gloria. /REUTERS

Los últimos contratiempos han tenido que ver con una tormenta que ha causado verdaderos estragos en la playa de Copabacana y en la Marina da Gloria

Sin embargo, no paran de sucederse los contratiempos. Por ejemplo, los últimos han tenido que ver con una tormenta que ha causado verdaderos estragos en la playa de Copabacana y en la Marina da Gloria. En la primera, este domingo las olas provocaron desperfectos en los estudios de televisión instalaciones en el emblemático enclave. Y en la sede que acogerá la competición de vela los fuertes vientos destrozaron la principal rampa de acceso de barcos al agua. Los organizadores aseguran que estos problemas estarán resueltos para los entrenamientos y la competición, que comenzará el 8 de agosto.

Estos fuertes vientos obligaron también este lunes a suspender los entrenamientos de remo en la laguna Rodrigo de Freitas, en la que se llevarán a cabo las pruebas de remo y piragüismo.

Numerosas quejas por la Villa Olímpica

Otro foco de conflicto en los últimos días ha sido la Villa Olímpica, cuya apertura de puertas fue caótica y llena de quejas por parte de muchas delegaciones. Las protestas más airadas fueron las de la delegación australiana, que decidieron abandonar la Villa después de calificar los apartamentos de los deportistas como “inhabitables”. Problemas eléctricos, de fontanería, un escape de gas y “mucha suciedad” fueron las principales quejas de la jefa de la delegación, Kitty Chiller.  Para avivar la polémica, el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes, aseguró que colocaría canguros en la edificación australiana para que los atletas se sintieran como en casa. 

La apertura de puertas de la Villa Olímpica fue caótica y llena de quejas por parte de muchas delegaciones

El COI y el Comité Organizador se pusieron manos a la obra y se contrataron a 630 técnicos para resolver todas las denuncias en los días posteriores. Así, el jueves pasado dieron por resueltas las incidencias y Australia volvió a ocupar su lugar en la Villa. Sin embargo, ahí no terminaron los problemas. Ni mucho menos. El Ministerio de Trabajo brasileño multó con 96.000 dólares al Comité Organizador de los Juegos por contratar de forma irregular a esos 630 trabajadores. Ninguno contaba con un contrato firmado y algunos de ellos eran sometidos a cargas horarias exhaustivas, de hasta 23 horas diarias.

Un edificio de la Villa Olímpica, con banderas de diferentes países, este lunes. /REUTERS

Tampoco habían terminado los contratiempos para la delegación olímpica de Australia. El viernes se produjo una humareda en su edificio a consecuencia de un cigarrillo mal apagado, que obligó a toda la delegación a desalojar el inmueble. Y este lunes ha denunciado haber sufrido un robo mientras se encontraba fuera del edificio en ese conato de incendio.

La delegación española, que lleva desde el sábado en Río de Janeiro, no ha mostrado quejas con las instalaciones y en los vídeos colgados por algunos de nuestros deportistas se observa normalidad. La Villa Olímpica tiene 31 edificios que alojarán en 3.604 apartamentos a unos 10.500 deportistas de 28 modalidades y el Comité Organizador calcula que durante los Juegos las delegaciones instaladas contarán con unos 13.000 empleados para el mantenimiento de la Villa.

La "letrina" de Bahía de Guanabara

La Bahía de Guanabara es otra de las grandes preocupaciones, sobre todo para los deportistas que allí competirán. La bahía sigue siendo a día de hoy un gigantesco vertedero acuático, donde se concentran las aguas residuales de 12 millones de habitantes de 16 municipios del área metropolitana de Río de Janeiro. Hace siete años, el gobierno carioca se comprometió a limpiarlas pero no ha sido así y ya es seguro que no estarán descontaminadas para cuando se dispute la competición de vela.

La Bahía de Guanabara, donde se celebrará la competición de vela, sigue siendo a día de hoy un gigantesco vertedero acuático

La semana pasada un informe médico publicado por The New York Times revelaba, incluso, los problemas de salud que podrían llegar a sufrir los deportistas debido a las bacterias, tales como diarreas, vómitos o infecciones. Por ejemplo, el regatista español Joan Herp explicaba estos días la infección que sufrió en mayo cuando se hizo un pequeño corte en el pie practicando por estas mismas aguas. 

"Es una inmensa letrina y lata de basura" o "los atletas nadarán, literalmente, en mierda humana", son algunas de las frases más llamativas que han lanzado expertos medioambientales sobre esta bahía. Sin embargo, este lunes el presidente del COI, Thomas Bach, intentaba frenar los temores asegurando que "en este momento estamos haciendo cuatro exámenes por día que muestran que el agua de la bahía está de acuerdo con las condiciones exigidas por la Organización Mundial de la Salud".

Vista de basura a las orillas de la bahía de Guanabara. /EFE

Lo cierto es que los regatistas ya están advertidos, tienen asumido que deberán procurar cerrar la boca para no tragar agua en alguna ola y muestran su preocupación por los materiales, como los plásticos, que puedan entorpecer el ritmo de las embarcaciones en plena regata. 

Una violación en el velódromo

Otra instalación que alberga serias dudas es el velódromo, que no fue terminado hasta finales de junio, lo que impidió a la organización probarlo con una prueba de nivel antes del inicio de la competición el 11 de agosto. Además, la instalación ha vivido un episodio bochornoso, ya que un un guardia empleado por la compañía encargada de garantizar la seguridad de los Juegos Olímpicos fue detenido el domingo después de haber violado presuntamente a una bombera civil, que también trabajaba para el comité organizador de los Juegos.

Según el relato de la policía, la víctima se encontraba durmiendo cerca del Velódromo, cuando fue atacada. El hombre se encuentra detenido a la espera de ser juzgado por un delito flagrante de violación, ya que se considera un agravante el hecho de que la mujer estuviese dormida y, por tanto, no pudiese defenderse en el momento del ataque.

La violencia intrínseca de la urbe, unida a la amenaza de un atentado terrorista han elevado al máximo el nivel de alerta en Río

Y es que la seguridad, o la falta de ella en la ciudad, sigue siendo uno de los problemas que más quebraderos de cabeza está suponiendo para las autoridades brasileñas. La violencia intrínseca de la urbe, unida a la amenaza de un atentado terrorista han elevado al máximo el nivel de alerta en Río. Toda la metrópolis se encuentra invadida por agentes de seguridad, sobre todo los puntos neurálgicos y el entorno de las sedes olímpicas. En total, 85.000 oficiales de las fuerzas del Estado, incluidos soldados del ejército y la marina armados con unas ametralladoras.

En los últimos días se han practicado trece detenciones de personas sospechosas de simpatizar con grupos terroristas o de estar planeando algún tipo de ataque durante los Juegos. Además, la semana pasada la policía brasileña desbarató una red de prostitución que operaba en un edificio próximo al Parque Olímpico, en Barra de Tijuca.

Y a todo ello se une que la empresa contratada para registrar a los aficionados dentro de los estadios ha sido sustituida también estos días por agentes de la Fuerza Nacional de Seguridad. La empresa incumplió una de las exigencias del COI, ya que solo tenía a 500 de los 3.000 empleados requeridos para cumplir el trabajo.

Río de Janeiro ha tenido que modernizar su sistema de transporte, hasta hace poco desbordado, vetusto y obsoleto

Si la seguridad preocupa al COI, la movilidad también pone a prueba la capacidad de Río para absorber el flujo de desplazamientos desde las zonas turísticas a las instalaciones olímpicas. Río de Janeiro ha tenido que modernizar su sistema de transporte, hasta hace poco desbordado, vetusto y obsoleto. Se creó un tranvía eléctrico en el centro y se pusieron en marcha varias líneas de autobuses articulados por carriles exclusivos.

Este domingo se inauguró, tras varios meses de retraso, la nueva línea de metro que une Ipanema a Barra de Tijuca, el epicentro de los Juegos, y que entró en funcionamiento este mismo lunes para la familia olímpica. Sin embargo, no será hasta septiembre, cuando finalicen los Juegos Paralímpicos, cuando los ciudadanos de Río puedan usarla con normalidad. Además, los usuarios tendrán que tomar un autobús desde la parada final del metro hasta el Parque Olímpico, situado a unos 20 kilómetros, y eso que la obra ha tenido unos 2.982 millones de dólares.