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Tano Zunino, 82 años bajo palos

Empezó jugando por un bocadillo de mortadela y ha durado hasta los 82 años en la portería de fútbol. El Tano Zunino cuenta a Público su increíble historia recién finalizada hace 6 días: "Ser viejo te permite equivocarte sin problema"

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Tano Zunino junto a Pierluigi Collina , miembro del comité de Árbitros de la UEFA - EFE

MADRID.- Nació en 1934. Pero cualquiera lo diría a su lado con esa lucidez con la que se expresa como si el tiempo no fuese responsable de sus arrugas: "Soy feliz de ser viejo". Así que la tentación es la de escuchar a Adolfo César Zunino, la de sentirlo a los 82 años debajo de una portería como sucedió el pasado sábado en su última vez, en el sur de Tenerife, en el campo de Guargacho. Una fotografía a corazón abierto que explica que los finales felices existen y que la literatura es necesaria.

"Sentía mucha ansiedad. Tenía temor a pasar vergüenza". Algo muy superior, en realidad, a una oferta en metálico. Todavía existe la gente que daría la vida por un sentimiento. "Sin tener ninguna responsabilidad para atajar, temblaba. Me encontré temblando en la cancha". Pero ahí estaba el Tano Zunino, con ese apellido originado en Italia y criado en Argentina, debajo del larguero no sólo para contradecir las leyes de la física y de la química. También las de su hija desde Argentina "que me decía, 'papa, ni se te ocurra', y cuando yo me disculpaba diciendo que sólo iba a ser un minuto ella me rebatía que en un minuto puede ocurrir una catástrofe".

Y la realidad es que no sólo fue un minuto. La realidad es que Zunino tuvo tiempo de atajar algún balón y hasta de emocionar y emocionarse con la misma rapidez que explica en esta conversación que "los amores son mutuos: si tú me quieres yo te quiero; si no no puede ser". Una idea capaz de reconstruir generaciones en las que vio "morir a muchos compañeros" y a no perder, pese a todo, "la ilusión de ser feliz".

"Siempre que uno de mis hijos me reprocha algo le digo 'ten en cuenta los años que tengo"

Hoy, podría ser la portada de este libro de historia que terminó el sabado en la cancha con una ovación crucial. Fue en el momento en el que le sustituyó en la portería Fernando Bianchini, un masajista argentino de 50 años domiciliado en Tenerife desde hace 17 y que el sábado modificó su fecha de caducidad al filo de lo imposible. "He decidido que no me puedo retirar hasta los 83 años".

"Excepto los calzoncillos, el club nos lo daba todo"

El listón lo acaba de situar Tano Zunino, con el que hoy sería imposible hablar de política o de negocios. Sería malgastar la oportunidad de explicar un milagro que arrancó en la década de los cuarenta cuando se colocó por primera vez debajo de la portería en Gimnasia i Esgrima en Argentina "donde, excepto los calzoncillos, el club nos lo daba todo, incluido el sandwich de mortadela y la gaseosa después de los partidos". Zunino tenía trece años cuando empezó. "Estaba en primer año de Secundaria. El portero titular estaba de vacaciones y me llamaron a mí que no conocía a nadie. La realidad es que aquello fue una lección de vida. Desde la portería aprendí que también se podían tomar decisiones en un segundo".

Un pollo, un peso

Setenta años después, no ha habido manera de arruinar su ilusión. "Hace tiempo que perdí el miedo a ser viejo. Para mí, la vejez ha resultado algo muy lindo que, además, me permite equivocarme sin ningún problema. Siempre que uno de mis hijos me reprocha algo le digo 'ten en cuenta los años que tengo'". En realidad, su discurso es parte de su arte. "Quizá debería acordarme de mi hija que me obliga a tomar la vitamina B-12 para no perder la memoria", ironiza para explicar el milagro. "Pero no. Creo que llegar hasta mi edad debajo de una portería es el resultado de mi vida. Yo ya no recuerdo el último día en el que trasnoché. Es más, lo que recuerdo es que cuando existió la posibilidad de hacerlo dije que no, que nadie temiese por mí, que iba a ser más feliz entre las sábanas".

"Sin tener ninguna responsabilidad para atajar, temblaba. Me encontré temblando en la cancha" Tano Zunino

Hoy, imparte recuerdo y magisterio. "Me puedo levantar a las cinco y cuarto de la mañana y agradecerlo como el que más. La suerte es vivir, poder decir que desde el año 2000, en el que me jubilé, sigo teniendo relaciones comerciales y envejeciendo junto a mis clientes de toda la vida. Para mí, eso es la felicidad: la posibilidad de demostrar que una cosa es el tiempo y otra soy yo y que nuestra amistad es compatible".

Zunino fue durante treinta años gerente de ventas de una fábrica textil

Zunino fue durante treinta años gerente de ventas de una fábrica textil. Un hombre lleno de afinidades con la palabra que jamás puso bajo sospecha su afición por el fútbol. "Mi misión era la de viajar por el mundo, pero eso nunca fue motivo para dejar la portería. Es más, recuerdo aquella vez que volví a las siete de la mañana de un viaje de trabajo desde Méjico y nada más llegar cambié de maleta y salí desde Lujan a Pergamino, a 200 kilómetros en coche, para ir a jugar al fútbol".

Mariano, el mayor de sus cuatro hijos, un abogado afincado en Tenerife, también recuerda que si su padre no se dedicó profesionalmente al fútbol fue porque su madre le dijo cansada de que los domingos llegase tarde al cine: "O el fútbol o yo". Y quizás por eso Marta, la esposa, estaba el sábado en la grada del Guargacho, en la inolvidable despedida de su marido del fútbol que ha dado la vuelta al mundo, desde 'Clarin' en Argentina hasta 'La Gazetta dello Sport' en Italia.

Un contrato de alquiler con la gloria que "nunca se había hablado así. Al contrario", explica Zunino. "Queríamos una retirada familiar, muy casera". Sin embargo, Fernando Bianchini no sólo le cedió su camiseta de portero. También logró la presencia del mítico árbitro Pierluigi Collina, en la grada. "Coincidi con él, que tiene casa en Tenerife, en una cena, y le dije si podría acudir, me contestó 'allí estaré' y allí estuvo". Y su fotografía, junto al Tano Zunino, ha viajado por todo el mundo, símbolo de paz y tal vez de justicia con un hombre de 82 años. Hoy, el privilegio es parar el balón a su lado, acordar este rato con él, en el que no se trata de reivindicar la nostalgia sino la ilusión, una ilusión que tiene memoria de elefante.

"Yo arranqué en un fútbol en el que no hacíamos concentraciones, sino que quedábamos en la plaza o en el colegio. Allí no entrenabamos sino que jugábamos a la pelota, que es una de las cosas más bellas que uno puede encontrar en su vida". Por eso la pelota es su mansión o su trozo de cielo. "Para mí, la pelota no simboliza dinero sino amor. Yo vivía en el campo cuando empecé a jugar al fútbol. Tenía un criadero de pollos y me valía así. Nos pagaban un peso por cada pollo. Ni me imaginaba que se pudiera ganar dinero con el fútbol. Me quedé con esa idea para toda la vida".

Secando los platos

La nostalgia no tiene derecho. "Quizás ya no regresaré a un vestuario, a vestirme de futbolista, a sacar la ropa de la maleta ni a sentir todo eso. Porque ese ejercicio físico ya no es para mí. Pero no dejaré de hacer gimnasia o de cuidarme como me enseñó a cuidarme". Una oferta irrechazable, con el tamaño de un viejo dinosaurio, que explica un final feliz. "En 31 años llegué a ganar 16 campeonatos". Pero no son las cifras ni son los años cincuenta. Tampoco es la propaganda que acaba de llegar en el esprint final de su vida en el que no se vende el éxito de Zunino sino su modo de vida. Una personalidad que Mariano, el mayor de sus hijos, retrata como nadie. "Mi padre sigue siendo capaz de tirarse al suelo para atajar una pelota, increíble pero cierto". Fernando Bianchini, el gordo que tiene un corazón más grande que la barriga, lo pone de ejemplo de futuro. "Yo firmaría ahora mismo llegar así a los 82 años".

Y, por encima de todos, sobresale Adolfo César Zunino, y lo vivido. Hasta ese balazo que le pegaron por accidente en una carnicería de Lujan. O todos esos balones que impidió milagrosamente que cruzasen la raya de gol. O ese día en el que rebajó sus aspiraciones en el fútbol por hacer caso a su mujer con la que hoy comparte la soledad de una casa grande para dos personas mayores. "Por las noches, mientras ella friega los platos y yo los seco, nos contamos las tareas". Una colección de vida y de recuerdos, homenaje a la portería fiel reflejo, en definitiva, de este padre de familia de cuatro hijos que hoy presume con locura de Franco, su nieto de 18 años.

"Tiene una cultura general que me desborda". Y en él se vuelve a reflejar el legado de esa portería en la que Tano Zunino aprendió que "la responsabilidad no está reñida con la felicidad". De ahí que este relato haya sido una oportunidad. Una maravillosa oportunidad de descubrir que a los 82 años seguiremos siendo jóvenes, tan jóvenes quizás como la proxima cuota del gimnasio que pagará Zunino y que retratará al portero. El hombre que acaba de finalizar sin rencor y que mañana volverá a hablar de "los amores mutuos" que valen para ustedes y para mí, en Europa o en Argentina. "Si tú me quieres, yo te quiero; sino no puede ser".