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Abanca Abanca, la entidad del venezolano Escotet, el soporte financiero de Feijóo

La entidad, fundada por el banquero venezolano sobre la polémica fusión de las antiguas cajas de ahorro gallegas, gestiona el 40% de los ahorros de los gallegos y mantiene un fluida relación con el Ejecutivo autonómico, que le ha autorizado a crear una universidad privada y se asociado con ella para tramitar los proyectos que optan a los fondos de la UE.

Juan Carlos Escotet y Alberto Núñez Feijóo, en una foto de archivo.
Juan Carlos Escotet y Alberto Núñez Feijóo, en una foto de archivo. Efe

El hombre más rico de Venezuela y el hombre más rico de España viven en la misma ciudad de Galicia, la comunidad más pobre del norte de España. Resulta paradójico, y aunque no hay constancia alguna de que Amancio Ortega (Busdongo, León, 1936) y Juan Carlos Escotet (Madrid, 1953) se hayan cruzado por las calles de A Coruña, ni mucho menos que tengan por costumbre frecuentarse o alternar juntos en los restaurantes caros ni en las salas nobles de los clubes financieros de la ciudad, la coincidencia bien vale para armar el arranque de un texto periodístico que pretende explicar la enorme relevancia que el segundo está teniendo en el desarrollo económico de la comunidad, como soporte financiero de su tejido empresarial y de sus instituciones, especialmente de la Xunta de Galicia.

Juan Carlos Escotet es presidente de Banesco, la mayor entidad financiera privada de Venezuela, y también de Abanca, el mayor banco de Galicia. Y ya era una personalidad clave en la historia reciente de aquel país cuando en el año 2012 adquirió el pequeño Banco Etcheverría, el más antiguo de España, hasta su desaparición en el 2014 y desde su fundación en 1717 en Betanzos, a treinta kilómetros de A Coruña. El aterrizaje de Escotet se entendió entonces como una necesidad empresarial, pero también personal, de extender sus operaciones hacia el país de origen de sus progenitores. Su madre, asturiana, y su padre, leonés, ambos emigrados a América como tantos miles de gallegos en la España de mediados del siglo XX.

Casi setenta años después, si uno teclea "Escotet" en el buscador de notas de prensa de la web de la Xunta de Galicia, se encuentra con que el apellido del banquero venezolano tiene tantas o más entradas que algunos conselleiros de Feijóo. "El presidente de la Xunta se reúne con el presidente de Banesco"; "Abanca destina tres millones de euros a la Fundación Deporte Galego"; "Fundación Semana Verde y Abanca colaborarán para impulsar la actividad del recinto ferial"; "Feijóo acuerda con Abanca un procedimiento para garantizar que las familias no queden sin casa por razones económicas"; "Cultura y Educación ofrecen en el Gaiás la muestra de los incunables de Abanca, un tesoro de talla internacional"...

Cuando Escotet compró el Etcheverría en el 2012, la oportunidad de aquella adquisición parecía diseñada especialmente para él, porque Venezuela se encontraba entonces en plena consolidación del chavismo, que consideraba enemigo a cualquier banquero que no se declarara expresamente amigo del régimen, y con España inmersa en una profunda crisis que la obligaba a reestructurar a trompicones su sistema financiero. Las dos grandes cajas de ahorro de Galicia -Caixanova, con sede en Vigo, y Caixa Galicia, en A Coruña-, ya habían hecho "¡bluf!" atrapadas por la burbuja inmobiliaria, y el intento de la Xunta de Alberto Núñez Feijóo por mantenerlas controladas, fusionándolas como NovaCaixaGalicia (NCG) bajo la marca comercial Novagalicia Banco, se había revelado como un absoluto desastre. Entre avales e inyecciones de capital sumaron entre 8.000 y 9.500 millones de euros de fondos públicos, cifras que bailan dependiendo del color de la fuente a la que se acuda.

El caso es que en esas llegó Escotet, compró el Etcheverría para, a través de esa entidad, hacerse con NCG. Ofreció por ella 1.003 millones en subasta pública, y apenas un ejercicio después logró más de 1.100 millones de beneficios consolidados antes de impuestos. Las fuentes de un color aseguran que Rajoy y Feijóo le regalaron un negocio redondo y saneado con fondos públicos, y que él ni siquiera tuvo que pagar un euro por la compra ya que pudo financiarla con las ganancias que obtuvo casi al instante.

Las del otro color, en cambio, subrayan que lo que el Estado saneó fueron los activos tóxicos industriales e inmobiliarios de las antiguas cajas, y no su negocio bancario convencional. Es decir, los préstamos y depósitos de banca minorista, que sería lo que Escotet compró. Su oferta duplicó a la de su inmediato seguidor en la subasta, cuyos detalles, pese a que fue secreta, han trascendido con el tiempo: ni Caixabank ni el consorcio de fondos de inversión extranjeros comandados por Guggenheim y JC Flowers pujaron por encima de los 500 millones de euros.

En cuanto a los beneficios que Abanca ha obtenido ininterrumpidamente desde su privatización, quienes defienden la legitimidad de la operación los atribuyen a una gestión solvente (la ratio de morosidad de los préstamos de Anova, por ejemplo, está entre las más bajas de España) y basada en la misma red comercial minorista de las antiguas cajas.

"La fusión fue un escándalo y un negocio ruinoso, porque acabó suponiendo que regalamos a Escotet el 40% de los ahorros de los gallegos", explica Antón Sánchez, portavoz nacional de Anova y diputado en el Parlamento de Galicia durante las dos pasadas legislaturas. Su testimonio es relevante porque se hizo un experto en el tema a base de investigarlo.

De hecho, la Xunta tardó siete años en hacer pública, a instancias suyas, los documentos relativos a la autorización de la fusión, basada en supuesta auditoría de KPMG que presuntamente avalaba la unión de Caixanova y Caixa Galicia. El Gobierno gallego entregó la documentación obligada por una sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia y tras esperar a que pasaran las elecciones autonómicas. Al final, se desveló que la tal auditoria no era sino un mero y breve informe de diagnóstico por el que el Ejecutivo de Feijóo había pagado un millón de euros, y que ni siquiera aparecía en el informe final de la autorización que firmaba la entonces conselleira de Facenda, Marta Fernández Currás.

Cuando el Gobierno gallego la entregó, obligada por una sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia y tras esperar a que pasaran las elecciones autonómicas, se desveló que la tal auditoria no era sino un mero y breve informe de diagnóstico por el que el Ejecutivo de Feijóo había pagado un millón de euros.

En opinión de Sánchez, existe un vínculo entre aquella venta y las relaciones que Abanca y su presidente mantienen ahora con la Xunta y el suyo. Y pone tres ejemplos recientes: el PP acaba de aprobar en solitario en el Parlamento la autorización de la Universidad Abanca, contra el criterio de la oposición y de las tres universidades públicas gallegas, cuyos rectores temen que les hará "competencia desleal".

Además, Feijóo acaba de pactar con Abanca la gestión de los fondos de reconstrucción de la Unión Europea, que se tramitarán en Galicia a través de una sociedad mixta creada con 5 millones de euros de capital de los que la entidad aporta un 38% y la Xunta, otro 40%. Finalmente, el banco ha entrado en el capital del Real Club Deportivo, todo un emblema social de la comunidad, asumiendo su enorme deuda y poniendo a su cabeza a Antonio Couceiro, ex conselleiro de Industia del PP.

Couceiro también es consejero de Greenalia, una industria eólica en cuyo consejo de administración se sientan Beatriz Mato, quien también fue conselleira en todos los gobiernos de Feijóo, salvo en el actual, y José María Castellano, ex vicepresidente de Inditex y ex presidente de NCG. "Se está construyendo un cártel de intereses que a través de esas puertas giratorias maneja el sistema financiero, los fondos europeos, la industria eólica...", afirma Sánchez.

En Abanca, sin embargo, niegan la mayor: "Mantenemos relaciones fluidas con todas las administraciones de los territorios en los que estamos presentes". De su versión se deduce que no existe relación alguna entre el nacimiento de Abanca y la política actual de colaboración con la Xunta.

Sobre los fondos Next Generation, subrayan que el Ejecutivo autonómico ofreció a todas las entidades con presencia en Galicia participar en su gestión, y que ninguna acudió a esa llamada. Y añaden que, además Abanca no decidirá sobre qué cantidades y a qué empresas se asignan las ayudas, sino que su papel se limitará a prestarles apoyo técnico y logístico para que diseñen proyectos capaces de optar a ellas.

En cuanto a la presencia de Couceiro en la Presidencia del Dépor -otrora Súper, hoy bregándose en Segunda B-, le restan importancia, toda vez que el ex conselleiro lleva lustros alejado de la política.

Un hábitat personal y empresarial confortable

Sea como fuere, lo cierto es que Juan Carlos Escotet ha encontrado en Galicia un hábitat personal y empresarial mucho más confortable para él y su familia -está casado y tiene cuatro hijos y ocho nietos- que el que le ofrecía su país. En Venezuela tuvo que aguantar desde las bravuconadas públicas de Hugo Chávez (no se pierdan el vídeo en el que el comandante le amenaza por la tele con privatizar Banesco en enero del 2012) hasta la detención en mayo del 2018, y por orden del Gobierno de Maduro, de once miembros de la cúpula directiva del banco, acusados de cargos que luego se revelaron inventados o, cuando menos, fundados en hechos tergiversados.

Es innegable que Escotet respondió entonces con arrestos, como demuestra otro video en el que el anuncia que se coje un vuelo de regreso a su país, para solidarizarse con sus directivos, a pesar del riesgo de que lo detuvieran. Nadie interesado en su figura debería tampoco dejar de verlo.

Quienes conocen de cerca a Escotet por su etapa en Galicia no suelen destacar que se hizo a sí mismo en un país bien complicado, ni que compaginó su trabajo de mensajero en un banco con sus estudios de Economía, que acabó terminando en Miami volviendo de allí con un cum laude.

Más bien le señalan como alguien con capacidad para liderar equipos de trabajo, cauto en los negocios y, en lo personal, deseoso de pasar desapercibido. O al menos de que no se cuenten mentiras sobre él. Quizá por eso guste de pasar varios días a la semana en Oporto, donde puede disfrutar de cierto anonimato. Caixanova poseía en esa ciudad un palacete donde ubicó la sede de su filial lusa. Abanca lo ha vendido, y cuando Escotet viaja ahora allí suele pernoctar en un hotel.

Galicia ha permitido al banquero venezolano desarrollar con tranquilidad un proyecto empresarial en expansión (Abanca ha adquirido en los últimos años la red española de la Caixa Geral de Depósitos portuguesa y la filial lusa de Deutsche Bank, y fue una seria aspirante a hacerse con Liberbank) para el que resulta prioritario mantener un vínculo cordial el Gobierno de Galicia (es una de las principales tenedoras de su deuda pública, y gestiona cerca del 40% de los depósitos, ahorros, créditos e hipotecas de Galicia).

Aunque las personas que tratan con Escotet también suelen destacar que esa habilidad para las relaciones con el ecosistema político que le rodea no es una pose ni una estrategia, sino que va en su carácter. En Venezuela le han acusado alternativamente de ser chavista y antichavista. Al contrario de lo que le sucede en la Galicia de Feijóo, allí sólo recibía amenazas.

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