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La autoridad monetaria global hace pruebas con cuatro divisas digitales nacionales para hacer frente a las criptomonedas

El Banco Internacional de Pagos (BIS, según sus siglas en inglés), emprende una prueba piloto con las divisas telemáticas de Australia, Malasia, Singapur y Sudáfrica que pretende desembocar en una plataforma digital de pagos de alcance global

Representación de las criptomonedas Bitcoin y Binance
Representación de las criptomonedas Bitcoin y Binance. Dado Ruvic/Illustration / REUTERS

El mercado y los gobiernos de todo el planeta asumen sin tapujos que el BIS es la auténtica y máxima autoridad monetaria. No sólo por impulsar —y lograr— desde su estructura institucional la regulación de bancos y entidades financieras, como las sucesivas Normas de Basilea, ya en su cuarta reedición, que reciben la nomenclatura de la lujosa ciudad suiza que alberga su sede. Sino también por concebir en su seno organizativo al G-10, el foro de los principales bancos centrales del mundo, del que emanan no pocas iniciativas que, con posterioridad, toman vigencia a través del G-7 o del G-20.

De ahí que su reciente maniobra, el denominado Proyecto Dunbar, que tiene por objeto examinar la validez y eficiencia de las divisas digitales —en estrecha colaboración con sus organismos regulatorios y de supervisión— de Australia, Malasia, Singapur y Sudáfrica se haya convertido en un prototipo al que los inversores están prestando una vigilancia estrecha en las últimas semanas. Porque el experimento está llamado a desembocar en una plataforma global, en un sistema de pagos virtual, con sello oficial.

Así lo admitió el BIS, el pasado 2 de septiembre: tiene por objetivo desarrollar protocolos para una plataforma común que refuerce el sistema de transferencia de pagos en monedas digitales controladas por los bancos centrales. Las llamadas CBDC. O Central Bank Digital Currency. Transacciones que reducirán el tiempo y el coste actuales y que buscan dar oficialidad, protección y seguridad frente a las criptomonedas y sus elevadas volatilidades, aseguran desde esta institución multilateral.

La iniciativa del BIS no es baladí. Porque, en paralelo a su proyecto, los grandes bancos centrales del mundo —desde la Reserva Federal al BCE, pasando por el Banco Popular de China, el BoE, de Reino Unido o el BoJ japonés, entre otros- ya han emprendido sus primeras pruebas con divisas digitales de sus respectivas jurisdicciones monetarias. Pero, sobre todo, porque la elección de la terna de cuatro monedas oficiales —las de Australia y Singapur, dos economías industrializadas y de rentas altas, junto a las de Malasia y Sudáfrica, dos mercados emergentes con tensiones en los mercados cambiarios en las últimas décadas—, parece escribir las primeras líneas del epitafio del dinero físico en el mundo.

Edificio de la sede del Banco Internacional de Pagos (BIS, en sus siglas en inglés), en Basilea (Suiza).
Edificio de la sede del Banco Internacional de Pagos (BIS, en sus siglas en inglés), en Basilea (Suiza). Fabrice Coffrini / AFT

En fase de contracción global en los últimos años —en especial, por la irrupción de las más de 2.000 criptomonedas y la instauración de los sistemas blockchain— y en retirada casi masiva desde el inicio de la Gran Pandemia por la proliferación del e-commerce durante los confinamientos sociales por la covid—19. "Confiamos en que nuestro trabajo con los equipos directivos multidisciplinares de la Reserva Federal Australiana, la Autoridad Monetaria de Singapur, el Banco Negara de Malasia y el Central de Sudáfrica sea el acta fundacional de una conectividad global de las transferencias de pagos internacionales", explica Andrew McCormack, responsable del BIS Innovation Hub -departamento desde el que se supervisan los test- en su centro de la ciudad-Estado asiática y uno de los portavoces del proyecto.

Los resultados del examen se darán a conocer a comienzos de 2022. Un espacio corte de tiempo que, además, va a coincidir con los dictámenes de los grandes bancos centrales sobre las divisas de referencia internacional. Y que vienen a reflejar la "honda preocupación" de las autoridades monetarias —ya manifestada sin mensajes velados— por el rápido crecimiento y las fulgurantes y sucesivas devaluaciones en los valores de las criptomonedas en los últimos años. Hasta el punto —dicen desde el BIS y los principales y más poderosos bancos centrales- de representar un riesgo potencial sobre los regímenes monetarios existentes.

"Este ecosistema de socios y de expertos en desarrollo tecnológico de las divisas digitales —enfatiza McCormack— dará paso a un profundo cambio en el sistema de pagos" en el futuro inmediato. Bajo criterios de legitimidad que sólo los bancos centrales -alerta- confieren a sus monedas, frente a las criptodivisas.

Un sondeo del BIS asegura que el 86% de los bancos centrales tiene en marcha proyectos de divisas digitales

Un sondeo del BIS asegura que el 86% de los bancos centrales de todo el mundo tiene en marcha líneas de investigación sobre la potencialidad de sus CBDC’s; el 60% está ya experimentando con la tecnología adecuada —en general, blockchains — y el 14% ha iniciado pruebas piloto. Datos que inducen a anticipar que el Proyecto Dunbar del BIS espoleará la carrera global de la digitalización monetaria. Y que se unen al respaldo oficial del G-20 a esta iniciativa, que el foro de potencias industrializadas y mercados emergentes considera "un esfuerzo imprescindible por blindar y por garantizar los pagos transfronterizos" internacionales.

El jefe de tecnología financiera del banco central de Singapur, Sopnendu Mohanty, va incluso más allá en su diagnóstico: "Una plataforma común que pueda ser gestionada de forma efectiva y controlada eficientemente es una piedra angular imprescindible sobre la que edificar el sistema de pagos de la próxima generación".

En el FinTech Festival de Singapur — uno de los encuentros tecnológicos de mayor trascendencia del panorama internacional— se verá, en próximo mes de noviembre, las primeras demostraciones técnicas de la plataforma, que seguirá el road map elaborado por el G-20. En el que se encuentra en un lugar destacado una nueva regulación al uso. Tal y como avanzó Michele Bullock, Asistente del Gobernador de la Reserva Federal de Australia para el Sistema Financiero y recogen analistas de S&P Global Intelligence.

El reto de "explorar un modelo de transacciones que permita un alto grado de interoperabilidad y que se expanda por todas las latitudes del planeta ya se ha iniciado y no tiene marcha atrás", aclara el subgobernador sudafricano Rashad Cassim. Mientras Fraziali Ismail, asesor del máximo responsable del Bank Negara malayo -y cuarto componente del grupo de expertos de los países involucrados en el Proyecto Dunbar- apela a "una mayor colaboración público-privada para superar las posibles fricciones del nuevo sistema de pagos".

Guía práctica para entender la batalla monetaria

La proliferación de inversiones en criptomonedas en el periodo entre crisis (2008-2020) ha sido el detonante de un movimiento inédito en los bancos centrales. Pero ¿a qué se debe su rápida huida hacia la configuración de un sistema de pagos con divisas digitales? Y, sobre todo, ¿sobre qué elementos financieros y monetarios se asienta? Cinco cuestiones centran el debate inversor entre criptodivisas y monedas virtuales oficiales.

1.- Una preocupación que ha seguido la estela del valor del bitcoin.

Las enormes fluctuaciones en el valor de las criptomonedas ha sido una constante desde que, en 2009, Satoshi Nakamoto -con independencia de si es, en realidad, una persona física o el pseudónimo individual o de un grupo de expertos inversores- diera carta de naturaleza al llamado protocolo bitcoin -divisa con tecnología blockchain por antonomasia- y su software de referencia, publicado un año antes.

El uso de bitcoins atrajo desde el principio a figuras neoliberales y simpatizantes de la ausencia de todo tipo de control y supervisión en las finanzas globales. Aunque no fue hasta 2013 -en plena travesía europea por su crisis de deuda, con multimillonarios rescates a cinco socios monetarios- cuando inició su etapa de esplendor. Una paulatina revalorización de proporciones dantescas, que le llevó a rozar los 20.000 dólares por unidad en 2017 —exactamente, 19.783, en diciembre— no exenta de oscilaciones, como el escándalo de fuga del sistema de 750.000 bitcoins en 2014. Su cotización récord se certificó el pasado 13 de abril, cuando superó la barrera de los 63.000 dólares, el día previo al inicio de la cotización en la Bolsa de Nueva York de Coinbase, una de las mayores plataformas de cambio de criptomonedas.

2.- ¿Sobre qué bases tecnológicas e inversoras descansan las criptomonedas?

Sus detractores, entre ellos los bancos centrales, siempre han acusado a esta fórmula de pago de haber actuado en los mercados sin autoridad central. Aunque sus defensores niegan la ausencia de controles financieros porque -aducen- sus asientos contables son accesibles a todos los que desean saber sus cuentas mercantiles.

En el sistema blockchain operan grupos de llamados mineros (miners) que actualizan las bases registrales con sus movimientos inversores; a continuación, los agrupan en bloques (blocks) y los incorporan a sus cadenas (chains) de datos para, con posterioridad, realizar un hash o cálculo de valor a partir de un sistema metodológico de algoritmos. Si bien, este modus operandi es el que también estaría detrás de ciertas divisas digitales, pese a que los bancos centrales prefieren eludir el término para marcar distancia con las 2.000 criptomonedas que existen en el mercado. Bajo el auspicio, la regulación y los protocolos dictados por el BIS. Aunque no es la única de las opciones tecnológicas en marcha.

3.- ¿Qué criterios esenciales está manejando el BIS para certificar el dinero digital oficial?

Hasta ahora, la institución con sede en Basilea admite que las divisas virtuales deberán coexistir necesariamente con el dinero en circulación y otras formas de transacción y de pagos, para "no dañar la estabilidad financiera y monetaria". A la espera de la involucración de los bancos. Porque el sector privado "debería tener un papel apropiado y preponderante", enfatizan desde este organismo en un reciente monográfico sobre divisas digitales que también suscriben la Reserva Federal y el BCE.

"El diseño definitivo de este modelo de pagos puede promover una más resistente, efectiva, innovadora e inclusiva fórmula de transacciones", reconoce Benoit Coeuré, copresidente del grupo de trabajo del BIS y responsable de tecnología financiera de la institución. Sólo unas fechas más tarde del anuncio oficial del BCE de que empezaría una ronda de consultas públicas para la experimentación de una criptomoneda, al inicio de la Covid-19.

Pero algunos expertos, como el catedrático de la Universidad de Edimburgo, Chris Speed, que dirige su cátedra de diseño informático, anticipa que el dinero en efectivo "está retratado, en una fase de cortocircuito". Speed cree que sufrirá una defunción precipitada. "Desaparecerá en 2030" se atreve a pronosticar. "Porque los gobiernos lo mantienen con vida, pero su suerte está escrita".

4.- Algo, pues, se mueve en las salas de máquinas de los bancos centrales.

En favor de esta fórmula de transacción. Un viraje conceptual en el que ha tenido una innegable influencia la apuesta de Facebook de crear su propio sistema de pagos electrónico, la Libra, y la intención declarada de otras bigtech de seguir esta estela. Asunto que llegó, en el verano de 2019, al Comité de Servicios Financieros del Congreso estadounidense y que constató la oposición del legislativo americano a que firmas multinacionales desarrollen sus propias divisas digitales.

De hecho, el propio presidente de la Fed, Jerome Powell, aseguró en la Cámara de Representantes que el plan de Facebook no podría seguir adelante a menos que la Libra preservara el principio de privacidad, la protección legal de los consumidores, la persecución del lavado de capitales y asumiera las normas de estabilidad financiera. El planteamiento del comité incluía una petición de sanción de 1 millón de dólares al día en supuestos de incumplimiento o inculcación de estas leyes. Facebook edificó una alianza con otras 28 empresas, incluida Mastercard, Paypal y Uber para conformar la libra digital, en la que no hay actualmente ningún grupo bancario.

5.- ¿Hay proyectos piloto avanzados en la actualidad?

Tras una década de siesta geoestratégica respecto de las criptodivisas, economías hegemónicas han dado un saldo hacia el yuan virtual, que no deja de ser una fórmula virtual de dinero. Aunque, en este caso, "no es una criptomoneda porque no usa tecnología de pagos blockchain. De igual manera que difiere de Alipay o WeChat como plataformas de transacciones apoyadas en un modelo bancario", avisan Raymond Yeung y Xing Zhaopeng, economistas de Australia and New Zealand Banking (ANZ).

El catedrático de la Universidad de Edimburgo, Chris Speed, anticipa que el dinero en efectivo desaparecerá en 2030

En EEUU, la Reserva Federal ha anunciado planes para verificar la eficacia de cinco pruebas digitales del dólar. Junto con la consultora Accenture. Bajo designios CBDC. El cambio de administración en Washington ha acelerado los avances, involucración del sector privado —como en Europa y China— y el uso de herramientas de tecnología financiera (Fintech) que confronta con las técnicas blockchains. En España, el Banco de España respalda con cautela el lanzamiento del euro digital. Porque las divisas digitales exigen cambios regulatorios, de supervisión, así como avances tecnológicos y nuevas directrices de gestión interna en el sector financiero, admiten sus últimos informes.

Los cinco grandes bancos —Santander, BBVA, CaixaBank, Banco Sabadell y Bankia— han puesto en marcha, con el respaldo del organismo regulador español y la coordinación de Iberpay, el gestor del sistema nacional de pagos, un proyecto, surgido a finales de 2019 y perfeccionado en julio de 2020 y a comienzos de este ejercicio, de dinero digital tokenizado orientado a ofrecer una posible alternativa al euro en efectivo.

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