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La EPA destierra el mito de que los extranjeros quitan el trabajo a los españoles

Casi la mitad de los foráneos se emplean en trabajos de baja cualificación, una proporción que duplica a la que se da entre los españoles.

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La hostelería, el comercio y los cuidados aglutinan el grueso de las nuevas ocupaciones de los extranjeros en España. EFE

“Eso de que los extranjeros vienen a robar el trabajo a los españoles es un bulo. En realidad, cogen los empleos que no quieren los españoles por su precariedad y sus bajos salarios, y lo hacen porque no les queda otro remedio”, explica Lola Santillana, responsable de Empleo y Cualificación Profesional de CCOO, en un diagnóstico que coincide con el de Desiderio Martín, responsable de la Escuela de Formación de CGT: “No desplazan mano de obra española, sino que cubren el hueco que deja ésta por no aceptar las condiciones. Y eso ha pasado a ser estructural, ya no se trata de algo coyuntural”.

Los datos de la última EPA (Encuesta de Población Activa) del INE (Instituto Nacional de Estadística), cerrada a 30 de septiembre, ofrecen algunos datos que apuntan en esa dirección. En los casi seis años de recuperación de las variables macroeconómicas transcurridos desde finales de 2013, lo que se conoce como brotes verdes, el número de ocupados ha crecido en 2,73 millones al pasar de 17,13 a 19,87.

Algo más de un tercio de ese empleo, 954.800 puestos, han sido ocupados por personas de origen extranjero (568.300) y de procedencia foránea pero que han obtenido la doble nacionalidad (386.500), cuyo peso en el conjunto de la mano de obra ha crecido en ambos casos: casi un punto y medio entre los primeros, que ya son casi uno de cada ocho, y hasta duplicarse entre los segundos, aunque solo para alcanzar un escueto 3,4%.

El hecho de ser extranjeros o poseer dos nacionalidades, pese a las trabas que el Estado pone para acceder a la española, no implica que carezcan de arraigo en España, sino más bien al contrario. Más de la mitad de los nuevos ocupados de esos dos grupos (510.000) llevan más de siete años residiendo en España, en otro dato que ilustra el grado de integración multicultural del país.

Tres cuartas partes de esas nuevas ocupaciones se han concentrado en el sector servicios, el de la hostelería y el comercio, que pasa por ser el que ofrece las condiciones más precarias del mercado laboral español.

Pese a la similitud del porcentaje de entradas en este sector, el de los trabajadores extranjeros y de doble nacionalidad supera en casi seis puntos (77,56% por 71,88%) al de los españoles mientras que, por el contrario, la tasa de los autóctonos (20,22%) está cerca de duplicar a la de los foráneos (12,1%) en la industria, que pasa por ser el de mejores condiciones.

La proporción de ambos grupos es similar en la construcción, de en torno al 10%, y en la agricultura se da una situación llamativa: han salido de ese sector 33.800 españoles y 5.500 extranjeros en los últimos seis años, periodo en el que han accedido a él 8.200 trabajadores con doble nacionalidad.

Sin embargo, esos equilibrios se desbaratan cuando se atiende a la situación profesional: casi la mitad de las nuevas ocupaciones de los extranjeros y los trabajadores con doble nacionalidad (445.500, el 46,6% frente a un 22,5% entre los españoles) se encuentran en los escalones de menor cualificación del mercado laboral, con 352.500 nuevos empleados de base en el comercio, la hostelería, los cuidados y la seguridad y otros 93.000 en puestos clasificados como “elementales”.

El número de españoles que han entrado en este último epígrafe en los años de la recuperación es mayor que el de foráneos, con 139.900, aunque su peso en el total del colectivo, un 7,8% frente a un 9,7%, resulta inferior. La proporción resulta apabullante en la escala básica de los servicios, con un 36,9% de las nuevas ocupaciones frente a un 14,71% para los nativos.

La situación contraria se da en colectivos como los técnicos y profesionales, como los oficinistas y administrativos y como los militares, donde la penetración de los españoles es netamente superior a la de los otros dos colectivos, los cuales, por el contrario, crecen entre los trabajadores cualificados del sector agrario mientras los autóctonos retroceden y aumentan de una manera llamativa entre los directores y gerentes, algo que parece más ligado al emprendimiento que a la contratación.

“Falta mano de obra cualificada”

Santillana llama la atención sobre un aspecto: el elevado grado de rotación que sufren los miembros de estos colectivos como consecuencia del troceo del empleo y la precariedad. “Que haya una mayor afiliación de extranjeros a la Seguridad Social no indica que haya más empleo, sino que más gente pasa por más puestos”, explica, al tiempo destaca cómo las dificultades para homologar sus titulaciones impide a menudo su acceso a puestos de mayor cualificación.

Por otro lado, anota, “en España falta mano de obra cualificada en muchas ocupaciones”, en parte por la emigración tanto de autóctonos como de foráneos ante la flexibilización y el abaratamiento del despido y la precarización del empleo en los últimos años, lo que ha tenido efectos secundarios en otros ámbitos como el desplome de la natalidad y la fecundidad. “Por ejemplo, en la construcción faltan oficiales y hay excedente de peones”, explica. Martín, por su parte, achaca a “las condiciones que impone el empresariado agrícola, que solo aceptan los extranjeros”, la creciente presencia de estos en el sector mientras retrocede la de los españoles.