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"Es más fácil conseguir un bote de antidepresivos que ir a terapia": así afectan las crisis a los trabajadores

Las crisis económicas impactan en los estados de ánimo de las personas, llegando éstas a experimentar crisis de ansiedad o episodios de depresión frente a la posibilidad concreta de perder el trabajo, no poder pagar las facturas a final de mes o no cumplir con las responsabilidades establecidas por el sistema.

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Según una investigación de la revista British Journal of Psychiatry la cifra de personas en Norteamérica y Europa que entre 2008 y 2010 se quitaron la vida como consecuencia de los recortes asciende a 10.000.

La historia ha confirmado en diversas ocasiones que las crisis económicas producen un fuerte deterioro en la calidad de vida de las personas. Sobre todo, de aquellas que se ubican en los sectores de ingresos medios y bajos de la sociedad.

Como consecuencia, las crisis económicas también impactan en los estados de ánimo de las personas, llegando éstas a experimentar crisis de ansiedad o episodios de depresión frente a la posibilidad concreta de perder el trabajo, no poder pagar las facturas a final de mes o no cumplir con las responsabilidades establecidas por el sistema.

Según una investigación de la revista British Journal of Psychiatry, la cifra de personas en Norteamérica y Europa que entre 2008 y 2010 se quitaron la vida como consecuencia de los recortes asciende a 10.000.

Concretamente, en España, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), desde 2008, año en el que comenzó la crisis económica en nuestro país, el suicidio es la primera causa de muerte no natural en España, por delante de los accidentes de tráfico (registrados hasta 2018).

Además, varios estudios realizados durante la anterior crisis en nuestro país revelaron el aumento de entre un 20 y un 40% de la patología depresiva, la ansiedad, el abuso del alcohol, los trastornos del sueño y la patología psicosomática.

Jesús Artal Simón es jefe de Psiquiatría del Hospital Marqués de Valdecilla y explica a Público que la emergencia del coronavirus traerá una oleada de problemas como la ansiedad y el estrés.

"Ahora mismo en la sanidad pública vamos por debajo de nuestras necesidades en materia de salud mental. Por eso es necesario que se contrate más personal y que aprovechen los recursos", cuenta.

"Existen diferentes formas de aprovechar el tiempo. Una de ellas son los grupos, ya no sólo porque se pueden atender a más personas, sino porque muchos de los problemas y las sensaciones que tienen los pacientes son similares y pueden verse identificados y reflejados, algo que les puede ayudar mucho", asegura.

Ahora, con la emergencia del coronavirus, psiquiatras y psicólogos llevan semanas advirtiendo de las consecuencias a nivel mental que van a comenzar a manifestarse. Ansiedad, angustia, depresión, insomnio… son algunas de las manifestaciones que se están comenzando a observar.

Además, la Organización Mundial de la Salud ha informado de que habrá un aumento a largo plazo del número y de la severidad de los problemas de salud mental. Hechos que se producirán no sólo por la situación de aislamiento y miedo que han padecido los ciudadanos, sino también por la incertidumbre y la crisis económica derivada de esta pandemia que pondrá en peligro millones de puestos de trabajo y la estabilidad de millones de familias.

Ante esto, el departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OMS ha instado a los países a estudiar las necesidades de todos los sectores y garantizar el apoyo psicológico como uno de los servicios esenciales.

Por este motivo, la Universidad Autónoma de Barcelona y el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud de CCOO están realizando un estudio llamado Condiciones de trabajo, inseguridad y salud de los y las trabajadoras residentes en España en el contexto de la covid 19 con el que pretenden conocer el impacto de la pandemia entre las personas que a fecha 14 de marzo del presente año tenían un trabajo, incluidas aquellas personas que fueron afectadas por un ERTE o fueron despedidas.

Tal y como informan a Público, el análisis preliminar permite estimar que en la población asalariada más de uno de cada tres trabajadores percibe que su estado de salud ha empeorado durante la pandemia y desde el inicio de la misma se ha duplicado el número de trabajadores consumidores de analgésicos, así como de consumidores de tranquilizantes, sedantes o somníferos, alcanzando cifras de alrededor del 20%. Además, una de cada tres personas que ya consumía estos fármacos antes de la pandemia ha aumentado la dosis durante la misma.

Albert Navarro Giné es profesor agregado del grupo de investigación POWAH de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona y uno de los miembros que participa en este estudio. "Ahora mismo estamos viendo cómo están cambiando las condiciones laborales, y estamos viendo cómo están cambiando a peor, algo que está acrecentando el estrés a los trabajadores", explica.

"Además, hay que tener en cuenta que la incertidumbre en esta crisis es doble; por una parte existe la incertidumbre económica y laboral y, por la otra, la parte sanitaria", añade.

Por estos motivos, y siguiendo las indicaciones de la OMS, España deberá focalizarse en la salud mental. Un tema que el sistema público de nuestro país no tiene muy desarrollado, ya que la oferta de atención psicológica existente en la sanidad pública es bastante lenta, con largas listas de espera y sin suficientes psicólogos en la Seguridad Social.

En España, quien tiene la llave para que los ciudadanos accedan a un psicólogo de la Seguridad Social es el médico de cabecera. Este profesional es el que deriva al especialista de la salud mental apropiado, en el caso de ser necesario.

Una vez pasado este filtro, el paciente deberá esperar a ser atendido, pero en muchos casos esta cita llega después de semanas o incluso de meses.

Ante la necesidad de asistencia médica, muchos pacientes optan por los psicólogos privados que suelen costar entre 50 y 90 euros por consulta, pudiendo llegar a costar hasta 120 euros los 45 minutos. Algo que no se pueden permitir personas que han sido despedidas o que se encuentran en una situación de precariedad que, paradójicamente, es la que le lleva a necesitar ayuda psicológica.

Rocío trabajaba como administrativa en una empresa de obras antes de la anterior crisis económica y fue despedida en 2013. Explica que, desde entonces, ha ido alternando trabajos con el miedo a ser despedida en cualquier momento. "Antes de que me despidiesen la primera vez ya tenía miedo. Empecé a tomar pastillas para poder dormir y así estuve hasta el 2013. Cuando me despidieron tuve una racha en la que empecé a beber y ahí me di cuenta de que necesitaba ayuda", explica.

"Yo no sabía si había o no psicólogos públicos, así que fui a la asociación de vecinos de mi barrio. Allí me ayudaron, pero debo decirte que es más barato y fácil de conseguir un bote de antidepresivos que varios meses de terapia", finaliza.

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