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Nueva Delhi sustituye a Pekín como el nuevo paradigma asiático de aire tóxico

El polvo y los humos de los vehículos, la construcción, los fuegos artificiales de los festivales y la quema de arrozales cubren la capital de la India con una densa niebla de contaminación.

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Edificios envueltos por la contaminación en Noida, en las afueras de Nueva Delhi (India). REUTERS / Anushree Fadnavis

Pekín está superado, ahora Asia tiene un nuevo paradigma de aire urbano contaminado. En las últimas semanas, la nube de polución ha asfixiado a la capital india, Nueva Delhi, lo que ha llevado a Arvind Kejriwal, el ministro principal del territorio de la capital nacional, que no tiene pelos en la lengua, a describir la zona como una cámara de gas. China ha recurrido a su poder autoritario para llevar a cabo cierta limpieza. La democracia del sur de Asia se enfrenta a un problema más complejo.

Es la época del año en que el polvo y los humos de los vehículos, la construcción, los fuegos artificiales de los festivales y la quema de arrozales cubren la capital de la India con niebla tóxica. Los vuelos se desvían y las escuelas cierran. Los medidores del aire alcanzan sus lecturas máximas.

El Times of India informó que la líder alemana Angela Merkel había descrito el problema como una situación de “emergencia” durante una visita a principios de este mes.

Un joven, con la nariz y la boca cubiertas para protegerse de la contaminación, en un tren en Nueva Delhi. REUTERS/Anushree Fadnavis

De hecho, Delhi fue clasificada el año pasado como la capital más contaminada, así como la undécima ciudad más contaminada del mundo en estudios realizados por IQAir AirVisual. Las ciudades chinas siguen siendo casi la mitad de las 50 más sucias, pero Pekín está ahora en el puesto 122 y es probable que abandone las 200 más sucias este año.

La diferencia fundamental es que Pekín se sacudió su manto de contaminación a partir de una posición de fuerza. Cuando el entonces primer ministro Li Keqiang inició una campaña contra la contaminación del aire a principios de 2014, la gigantesca economía estaba creciendo a un ritmo superior al 7%. Eso hizo que el dolor del cierre de fábricas humeantes, por ejemplo, fuera más fácil de digerir.

Una mujer cruza las vías del tren en una mañana brumosa en Nueva Delhi (India). REUTERS/Anushree Fadnavis

Por el contrario, India está lidiando con una economía que crece a su ritmo más lento en más de seis años. El bache actual hace que sea más difícil esforzarse para obtener beneficios futuros: unas normas de emisión más ecológicas ya han contribuido a una fuerte contracción de las ventas en la industria automovilística.

Y esto es cierto aunque la contaminación del aire está conteniendo el potencial a largo plazo: la polución le costó a la India el 8,5% del equivalente del PIB en 2013, basándose en las estimaciones de las pérdidas de bienestar y producción total de mano de obra perdida, según un estudio del Banco Mundial.

Los problemas subyacentes también son demasiado complejos para que se puedan resolver fácilmente. Los agricultores de los estados vecinos de Delhi, y otras regiones, por ejemplo, están quemando rastrojos de arroz para limpiar sus campos. La cosecha, aunque dolorosamente intensiva en agua, es popular porque el Gobierno ofrece un precio de venta mínimo.

Tocar esos incentivos es políticamente arriesgado. La lucha por un aire más limpio en India será larga y costosa.