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¿Qué fue de la prima de riesgo? España paga 7.000 millones menos por su deuda pese a alcanzar niveles de récord

Las políticas intervencionistas del BCE y las disuasorias sanciones multimillonarias de la UE a varios bancos cazados haciendo trampas pinchan una burbuja que hace nueve años alcanzaba su punto álgido y que ha llegado a costar casi 300.000 euros a unas arcas españolas que ahora ven cómo, pese a su elevado endeudamiento, la factura de los intereses mengua.

Cristine Lagarde ha aplicado sin dudas en esta crisis las políticas intervencionistas a las que su antecesor Mario Draghi recurrió más tarde que a tiempo en la anterior.
Cristine Lagarde ha aplicado sin dudas en esta crisis las políticas intervencionistas a las que su antecesor Mario Draghi recurrió más tarde que a tiempo en la anterior. Boris Roessier / REUTERS

¿Qué fue de la prima de riesgo, el indicador que en la anterior crisis provocaba tormentas políticas y desbocaba el déficit de países del sur de Europa como España? Esos Estados siguen soportando un descomunal, aunque ahora menguante, lastre por lo desmesurados intereses que se veían obligados a aplicar a los bonos que emitían para financiarse, una situación que ha cambiado pese a que su endeudamiento se encuentra en niveles de récord.

Con el enfriamiento de ese indicador, que le ha dado un respiro anual de casi 7.000 millones de euros a las administraciones españolas al rebajar su factura de intereses de casi 39.000 a menos de 32.000 en ocho años, tiene bastante que ver las políticas intervencionistas de corte keynesiano que las instituciones comunitarias, con el BCE (Banco Central Europeo) a la cabeza, han activado para afrontar las consecuencias económicas de la pandemia.

Y no le resulta para nada ajeno el hecho de que la Comisión Europea cazara a varios bancos haciendo trampas para inflar la prima entre 2008 y 2011, periodo en el que la española llegó a multiplicarse por quince, y les impusiera multas que suman 371 millones de euros.

Este martes se cumplían nueve años del récord de la prima de riesgo española, que el 27 de julio de 2012 marcaba una 'cotización' al cierre de 570 puntos, la más elevada de la serie histórica. Ese registro llegaba tras una vertiginosa aceleración en la que se multiplicó por diez en dos años y medio, aunque tres días antes había alcanzado los 670 durante las sesiones de 'los mercados'.

Para entonces, a finales de julio de 2012, la deuda pública de las administraciones españolas (estatal, autonómica y local) sumaba 810.000 millones de euros que equivalían a un 77,4% del PIB, según los datos del Banco de España, que al cierre del mes de mayo situaban el endeudamiento en 1,4 billones, un récord histórico cuyo peso relativo ya supera el 125% del PIB al coincidir, y tener como causa, con el desplome de la actividad económica por la pandemia y la lentitud de su recuperación.

Sin embargo, el cuadro no tiene nada que ver con el que se daba en la anterior crisis: la prima de riesgo se quedaba este martes en 68 puntos, una cota que desde principios de 2010 solo se había dado de manera puntual a partir de mediados de 2018, con la economía en fase de despegue tras la 'gran recesión' previa al 'gran encierro' por la pandemia.

Con el descenso de la prima, y pese al aumento de la deuda, concentrada bajo los gobiernos de Mariano Rajoy y con potentes aportaciones de sus barones, ha caído también de manera notable la factura que las arcas públicas soportan en forma de intereses por su deuda. Esta, que se disparó hasta los 38.590 millones en 2013 tras no haber superado los 20.000 entre 2000 y 2009, lleva ahora cuatro años por debajo de los 32.000, con un 'ahorro' de casi 7.000 por ejercicio que supone un respiro para todas las administraciones.

Confiar diez veces más o desconfiar diez menos

¿A qué responde ese cambio de escenario? Básicamente, a un cambio diametral en los papeles que han decidido interpretar sus principales personajes, entre los que destacan la UE y el BCE, la primera eliminando las limitaciones austericidas de la contención del déficit para posibilitar a los Estados un papel de motor económico y el segundo comprando deuda directamente para financiar esa recuperación e inyectando dinero barato a los bancos para que participen en el proceso, aunque la valoración de los efectos balsámicos de este último flanco admite matices.

La prima de riesgo no es más (ni menos) que el diferencial entre el interés que un Estado paga por su bono a diez años en relación con ese mismo producto financiero del Gobierno alemán (considerado el más solvente y estable). Tiene una componente objetiva o numérica y, también, otras de carácter subjetivo como la mayor o menor confianza de los compradores de deuda institucionales (bancos y fondos) en la solvencia de cada país y como los efectos que la evolución de esa curva causa en inversores de menor envergadura.

Los paneles informativos del Palacio de la Bolsa de Madrid mientras el valor de los títulos de deuda pública española e internacionales. E.P./Jesús Hellín
Los paneles informativos del Palacio de la Bolsa de Madrid mientras el valor de los títulos de deuda pública española e internacionales. Jesús Hellín / EUROPA PRESS

Ahora mismo, las masivas compras de deuda del BCE y la política de tipos de interés bajos que mantiene pese al repunte de la inflación están teniendo como consecuencia práctica que los inversores confíen diez veces más, o desconfíen diez menos, que hace nueve años en un país que está cerca de duplicar su necesidad de financiación ajena.

De hecho, la movilización intervencionista de la primavera del año pasado frenó en seco el repunte de la prima, que en países como España pasó de los cien a los 150 puntos entre mediados de marzo y finales de abril para iniciar a partir de ahí una tendencia descendente.

El sobrecoste millonario de los intermediarios institucionales

"Casi toda la deuda que ha emitido España durante la pandemia la ha comprado el BCE, y eso ha evitado que aumentara la prima de riesgo", explica María Jesús Fernández, economista senior de Funcas. ¿Eso significa que a los inversores no les interesa la deuda? "Lo veremos cuando el Banco Central Europeo deje de comprar. Ahora la rentabilidad es baja, del 0,5% para las nuevas emisiones, y habrá que ver cómo evoluciona ese dato".

No obstante, el lastre de la anterior crisis hace que el coste medio de la deuda pública para el Tesoro se sitúe en el entorno del 2% anual, ya que siguen vivas cuantiosas emisiones de bonos que entre 2012 y 2014 salieron con intereses incluso superiores al 6%.

"Cada punto que suba el interés medio supone un aumento de 14.000 millones de euros de coste anual", advierte el economista Carlos Sánchez Mato, que plantea dos cuestiones: "¿Qué habría pasado si la actuación del BCE en la anterior crisis hubiera sido similar a la actual? ¿Por qué los Estados tienen que soportar un sobrecoste al prestar el BCE dinero a los bancos con intereses bajos, de hasta un -1%, para que vayan a esas emisiones de deuda del 0,5%?".

No hay respuestas certeras al 100% para ninguna de ellas, aunque sí datos de interés que permiten una aproximación: uno es el montante de casi 300.000 millones que el Tesoro español habrá pagado en intereses de la deuda entre 2012 y 2021 frente a los 210.000 del decenio anterior; otro, los 364.000 de coste adicional en intereses que le ha supuesto al país contratarla con los bancos en lugar de con eventuales préstamos del BCE gravados con los mismos tipos que aplica a las entidades financieras.

"Esto no es comunismo ni socialismo. Estamos soportando un sobrecoste porque tenemos unos intermediarios a los que el BCE presta dinero para que nos lo presten", indica Sánchez Mato, que añade que "eso figura en los tratados de la UE, pero que eso sea así no significa que deba ser así y que el BCE no deba poder prestar dinero a los Estados al mismo precio que a la banca".

Cayó la prima, pero no todos sus efectos alcistas

Ambos coinciden en que, en cualquier caso, el elevado volumen de deuda actual puede convertirse en un flanco de vulnerabilidad para el país en función de cómo evolucionen los intereses y la prima de riesgo.

"El BCE no va a estar comprando deuda siempre, y habrá que ver qué pasa entonces", anota Fernández, que apremia al Gobierno a presentar un plan de estabilización fiscal. "El déficit estructural de España era de los más elevados de la UE, y va a aumentar porque ha crecido el gasto mientras los ingresos se reducían. Eso lo ven los ‘mercados’, y puede acarrear problemas", explica.

En este sentido, pone el acento en "evitar riesgos. Para evitar que la prima se dispare no es tan importante el volumen de la deuda como el disponer de un plan para reducir su relación con el PIB". "Me preocupa que ocurra lo que en 2012, que los inversores pierdan la confianza y dejen de facilitar financiación o lo hagan con un interés muy alto -añade-. Y eso puede volver a pasar. Entonces ocurrió con un nivel muy inferior de deuda, y ahora el fin de las compras del BCE puede situar al país ante un abismo".

Sánchez Mato, por su parte, llama la atención sobre las dificultades que plantearía la eventual refinanciación de esos 1,4 billones de deuda, más cuando bancos e inversores conservan bonos de cinco a veinte años con intereses de hasta el 7% anual.
"Eso es oro puro, no lo suelta nadie o solo se revenden muy por encima de su valor nominal", señala, mientras recuerda cómo perduran los efectos de la prima de riesgo y de las decisiones políticas que se tomaron en la anterior crisis.

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