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'2020'

Hernán Zin: "Hay que contar lo que pasa en el mundo sin anestesia"

Hernán Zin
El director Hernán Zin. CARAMEL FILMS

El reportero y cineasta consiguió accesos a las UCI en hospitales de Madrid y grabó durante cuatro meses de confinamiento. 2020 es la película que enseña lo que no se pudo ver entonces y solo se recibía en forma de cifras de enfermos y muertos.

Hernán Zin se plantó a la puerta de un hospital cuando comenzó la pandemia y, tras insistir e insistir, consiguió acceso a las UCI. Grabó durante cuatro meses en estas unidades, en otras plantas de hospital, habló con familiares de ancianos que vivían, y desgraciadamente morían, en las residencias, acompañó a los bomberos que en lugar de apagar incendios se dedicaban a recoger cadáveres, pasó tiempo con enterradores en cementerios, con personas que recogían a las mascotas de los enfermos para cuidarlas... Luego se encerró y montó las imágenes. 2020 es el resultado, la película que muestra lo que no vimos durante el confinamiento, al comienzo de la pandemia.

Mención Especial del Jurado y Premio del Público en el 46 Festival de Huelva de Cine Iberoamericano, la nueva película del reportero y cineasta –autor de Morir para contar, Nacido en Gaza...– es, en sus propias palabras, "un retrato emocional" necesario para hacer el duelo colectivo que tenemos pendiente.

¿Cómo consiguió el acceso exclusivo a las UCI que nadie más ha logrado?

Es que yo no pido permiso, entro y me echan, y vuelvo a entrar. Iba con el artículo 20 de la Constitución en el bolsillo, libertad de expresión, y la visión que buscaba era humana, nada de política, porque sabía que tenían miedo. Me plantaba todos los días a las puertas de los hospitales. Ha sido más difícil que hacer una entrevista a un talibán.

Empezó a grabar en marzo, cuatro meses, ¿qué es lo que le ha costado más asimilar?

La gente que moría sola. Personas que morían solas y dos semanas después devolvían a las familias una urna con cenizas. Murieron 6.000 mayores, ha sido muy doloroso. El mayor drama que he visto ha sido ese. Me rompió el corazón. Ha sido la generación que se lo curró, que lo pasó mal y sobre todo gente de clase humilde, del Sur de Madrid. Por eso aposté por el Hospital 12 de Octubre.

La Comunidad de Madrid parece que no es inocente en la muerte de esos miles de personas...

He trabajado veinte horas al día y no he tomado ni un día de descanso durante la pandemia. Pero todo era para hacer un retrato emocional que es lo que yo sé hacer. No soy un periodista que tenga fuentes, no he seguido de cerca la información política, no me da el cuerpo para todo. Yo solo soy un tío con una cámara.

Julio Lumbreras, uno de los primeros enfermos de coronavirus. CARAMEL FILMS

Entonces ¿el objetivo de la película era, como dice, el retrato humano?

Ha habido mil muertes al día y yo quería ponerles voz y rostro para que podamos hacer un luto colectivo. Los políticos se han pasado el tiempo peleando, les faltó estar ahí. Por eso en la película hay un minuto de silencio, porque ellos lo hicieron mal y tarde. Han vivido una desconexión con la realidad emocional. Además quería que se viera en América Latina, cuando aún no había llegado allí, que se viera en todo el mundo.

La película no se ve igual ahora que entonces...

Ninguna cadena de televisión quiso programarla, en ese momento no apostaron por ella. Y yo creo que hubiera sido útil como las campañas de la DGT. Golpeé todas las puertas, pero... Creo que fue un error por su parte porque nosotros hacemos un servicio público también.

¿Un error o un paternalismo absurdo?

Un error, en una democracia madura tenemos derecho a saber qué queremos ver. Como sociedad debemos asumir que cometemos errores. Hay cosas de la actuación de Occidente que te hacen entrar en cólera. Pero yo soy el primer que me equivoqué, no pasa nada por asumir los errores. Una democracia se basa en la buena información. Pero esta restricción a la información pasa en todo el mundo con la pandemia, no permiten acceso en ningún sitio. Y no entiendo por qué no mostrar más.

Ahora se verá '2020', ¿nos va ayudar como sociedad?

En mi opinión es una película indispensable para ver lo que no vimos en el confinamiento, cuando solo nos mostraban cifras. Nos ayudará a digerirlo, a asumir que ha sido una tragedia. La película es dura, pero el hombre sobre el que gira todo, Julio Lumbreras, tiene ganas de vivir, es positiva.

¿A usted le ha enseñado algo nuevo esta pandemia?

Me ha enseñado que no hace falta consumir tanto, que o estamos en sintonía con el planeta o éste seguirá viéndonos como una plaga y nos lanzará cada cinco años un virus nuevo. Hay que replantearse muchas cosas. También he aprendido que es importante abrazar a la gente que queremos. Tenemos que establecer una relación distinta con este mundo. Van a desaparecer 10 millones de especies y a nosotros nos importa un carajo, cuando nosotros somos una especie más. Esa es la lección que saco de esta pandemia. Además, a mí me ha mejorado como persona.

Los bomberos dedicaron muchos días del confinamiento a recoger cadáveres en las residencias. CARAMEL FILMS

¿Y usted confía en el ser humano, cree que hemos aprendido todo eso?

Los periodistas y los cineastas tenemos fe en la gente, por eso hacemos lo que hacemos. He visto cambios positivos en la vida, he visto menos guerras, gente que sale de la pobreza, he visto que sí se avanza. Y estas historias hacen evolucionar la sociedad. Este tipo de información hace avanzar a la conciencia colectiva.

Hay quien considera que películas como la suya son una explotación del sufrimiento ajeno, ¿qué dice ante ello?

Estuve cinco años de corresponsal en Asia y pillé siete malarias, con la octava tuve también hepatitis. Me llevaron a un hospital de la India en 1996, y pensé que me iba a morir solo y nadie se iba a enterar de lo que me pasaba. No es explotación, se trata de amplificar la voz de la gente. Sentir que nadie te quiere escuchar es lo peor. Los que sufren quieren que el mundo se entere de que han vivido una desgracia. Están indignados, quieren que se enteren todos. Y es una manera de hacer justicia, el virus se ha cebado con la zona Sur de Madrid.

¿Se ha puesto algún límite?

Nunca me autocensuro, yo no soy el padre de la audiencia, lo que veo es lo que muestro. Me hieren mucho más las guerras, la gente que muere de hambre... Por supuesto, siempre respetando la privacidad y el buen gusto. No se muestran muchas cosas por la gente de marketing. Pero hay que contar lo que pasa en el mundo sin anestesia, aunque siempre poniéndolo en contexto, con una explicación para que tenga sentido. La precariedad con la que estamos viviendo es la precariedad con la que vive siempre la mayor parte de la humanidad. La pandemia nos ha dado una lección de humildad.