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Ramon Usall: "Prácticamente no hay historia de los últimos 150 años que no se pueda contar a través del fútbol"

L'historiador Ramon Usall amb el llibre 'Futbolítica' a les mans.
El historiador Ramon Usall con el libro 'Futbolítica' en sus manos. Teresa Capdevila

Entrevistamos al historiador Ramon Usall, que publica Futbolítica en la editorial madrileña Altamarea. A partir de casi 50 episodios dedicados a clubes distintos, el libro muestra como el fútbol es un "hecho social total" y, por lo tanto, "tiene implicaciones de naturaleza política". O, dicho con otras palabras, la influencia de este deporte va mucho más allá de lo que sucede en el terreno de juego.

Sin duda, el fútbol es el deporte más global que existe, a la vez que es un fenómeno social que refleja los cambios sociales y políticos que se producen en una sociedad. Ésta es la tesis que flota en Futbolítica. Una vuelta al mundo a través de clubes políticamente singulares (Altamarea), el libro del leridano Ramon Usall (1977) que ha aparecido recientemente y que, a grandes rasgos, supone una revisión y actualización de la obra que había publicado en 2017 en catalán en Ara Llibres.

Licenciado en Sociología por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y doctor en Historia por la Universitat de Lleida, Usall es colaborador de varios medios, donde fundamentalmente escribe sobre la relación entre el deporte, la política y la historia. Lo entrevistamos vía telemática para hablar de un volumen que expone la historia de 47 clubs de todo el planeta, abordar la evolución de un deporte convertido cada vez más en un gigantesco negocio y del papel que juega en la geopolítica internacional. Todo ello sin olvidar algunas particularidades del Barça, el Real Madrid o el Atlético de Madrid.

¿Qué novedades presenta la edición en castellano del libro?

Hay una actualización y replanteamiento del libro, ésta es una edición más madura. Las historias pasan de ordenarse alfabéticamente a hacerlo de forma geográfica y ahora hay una especie de viaje que comienza en las Islas Británicas y que termina en América, pasando por Europa, Asia y África. También hay una selección algo distinta de las historias. El volumen es algo más reducido y optamos por dejar fuera algunas historias que quizás son más conocidas, como los casos del Rayo Vallecano y el Sankt Pauli, y hay algunas nuevas. Por ejemplo, se habla de los Halcones de Kabul, uno de los equipos creados con la Premier League afgana.

Cuando presento el libro me gusta decir que más o menos trata desde el inicio del fútbol, que nace en la Inglaterra industrial de mediados del siglo XIX y se habla del origen del [Manchester] City, hasta el Afganistán de los talibanes, que sería uno de los hechos relevantes del pasado año desde el punto de vista internacional. Narra la historia de un club y de una competición que fueron creados en el marco del mandato internacional para reconstruir el Afganistán post-talibán, que se ha derrumbado como un castillo de cartas ante la ofensiva de los talibanes y también lo han hecho las competiciones que se habían creado. Quería ejemplificar cómo la historia se puede contar a través del fútbol.

A través de casi cincuenta historias, muestra que no hay episodios contemporáneos significativos que no se vean reflejados a través del fútbol. ¿A qué lo atribuye?

El deporte ha tenido un componente geopolítico desde su propio origen, pero el fútbol tiene una serie de particularidades. El hecho de ser un juego colectivo facilita la identificación de una comunidad y su conversión en un deporte global ha acentuado su fuerza. El City nace como un club de una parroquia anglicana que pretende alejar a los jóvenes de la mala vida que hay en las bandas del Manchester industrial, que aboca a buena parte de sus obreros a situaciones de miseria, ... Diría que, desde su génesis, el fútbol, y cualquier club, es un hecho de naturaleza política. Si entendemos el sentido estricto de la palabra política, esto es, los asuntos de la polis, de la sociedad, y creo que muchos clubes asumen la representatividad de la comunidad.

Este elemento de identificación comunitaria lo vemos reflejado sobre todo a principios del siglo XX, cuando prácticamente en toda Europa las diferentes familias políticas optan por la creación de clubs de fútbol, en algunos casos directamente vinculados a opciones políticas partidistas, si bien es cierto que esos clubs pierden terreno con el paso de los años. Yo soy de Lleida y el Camp d'Esports, hoy el estadio en funcionamiento más antiguo de Catalunya, lo construye Joventut Republicana de Lleida, un movimiento político republicano que acaba vinculándose a la ERC de los años 30 y que había impulsado el Joventut Futbol Club.

Por lo tanto, entiendo que no comparte para nada esta frase tan manida que dice que no hay que mezclar fútbol y política.

Parto de la idea de que prácticamente todo es política en la vida, desde consumir, mirar la televisión o muchos actos que realizamos de forma mecánica cotidianamente. Por principios, desconfío de quien dice que fútbol y política no deben mezclarse, porque generalmente es quien más lo suele hacer. Que el jefe de un estado reciba una selección que representa internacionalmente a un país y le entregue todos los honores y luego diga que fútbol y política no deben mezclarse me parece un ejercicio de cinismo. Como me lo parece cuando alguien lo dice con la bandera o la bufanda de un equipo que lleva la corona borbónica o la bandera del país que dice representar. Y cuando la UEFA hace una campaña diciendo que debemos combatir el racismo y después dice que fútbol y política no deben mezclarse me parece una absoluta tontería.

Lo que debemos hacer es asumir con naturalidad que el fútbol es hecho social total y, como tal, tiene implicaciones de naturaleza política. Debemos describir el fútbol teniendo en cuenta esta variable que, para mí, es la que hace que sea a menudo un espejo de un tiempo determinado. Y es esa mirada la que me lleva a decir que no hay ningún hecho histórico en este siglo y medio que no se vea reflejado en él, especialmente en aquellos territorios en los que el fútbol se ha implantado con fuerza. Un ejemplo sería también el Procés catalán.

¿También? ¿Cómo?

Podemos explicar el Procés a través de algunos partidos de fútbol en concreto, el último de los cuales sería ese famoso clásico Barça-Madrid que se suspendió porque las protestas por la sentencia del Supremo en el juicio del 1 de octubre estaban encendiendo las calles y se pensó que esto podía tener una cierta traducción en el Camp Nou. Cuando finalmente se jugó, el Tsunami Democrático hizo su última gran convocatoria. Aunque vio frustrado su intento de visibilizar la protesta, sin embargo, hubo una nutrida representación de gente dentro del estadio que siguió alguna de sus consignas. O el mismo partido del 1 de octubre [Barça–Las Palmas], que tiene toda una intrahistoria. Se pasa de 'este partido no lo jugaremos' al 'jugaremos a puerta cerrada' [en el Camp Nou, como se hizo], salta alguien al campo y hay un cierto revuelo. O el Madrid–Espanyol que se juega el mismo día, en el que Santiago Bernabéu vive una manifestación de nacionalismo español que para alguien que mirara el partido desde fuera sería difícilmente comprensible en un partido de la liga estatal. O el Girona-Barça que se había jugado unos días antes y había sido precisamente un clamor para votar el 1-O.

Este reflejo social también podemos verlo hoy. En un momento de auge global del feminismo, se habla más que nunca del fútbol femenino.

El empoderamiento femenino se había producido en otros ámbitos de la sociedad y, si quieres, ha llegado al fútbol más tarde, pero no deja de ser el reflejo de una reivindicación que hoy las chicas asumen con toda naturalidad y es que pueden hacer cualquier cosa. Cada vez hay más chicas que quieren jugar al fútbol y entiendo perfectamente que una chica a la que le guste el fútbol en Catalunya pueda sentir un vínculo más estrecho con Alexia Putellas, porque la ve como alguien que en su momento había sido como ella, que el que podía tener con Leo Messi. Es cierto que existe la visualización de este empoderamiento femenino y este feminismo de carácter más transversal, pero también lo es que el modelo de fútbol que sigue el femenino repite mucho el patrón del masculino: grandes clubs, grandes competiciones, mercantilización aunque sea a otro nivel.

Al mismo tiempo, en un momento de concentración acelerada de la riqueza, vemos cómo los clubs grandes son cada vez mayores, y a menudo tienen detrás estados -básicamente dictatoriales-, grandes fondos de inversión, multimillonarios... El fútbol se ha convertido en un enorme negocio.

La conversión del fútbol en un negocio es en sí un hecho de naturaleza política. En origen, el deporte en Europa era una práctica mucho más asociada a los valores comunitarios, pero ha pasado a un modelo más parecido al norteamericano, donde casi desde el inicio el deporte era algo ligado al show business. También es cierto que hay una cierta oposición, como se mostró con el proyecto de la Súper Liga europea, y todavía prevalece la idea de que el mérito deportivo debe acabar determinando quién puede participar y quién no en una competición.

Ligado con la idea de fútbol-negocio, la conversión del deporte en un elemento de carácter geopolítico lo hemos visto de forma muy clara con la Supercopa deslocalizada en Arabia Saudita a cambio de dinero. ¿Qué interés tiene Arabia en pagar 40 o 45 millones anuales a la Federación Española para acoger la competición? Sencillamente una diplomacia del deporte que le permita ganar peso a nivel internacional. También tiene un fondo de inversión que acaba de comprar el Newcastle en inglés y, además, quiere competir con unos estados geográficamente cercanos y con los que se disputa una cierta hegemonía, como los Emiratos Árabes Unidos y Qatar.

Ramon Usall. PAGÈS EDITORS.
Ramon Usall. PAGÈS EDITORS.

Qatar es pionero en esta práctica, en parte porque en 1991 con la invasión de Kuwait por parte de Irak se ve amenazado y teme que no le ocurra lo mismo con Arabia. El padre del actual emir desarrolla una serie de políticas internacionales encaminadas a reforzar la posición de Qatar y diversifica el negocio con una serie de inversiones rentables. También, a través de Qatar Sports Investments, compra al PSG, mientras los Emiratos Árabes han comprado al City. Con la conversión del fútbol en un negocio que mueve unas cantidades indecentes de dinero nos encontramos con que acaban siendo estos países los únicos que pueden afrontar las inversiones y recientemente los viejos gigantes del fútbol europeo han perdido peso frente a equipos que tienen detrás pozos sin fondo de dinero, como el PSG y el City. Son ejemplos de clubes-estados, que están en un territorio y son comprados con dinero de otro como elemento de geopolítica internacional. Si esto no es política ...

Como resistencia al fútbol negocio, en los últimos años han aparecido clubes de accionariado popular. ¿Le ve recorrido al movimiento?

La idea es excelente, pero es muy difícil competir con estas condiciones contra gigantes de inversión que quieren ascender de categoría rápidamente y llevar a sus clubs al fútbol profesional. Este fenómeno comenzó en Manchester, con la creación del Football Club United of Manchester, como rechazo a la compra del United por parte de la multimillonaria familia Glazer. Inicialmente tuvo un cierto éxito, pero ha habido un estancamiento y resulta difícil pensar que proyectos así podrán competir con los gigantes del fútbol. Incluso clubs que son propiedad de sus socios, como el Barça, deben lidiar con contradicciones. El Barça aprobó estatutariamente declararse un club en defensa de los derechos humanos y contrario a las formas de discriminación racista, sexista u homófoba, pero es un gigante que compite en el primer nivel del fútbol mundial y, poco después de anunciarlo. fue a jugar la Maradona Cup en Arabia Saudita. Hoy se hace muy difícil competir en el primer nivel del fútbol mundial sin jugar, aunque sea en parte, al fútbol negocio.

Defiende que no hay ninguna nación sin estado sin su equipo. Para tocar el caso más cercano, ¿aún es válida la frase de Manuel Vázquez Montalbán que definía al Barça como "el ejército sin armas de Catalunya"?

A mí me parece que uno de los valores que históricamente han definido el Barça es su asociación con el país, es innegable que ha mantenido un incuestionable compromiso con el movimiento político catalanista y que es uno de sus rasgos de identidad. El gran valor del Barça es lo que apuntaba Vázquez Montalbán y lo que se había dicho de "más que un club", y lo era porque representaba a un país, no porque tuviera unos valores de defensa de los derechos humanos. Sí creo que mantiene buena parte de esa esencia que lo define y la historia le convierte en un club singular, que a veces le hace tan querido en todo el mundo, incluso en momentos que no tenía un éxito excesivo. También es cierto que el club ha sido más tibio de lo que a muchos nos hubiera gustado durante estos años difíciles, pero la historia no se puede borrar y sigue existiendo la singularidad del Barça como club que representa a una nación sin estado. Pero cualquier estado nación sin estado que miremos tiene a su Barça, la diferencia es la dimensión global.

¿Puede citar algún caso destacado?

El Al-Wehdat, por ejemplo, que es un club creado en un campo de refugiados palestinos en Jordania y que Yasser Arafat decía que "cuando no teníamos nada, teníamos al Al-Wehdat". La diferencia es que el Al-Wehdat ganaba ligas jordanas y el Barça ha ganado ligas de campeones y mundiales de clubs. Pero el Al-Wehdat tiene una fuerza simbólica brutal: lleva el nombre de un campo de refugiados, en su escudo lleva la mezquita de Al-Aqsa diciendo que Jerusalén es la capital de Palestina, ... Es cierto que tiene un impacto relativo más allá de su territorio y quizás sí que el Barça se ha convertido en el abanderado global de los clubs que representan a naciones sin estado. Pero el Celta tiene una dimensión política muy clara, viste con los colores de la bandera gallega; evidentemente de los clubes vascos podríamos hablar prácticamente de todos, Córcega tiene al Bastia y también al Ajaccio, hay clubes en Bretaña, en Gales, en Irlanda, en el Kurdistán, de la comunidad rifeña en Argelia y en Marruecos. Todos tienen clubes de fútbol que representan a su colectividad, que no puede ser representada por selecciones nacionales.

En cuanto a los grandes equipos de Madrid, define al Atlético como el club de las mil caras.

El Atlético de Madrid tiene una historia muy curiosa, porque nace como una sucursal del Athletic de Bilbao, fundada por unos estudiantes vizcaínos que se han trasladado a Madrid y acaba siendo el primer equipo del régimen, ese Atlético Aviación. Pero con el tiempo acaba cambiando un poco su historia y a partir de esa idea de Pupas que no gana, construye una idea de equipo del pueblo. No sé si desde el punto de vista ideológico tendría una traducción política de izquierdas, pero le da una dimensión de equipo pobre frente a un enemigo todopoderoso, que hace que suscite las simpatías de un sector más humilde. Por lo tanto, es un club que ha mutado políticamente a lo largo de la historia.

El Real Madrid ha escondido parte de su historia y cuenta poco que sus fundadores eran dos hermanos catalanes y habla aún menos de los presidentes republicanos que tuvo. ¿En cierto modo ha reescrito su historia?

La aproximación que he elegido es la más desconocida y es hablar del período republicano del Madrid, sobre todo de la figura del coronel Antonio Ortega. La memoria del Madrid, y se ve cuando uno visita su museo o su web, concede una importancia histórica clave a la figura de Santiago Bernabéu, que es alguien muy afín al régimen y que con una edad avanzada participó en las fuerzas franquistas y en la ocupación de Catalunya. La idea de presentar a Bernabéu como el personaje clave de su historia casa muy poco con el período republicano, durante el cual precisamente Bernabéu perdió el poder de influencia que tenía en la junta directiva, que estuvo mucho más asociada a los valores republicanos y comportó que perdiera el título de real que le había concedido Alfonso XIII.

En cierto modo, el club en un período determinado tenía tomas de posición ideológicas muy concretas: hay imágenes del estadio de Chamartín de actos políticos comunistas, con demostraciones de carácter militar del ejército republicano... De hecho, el Partido Comunista de España coloca a un coronel, Antonio Ortega -que es militante del partido-, al frente del Madrid. Ésta es la razón por la que la historiografía oficial del Madrid no reconoce su figura, porque no fue un presidente elegido por los socios. Ortega acabó ejecutado en el castillo alicantino de Santa Bárbara y, curiosamente, la memoria oficial del Madrid no hace ni una triste mención a esa circunstancia.

Esto contrasta y mucho con el ejercicio que en un momento determinado hizo el Barça con [Josep] Sunyol [diputado de ERC en el Congreso durante la II República y presidente del club, que fue detenido y fusilado por tropas franquistas en 1936]. Es algo bastante reciente, pero, por ejemplo, hoy el palco presidencial [del Camp Nou] lleva su nombre. Sin embargo, es cierto que su recuperación casa mucho mejor con la historia del Barça, porque la significación política del club siempre ha estado asociada con los valores que Sunyol defendía, mientras que lo que coronel Ortega representa está en las antípodas de lo que Madrid representa hoy en día y del gran Madrid que construyó Santiago Bernabéu. Para la historiografía oficial del Madrid Antonio Ortega es un personaje que no existe.

Si tuviera que destacar dos de las historias que has elegido, quizás por desconocidas, ¿cuáles elegirías?

Mira, una es la del Club Deportivo Euzkadi, que juega la liga mexicana y está fundado por los integrantes de la selección vasca de fútbol e impulsado por el nacionalismo vasco, el entorno del lehendakari [José Antonio] Aguirre y el PNV, pero también Acción Nacionalista Vasca. Quedó subcampeón de la liga mexicana [en 1939] y digo que es la selección que casi gana una liga. Muchos de estos jugadores viendo cómo evolucionaba la Guerra Civil español decidieron quedarse en México y en vez de fichar por los equipos de allí, participaron en la liga como Club Deportivo Euzkadi. Era una selección no reconocida internacionalmente y no deja de ser curioso cómo el fútbol podía servir a la causa republicana, porque los partidos que la selección vasca había jugado inicialmente en todo el mundo tenían la finalidad de buscar apoyos para la causa republicana y para la nacionalista vasca.

Una segunda historia sería la Juventud Deportiva de Al-Massira, en El Aaiún, un club que por decreto fue trasladado al Sáhara Occidental porque Marruecos tenía intención de que cuando saliera la jornada de fútbol de la liga todo el mundo tuviera claro que El Aaiún era territorio marroquí y que el Sáhara Occidental eran las provincias del sur de Marruecos. De hecho, existió la leyenda de que el club no podía bajar a segunda división, era un asunto de estado. Finalmente lo hizo, pero durante los años más complicados del conflicto no, porque dejaba claro en el imaginario colectivo que el Sáhara Occidental era marroquí. Pongo estos dos ejemplos, pero prácticamente no hay historia de los últimos 150 años que no se pueda contar a través del fútbol.