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"Los chicos, que trabajen para mis caprichos"

Anais Boleda. Esta joven de 20 años reconoce que pasa demasiadas horas frente a Facebook, YouTube o Messenger, aunque entre chat y chat busca trabajo

ANNA LAS HERAS

"Me suelo levantar a las diez de la mañana, voy con alguna amiga a tirar currículos, como y, por la tarde, otra vez con los currículos. Vuelvo a casa y me voy a dormir a eso de las 11 de la noche", explica Anais, de 20 años, cuando se le pregunta por su día a día. Mientras, su inseparable amiga Alba no puede reprimir la risa y le va dando codazos. Así que la joven matiza: "Bueno, todo depende del día, a veces también salgo. Lo que pasa es que, como hace tanto frío, cuando quedo con alguien solemos quedarnos refugiadas en casa".

«Nunca me he preguntado qué piensan los demás de mí»

Y en el hogar, lo de siempre: el ordenador. "Reconozco que paso demasiadas horas delante del Messenger, Facebook, YouTube... Aunque también miro páginas de trabajo". Anais dejó de estudiar a los 16 años. "Quería trabajar y me puse de camarera nueve meses, pero lo dejé porque cobraba poco", afirma. Luego probó de teleoperadora, dependienta "y poco más". Ahora lleva casi un año y medio sin trabajar. Lo achaca a la crisis. "Una vez me enviaron a hacer una entrevista a un sitio muy perdido. Tenía que vender enciclopedias de 1.000 euros por teléfono, y si no vendías nada, no te pagaban". Pero Anais no tuvo la oportunidad de rechazar el trabajo: "Ni para esa mierda me cogieron".

A pesar de la falta de empleo, no se plantea volver a estudiar. "Yo lo que necesito es trabajo", admite segura de sí misma. Entonces se sincera y confiesa: "No todos los días busco un empleo, porque a veces me canso". Después de tanto tiempo sin un sueldo, se ve obligada a vivir de su padre que, con paciencia, le pregunta cuándo trabajará. "Siempre me dice que me ponga las pilas", reconoce. "Nunca me he parado a preguntarme qué piensan los demás de mí sobre esto", explica Anais, quien dice tener amistades en todo tipo de situaciones: "Tengo dos amigos que trabajan, dos que van a la universidad, otra que también estudia, dos que buscan trabajo...".

«Mi padre me dice que me ponga las pilas, que busque empleo»

En cuanto a los chicos, lo tiene muy claro. "Los busco que tengan trabajo, que así me pueden pagar los caprichos", cuenta entre risas. "Aunque ahora no tengo novio, no aparecen". De repente Alba le bromea con la posibilidad de vivir de los hombres. "Hay que casarse. Si no, en el caso de que lo dejásemos, no me tocaría nada", contesta.

Anais ha oído hablar de la generación ni-ni, pero no está de acuerdo con la etiqueta. "En la tele los pintan muy mal: fuman porros, hablan mal a los padres, se drogan. Yo no hago nada de eso", señala. Aunque reconoce que actualmente sí que hay mucha gente que ni estudia ni trabaja: "A veces no somos nosotros los que lo escogemos, sino las circunstancias". Anais mira su reloj, mientras Alba hace rato que desespera. "Hemos quedado con una amiga y ya llegamos tarde", afirman las dos al unísono. Y se marchan tan felices como han llegado. "No voy a estar todo el día rallada", concluye Anais.

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