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España exprés

Del abandono de los pueblos rurales a la integración de los nuevos vecinos. Resumen del recorrido realizado por Público por toda España.

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Alba dijo: “Quiero quedarme”. Habíamos estado hablando sobre la vida en su pueblo, en Negueira de Muñoz (Lugo), 200 vecinos entregados a la belleza descomunal de las montañas  que separan Galicia y Asturias, tan lejos de todo. El alcalde de Negueira de Muñiz me había dicho: “Aquí hay, básicamente, pensionistas”. Ese es el pueblo de Alba. Ella tiene veintitantos años y es la trabajadora social del municipio. A sus pies, en cada hora de la vida, un valle inmenso. “Cuando me levanto por las mañanas, tengo ésto”. Es otra forma de vida, otra de las formas de vida de todas las Españas posibles.

Algunas de ellas, algunas de esas Españas, fueron retratadas por Público durante los últimos dos meses. Hasta medio centenar de historias de lugares y de personas. El recorrido comenzó el 18 de enero en la localidad pesquera de A Guarda, en la frontera entre Galicia y Portugal, y terminó el pasado viernes en donde nace el Oeste, en el municipio de La Frontera, en la isla del Hierro. España es un puñado de historias de éxito y de relatos de historias que sólo es mejor recordar para evitar cometer los mismos errores, una colección inmensa de lugares hermosos, y un sinfín de municipios que se enfrentan a un millar de retos: desde la integración de los nuevos vecinos llegados de otras fronteras hasta el problema de la vivienda.

Hay sitios que ven cómo la industria de la que siempre vivieron se viene abajo. En otros municipios hay sindicalistas que dicen: “Es cierto que aquí no trabaja quien no quiere”. Hay muchas Españas de las que se olvidan con frecuencia los micrófonos.

Ahí está el medio rural, por ejemplo. Dice el director de una sucursal bancaria de Tineo, en Asturias: “Aquí mueren muchos ricos”. Tineo es un municipio con un récord: allí producen el 2% de la leche de España, más que en ninguna otra parte. Pero una señora me dice en un restaurante: “Esto se está quedando en nada”. El gerente de la cooperativa láctea más importante del lugar, UGATI, Cuco Nieto, asegura que uno de los principales problemas del lugar es la “falta de relevo generacional” al frente de las vaquerías.
El caso de Tineo sólo es especial por algo: allí aún existe un sólido argumento económico. Por lo demás, más de lo mismo de casi todos los rurales posibles: los más jóvenes se van, se escapan de la ausencia de un futuro claro o cómodo.

Es por eso que, independientemente de su filiación política, los alcaldes españoles del ámbito rural creen que falta un modelo de desarrollo que tenga en cuenta a los pequeños núcleos de población del interior que siempre basaron su economía en el campo. El máximo mandatario de Santo Domingo de Silos (Burgos), el conservador Emeterio Martín, le lanzó esta petición al presidente que hoy elijan los españoles: “Que crea en el medio rural, que tiene un gran potencial por explotar. Faltan muchas cosas. Aquí no tenemos derecho a una señal de televisión en condiciones”.

En términos similares se expresaba unos días antes el alcalde de Casares de las Hurdes, en Cáceres, el socialista Olegario Rodríguez. Las Hurdes es un lugar precioso. Cuando florecen los cerezos todo es rojo. Poco que ver con la pobreza extrema de la que ya hace tanto habló Buñuel. El alcalde Rodríguez dice: “Estamos haciendo cosas”. Y uno sigue en la ruta y encuentra historias deslumbrantes.La de Jabugo, por ejemplo. A finales del siglo XIX, algunos vecinos comenzaron a apostar por la producción de jamones. Incluso hicieron expediciones comerciales a Chicago que entonces estaba en otro mundo.

Hoy son 2.500 los vecinos que viven plácidamente de una industria que está a salvo de deslocaciones. Es una historia brillante. Una más. Como la de la industria de la cerámica de la que vive Vila-Real, por ejemplo, que nació cuando los agricultores decidieron buscar nuevos argumentos económicos después de que las heladas arruinaron los campos. O como la historia de Jun, en Granasa. Sí existe una España 2.0, esa España comienza por Jun.Hace ya diez años  que en Jun se reconoció como un derecho ciudadano el acceso a Internet. Los mayores fueron los primeros en recibir apoyo para adentrarse en las ventajas de las nuevas tecnologías. Todos los vecinos disponen de firma electrónica.

El alcalde de Jun se sienta hoy entre los regidores de algunas de las principales ciudades del mundo para contar su experiencia en un pueblo de una España que tiene a Chueca como otro de los escaparates de la modernidad.Chueca era un barrio entregado a la decadencia hasta que llegaron los gays. “Al principio abrieron algunos bares, después la librería Berkana”, recuerda el líder de la Federaración de Gays, Lesbiananas, Bisexuales y Transexuales, Toni Poveda. Chueca tiene hoy una actividad frenética de lugar singular en una moderna España en la que un colectivo vecinal liderado por un joven arqueólogo ha  puesto en jaque a un alcalde al que se le ocurrió multiplicar por N los impuestos municipales.

Esta España moderna tiene caras de mil colores. “Aquí conviven personas de 25 nacionalidades”, dicen en el Ayuntamiento de La Frontera, en El Hierro. En lugares como Lorca son cerca del 25% de la población. En el distrito madrileño de Usera son cerca del 30%. En Tudela, en Navarra, son cerca del 14%. Mientras en Lorca prefieren hablar de interculturalidad que de integración, la Junta Islámica pide que se respeten los derechos religiosos de los musulmanes. Y tanto en Lorca como en Usera circulan historias de furgonetas fantasmas que cada mañana reclutan sin papeles para que se deslomen por salarios de miseria. Y de los mismos sitios llegan, a veces, historias más felices. Son las de los nuevos vecinos de la España  más diversa. De la que hoy elige pautas políticas para los próximos años.

 

Problemas de vivienda y exceso de cemento

 El año “cero” de la ciudad del Pocero comenzó con pocos vecinos. Allí, en Seseña, en esa planicie enorme en la que creció una ciudad artificial, uno se siente como en un futuro de ciencia ficción, en un solar de soledades que está lejos de casi todo. En donde estaba la nada amanecieron parques, lagos, y un entramado de avenidas primera división. También una escultura que recibe al visitante y le dice donde está: “Residencial Francisco Hernando”. El presidente del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, Carlos Hernández Pezzi, escribió un día una frase que mete miedo: “Con el modelo de construcción social del espacio en España sucede que carece de anclajes al territorio que le da la vida”.

Y la de Seseña quizás no sea más que la más destacada de las historias que plantaron sobre el mapa de España los excesos del cemento de nueva data. Como la de Ciudad Valdeluz, en Ciudad Real. A alguien se le ocurrió construir la estación del tren de alta velocidad de la ciudad en una población de las afueras, en el municipio de Yebes. Alguien escribió después en la web: “El pelotazo viaja en AVE”. Y el resultado fue la construcción de una ciudad de 34.000 habitantes a media hora de Madrid. Hace unos cinco años, Yebes apenas contaba unos 200 vecinos. Allí ha nacido una ciudad nueva.

Como siempre, hay opiniones para todos los gustos. El alcalde de Yebes, el conservador José Antonio Hernández, defiende la iniciativa. Dice que él mismo tuvo que estar un año desescolarizado porque la falta de niños en el pueblo hizo cerrar la escuela. Admite que será un reto integrar a los nuevos vecinos, dotarlos de servicios, pero insistía, en una conversación con Público, que ahora el municipio tendrá futuro.

El decano de los arquitectos de España, Carlos Hernández Pezzi, señala que “hemos apostado por un modelo de ladrillo que no tiene que ver con la nobleza del material sino con su capacidad de generar riqueza rápida”. Y propone un futuro “que pasa por devolver la dignidad al crecimiento de las ciudades en un territorio equilibrado” y por “un cambio radical de cultura”.

Mientras tanto, no falta quien recuerde que algo falló en el modelo de crecimiento de la España reciente cuando, a pesar de que tan sólo en 2007 se inició la construcción de 700.000 viviendas, hay mucha gente para la que es un problema acceder a un piso. Según el Informe sobre la Inclusión Social elaborado por Caixa Catalunya para 2008, si aquellos que viven en casa de sus padres porque no pudieron comprar un techo bajo el que construir sus horas se comprasen un piso, la proporción de pobres entre los menores de 35 años alcanzaría el 43%.