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El mito de las elecciones locales como primarias

Voto escindido. Los expertos señalan que las municipales y las generales no son comparables. El electorado decide dependiendo de cada elección

CAROLINA MARTÍN

PSOE y PP medirán sus fuerzas en las elecciones municipales y autonómicas del próximo 22 de mayo. Una cita importante que servirá para calibrar el poder territorial de cada formación. ¿Y algo más? Tras el batacazo electoral de los socialistas en Catalunya y la ventaja que todas las encuestas otorgan al PP de Mariano Rajoy, los conservadores intentan presentar los comicios locales como unas primarias de las generales de 2012.

Una idea que rechazan los socialistas. El propio José Luis Rodríguez Zapatero, en la última reunión del Comité Federal del PSOE celebrada a finales de octubre, recordó que los resultados de las elecciones municipales no han servido históricamente para predecir el desenlace de los comicios generales.

El nivel de politización es menor en las elecciones locales

La realidad es que los dos principales partidos prácticamente han empatado en número de votos en las tres últimas contiendas municipales celebradas (1999, 2003 y 2007). Nada que ver con el comportamiento del electorado meses después en las generales. En estas últimas, señala el catedrático de la Universidad de Santiago Guillermo Márquez, 'se aprecian siempre diferencias en términos de participación y de votos'. En los comicios locales la abstención siempre está por encima del 30%, entre ocho y diez puntos más que en las generales.

En 2007, los conservadores ganaron al PSOE por 155.000 votos las elecciones de 'segundo orden', como denominan los expertos a las municipales y autonómicas. Sin embargo, los socialistas revalidaron el triunfo en 2008 y aventajaron al PP en un millón de papeletas. En 2003, 123.000 votos dieron el triunfo al PSOE en las locales. Muchos menos de los que preveían los analistas. Y en las elecciones generales de 2004, los socialistas obtuvieron 1,2 millones de votos más que el PP, un 4,9% más que el principal partido de la oposición. En 1999, la victoria de los conservadores fue por una exigua décima y 37.651 papeletas. Pocos meses después, el PP logró una holgada mayoría absoluta en las generales: obtuvo 2,2 millones de votos más que el PSOE, un 10,4% de ventaja.

En 2003, los barones del PP temían un batacazo y no se produjo

Hay que remontarse hasta las autonómicas de 1995, las que transformaron el mapa territorial español, para encontrar una clara victoria en unos comicios locales. El PP consiguió casi un millón de votos más que los socialistas, si bien su triunfo en las generales de 1996 fue más reducido, al ganar sólo por 300.000 papeletas. Según el investigador de Universidad Autónoma de Barcelona Jordi Muñoz, en aquellos comicios se consolidó el sistema de partidos actual, ya que por primera vez el PP 'se situaba como un competidor serio, con una base electoral sólida'. En ese momento, explica, 'se pasó a una situación de alta competitividad electoral', al contrario de la que existía antes.

Vistos los resultados y analizadas las peculiaridades de estos procesos, los expertos se mantienen cautos sobre la capacidad de predicción que pueden tener sobre las generales. Para Muñoz, los comicios locales 'son un termómetro de las generales, pero no quiere decir que sea bueno. Pueden anticipar grandes tendencias, aunque la letra pequeña puede alterarlas'.

Los analistas dicen que hay electores que votan para castigar al Gobierno

En este sentido, el catedrático de la Universidad Pompeu Fabra y coordinador de un estudio del CIS sobre las elecciones autonómicas y locales de 2007, Francesc Pallarés, subraya que las elecciones de 'segundo orden son muy distintas, ya que hay menos cosas en juego', al no decidirse el gobierno del Estado. En una línea parecida apunta el politólogo de la Universidad de Valencia y experto en este campo Pablo Oñate, quien añade que 'la gente está más dispuesta a experimentar con el voto y aprovecha para dar un aviso a los gobernantes'.

Metodólogicamente los tres tipos de elecciones son incomparables, pero sí que guardan alguna relación porque 'las municipales y autonómicas se tiñen de campaña estatal', remarca Oñate. En su opinión, esta afecta, pero no tanto como parece. En este sentido, destaca lo ocurrido en 2003: 'Las elecciones coincidieron con un momento de fuertes críticas al PP y a José María Aznar por la guerra de Irak y el Prestige. Aunque los barones conservadores temían un batacazo, no se produjo el deslizamiento de voto'.

Por su parte, Márquez insiste en que no son comparables porque se celebren en todo el territorio nacional y PSOE y PP presenten candidaturas en más del 90% de los municipios: 'Se celebran elecciones en 8.115 circunscripciones'. El politólogo resalta los intentos de 'contaminación' de las municipales mediante las campañas estatales y califica de 'absurdo' el intento de establecer como 'dogma que el partido que gana las municipales gana las generales'. Algo que ya se pretendió en 2007.

En las ciudades pequeñas, el candidato juega un papel relevante

Los expertos hablan de escisión del voto cuando un elector opta simultáneamente por formaciones diferentes en dos procesos que coinciden en el tiempo. Pero más allá del sentido estricto, reconocen el diferente comportamiento de parte de los electores según el nivel de elecciones en el que participen. Y señalan pautas de comportamiento que se repiten en cada contienda y que lleva a los votantes a cambiar de opción política.

El profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid Alberto Sanz ya expuso en un artículo de la Revista Española de Ciencia Política publicado en octubre de 2008 que, en las elecciones de segundo orden, 'el nivel de politización es menor que en las elecciones nacionales'. Un hecho, señalaba, que 'conllevaría una movilización diferencial en cada tipo de elección'.

Pallarés resalta el peso de los factores locales en las municipales. Sobre todo, en 'los municipios pequeños y medianos donde el candidato juega un papel relevante'. Los expertos destacan que en este tipo de elecciones los votantes procesan una información diferente. Cuanto más cercanos están los electores de los candidatos más influye la gestión local de este y su persona. Y a la inversa: cuanto más lejos están los votantes del sujeto de la elección, más peso tiene el componente ideológico.

En las ciudades de mayor tamaño, Pallarés aprecia la mayor influencia del factor político y cómo los votantes tienen en cuenta lo que ocurre 'en la arena estatal', y si son más próximos al partido que gobierna o al que está en la oposición. Un extremo en el que coincide Muñoz: 'Algunos electores votan pensando en castigar al partido que ocupa el Gobierno central'. Fundamentalmente, los que dieron su apoyo en lasgenerales al partido que está en la oposición.

El cambio o 'deslizamiento' del voto, según Oñate, se produce también entre las generales y autonómicas. Una división que 'se aprecia claramente en Catalunya'. Mientras en las primeras parte del electorado opta por el partido que se aproxima más a su ideología, en el eje izquierda-derecha, en las segundas influye el componente territorial.

Márquez afirma que no se pueden comparar aunque sean a nivel nacional

En el ámbito autonómico, también incide la presencia de partidos regionalistas que tienden a provocar una mayor dispersión del voto y recortar los apoyos a los partidos mayoritarios. El estudio coordinado por Pallarés sobre las elecciones de 2007 pone de relieve que el PSOE fue la formación más perjudicada porque algunos votantes 'prefirieron dar su voto a opciones regionalistas'.

En este sentido, Sanz señalaba en su artículo uno de los motivos que explica la pérdida de apoyos de los partidos mayoritarios en favor de los pequeños. El profesor apuntaba a los incentivos relacionados con la proporcionalidad de los sistemas electorales. 'En España, los autonómicos son, sin excepción, más proporcionales' que el resultante en las elecciones generales. Este hecho, señala, 'puede entenderse como un incentivo para votar más sinceramente en las autonómicas y más estratégicamente en las generales'. Y mientras el primer escenario beneficia a las formaciones más pequeñas, el segundo, las perjudica.

Otra de las razones que apuntan los expertos para explicar el acercamiento entre PSOE y PP en las elecciones municipales está relacionada con el ciclo electoral del Ejecutivo. El catedrático Oñate señala que 'el partido en el Gobierno suele obtener peores resultados en elecciones intermedias', que coinciden con el momento en que 'los gobernantes estatales están en horas bajas'. Esto, explica, puede hacer que el resultado sea más competitivo.

La situación, sin embargo, varia hacia el final del ciclo electoral, justo cuando comienza la campaña. Esto puede obedecer, según Sanz, al 'impacto de la llamada función de popularidad'. De acuerdo con esta teoría, el apoyo al partido de gobierno es máximo tras las generales, mínimo hacia la mitad de la legislatura y vuelve a recuperarse ante los siguientes comicios.

A casi seis meses de las locales y más de un año de las generales, los expertos resaltan la importancia que tendrán las cuestiones económicas, aunque es pronto para hacer 'predicciones'. No obstante, Pallarés no percibe que se vaya a producir en 2011 un vuelco como en 1995. 'No se puede hablar de transformaciones profundas, que alteren de forma importante los alineamientos electorales'.

Por su parte, Muñoz afirma que se puede 'prever el castigo de los electores a los que detentan el Gobierno por la situación económica'. Ahora bien, apunta que se tienen que dar dos condiciones para ese castigo, que 'los ciudadanos atribuyan la responsabilidad al Gobierno y que haya una alternativa creíble'.

La menor participación en las elecciones locales es frecuente. La abstención ha superado el 30% en más de una ocasión. Diez puntos más que en las generales, entre otras razones, porque los electores juzgan que se juegan menos en ellas. De cara a las de 2011, los hay que señalan que podría aumentar por la desmovilización de los socialistas insatisfechos con el PSOE, si bien podría compensarse por la movilización extra de los conservadores. La participación puede verse influida por la percepción negativa de la clase política que, según el CIS, ocupa ya el tercer lugar entre los problemas de España. 'Puede aumentar la abstención', confirma Jordi Muñoz. 

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