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Moreno se sitúa en primera línea como virtual recambio de Griñán

Su horizonte político es 2016, aunque no parará de recibir guiños para que lo adelante

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La fecha: un día de enero de 2001. El escenario: un conocido restaurante de Sevilla. Los comensales: un pequeño grupo de periodistas políticos y tres dirigentes del PSOE de Andalucía, los históricos José Caballos y Luis Pizarro y la recién llegada Mar Moreno (La Carolina, 1962). El motivo del encuentro: introducir a Moreno en los circuitos mediáticos de Sevilla y facilitar su aterrizaje como flamante vicesecretaria de los socialistas andaluces. Transcurrida casi toda la comida y al comienzo mismo de las confidencias más sabrosas, Mar Moreno sorprende a todos los comensales pidiendo que la disculpen, pero tiene que marcharse de inmediato porque acaba de mudarse a Sevilla y le urge cerrar algunos detalles sobre el alquiler de su casa. ¿Era la invitada de honor y dejaba plantados a todos? ¿Qué había ocurrido? Sencillamente, que antes la habían plantado a ella: durante toda la comida Caballos y Pizarro habían monopolizado la conversación y la complicidad con los periodistas, olvidando que el encuentro era precisamente para que Moreno se diera a conocer, no para que apenas la dejaran hablar ni lucirse.

Transcurridos diez años, cabe interpretar aquella escena en clave de estampa premonitoria de la desigual carrera política de Moreno: la generación de dirigentes, entonces ya veteranos, que había conquistado el poder en el partido y en la propia comunidad no estaba dispuesta a ceder su sitio sólo porque en un papel interno estuviera escrito que la número dos era una tal Mar Moreno, abogada de Jaén.

Hace diez años llegó a la pole andaluza demasiado pronto

Una década después, la dirigente jiennense está donde quería, pero ahora no lo está sólo nominalmente. Cuando fue elegida vicesecretaria, auspiciada por Gaspar Zarrías y el propio Manuel Chaves, Moreno estaba tal vez en el lugar adecuado, pero no en el momento adecuado. Ahora, tras ser nombrada consejera de Presidencia y portavoz del nuevo Gobierno de José Antonio Griñán, ya puede decirse que está en el lugar adecuado y en el momento adecuado.

Entre las competencias de su consejería, que viene a ser de hecho una vicepresidencia, figura presidir la reunión de viceconsejeros el llamado Consejillo- donde se prepara el Consejo de Gobierno y donde se cocinan los proyectos gubernamentales. También estará en manos de Moreno la coordinación de las consejerías, vigilar la ejecución de las prioridades marcadas por el presidente, ser el escudo protector de este y decidir sobre Canal Sur.

Quienes conocen a Moreno utilizan estos adjetivos para definirla: comprometida, inteligente, capaz, ambiciosa; suele tener razón, y tal vez por eso no le gusta no tenerla. Su gesto se endurece cuando pierde, pero lo recompone con prontitud. Es lo bastante inteligente para saber que ha llegado su momento, pero también para saber que debe administrarlo con prudencia y lealtad. Su horizonte es 2016, no 2012. Parece una obviedad recordarlo, pero su mandato va a estar plagado de guiños e insinuaciones por parte de quienes tienen demasiada prisa por saltarse a Griñán.

Hace diez años llegó a la pole andaluza demasiado pronto. Ahora ha llegado a esa primera línea de salida en el momento justo. Habrá quien intente hacerle creer que 2016 es demasiado tarde para ser número uno. Administrar con cautela las muchas tentaciones que le aguardan será parte muy principal del difícil trabajo que le espera.

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