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Preferencias y votos

Rubalcaba y Chacón podrían presentarse con opciones de ganar frente a Rajoy 

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Se habla estos días mucho de la sucesión de Zapatero, suponiendo que no se va a presentar por tercera vez como candidato a la presidencia, aunque no haya anunciado tal cosa hasta ahora. En el último Publiscopio se han formulado algunas preguntas para averiguar qué es lo que han oído los electores sobre ello y qué opinan sobre los posibles candidatos socialistas comparados con Rajoy.

Pese a lo mucho que se habla de ello en los medios, la gente no parece todavía demasiado al tanto del asunto. Cuando se les preguntaba en esta encuesta de quiénes se habla como posibles candidatos para sustituir a Zapatero, un 52% no citaban ningún nombre, entre ellos, incluso, un tercio de los votantes socialistas.

Rajoy sólo es preferido porque Zapatero es rechazado

Sólo de tres políticos socialistas saben hoy algunos electores que se habla como posibles candidatos, si no lo fuese Zapatero. El primero, desde luego, Alfredo Pérez Rubalcaba, al que diversos medios han presentado durante estos días como el candidato más probable, en algunos casos con estimaciones sobre el voto que conseguiría; lo menciona el 46,5% de los entrevistados. En segundo lugar, un 12,1% cita a Carme Chacón, y un 7,6%, a José Blanco, aunque ambos aparezcan mucho menos en los medios como tales. Otro dirigente socialista del que se habló hace tiempo como candidato a la presidencia, José Bono, apenas está ya en la conciencia de la gente y lo menciona menos del 1%. Y lo mismo pasa con otros políticos, como Javier Solana y Patxi López.

Esto, sin embargo, mide únicamente la notoriedad actual alcanzada por los posibles candidatos, algo que es función de su presencia en los medios como sucesores de Zapatero.

La desafección de votantes socialistas disminuye con otros candidatos

A los tres posibles candidatos más notorios Rubalcaba, Chacón y Blanco se les enfrentó luego a Rajoy, preguntando a quién se preferiría como presidente. Rubalcaba y Chacón resultaron preferidos a Rajoy por diferencias claras: el vicepresidente, por diecisiete puntos (47,7% a 30,7%), y la ministra de Defensa, por siete (39,6% a 32,6%). En cambio, José Blanco pierde en esa confrontación por cinco puntos (29,9% a 34,8%).

Es interesante observar que la desafección de votantes socialistas, que es un problema electoral grave para ese partido actualmente, parece mitigarse bastante cuando se contraponen estos candidatos a Rajoy, pese a ser ambos miembros del Gobierno: entre los votantes al PSOE de 2008 sólo el 6% en el caso de Rubalcaba y el 7% en el de Chacón-prefieren al candidato del PP como presidente, proporciones que reducen casi a la mitad las que se obtienen en las encuestas recientes en el contraste Zapatero-Rajoy. Y por otra parte, con ambos emerge entre los votantes del PP una cierta desafección con su candidato: un 8% de ellos preferirían a Rubalcaba antes que a Rajoy, y un 6% preferirían a Chacón.

También es interesante analizar las preferencias según las intenciones de voto declaradas por los votantes socialistas de 2008. Entre los que declaran ahora intención de votar al PP, cerca de un tercio, tanto en el caso de Rubalcaba como en el de Chacón, les preferiría antes que a Rajoy, por lo que es posible que cambiasen su intención de voto. Y entre los que dicen encontrarse indecisos en cuanto a su voto, una amplia mayoría preferirían como presidente sea a Rubalcaba sea a Chacón, cuando se enfrentan a Rajoy, lo que también podría sacarles de la indecisión.

Debe advertirse, sin embargo, que no es acertado extraer de las preferencias entre posibles candidatos estimaciones sobre el voto. En las circunstancias actuales esas estimaciones son demasiado prematuras y su valor predictivo es muy escaso.

Una cosa es la preferencia declarada respecto a quién salga elegido presidente y otra muy distinta el voto. Muchos electores que votan (y votarán) a terceros partidos tienen una preferencia definida por uno de los dos candidatos principales. Y muchos abstencionistas prefieren que salga elegido uno mejor que otro, aunque no piensen votar ni a uno ni a otro.

Aun en las encuestas en las que se pregunte explícitamente sobre la intención de voto y no sobre la preferencia entre candidatos, la formulación de la cuestión llama la atención sobre el candidato, induciendo a que la respuesta se adecue a ese criterio. El planteamiento tiende a producir un cortocircuito entre la preferencia para presidente y el voto, llevando la encuesta a estimar un resultado que no se obtendría realmente en unas elecciones, donde se impondrían otros criterios.

Esto no quiere decir, desde luego, que el candidato no influya mucho, tanto positiva como negativamente. La personalidad política de González, en 1982, y de Zapatero, en 2004, influyeron positivamente en el triunfo del PSOE; la de Aznar restó votos al PP tanto en 1993 como en 1996, aunque en ese año ganase las elecciones. Y hoy hacen patente todas las encuestas que el fuerte rechazo que sufre Zapatero, incluso en su propio electorado, resta una parte importante de las intenciones de voto que está perdiendo el PSOE.

Por tanto, el que no se puedan hacer estimaciones de voto basadas en las preferencias para la presidencia no significa que no puedan interpretarse estas en vista a evaluar las perspectivas electorales de los posibles candidatos. La imagen, el carisma personal y el atractivo político del candidato son factores importantes en la decisión electoral y un buen indicador sintético de esos factores es la preferencia entre los que aspiran a la presidencia.

Si no estimaciones de voto, de los datos que presenta hoy el Publiscopio pueden extraerse al menos dos conclusiones orientativas sobre las perspectivas electorales. La primera de ellas es la fragilidad de la posición de Rajoy, que sólo es preferido porque Zapatero es rechazado, y que deja de serlo en cuanto se le enfrenta a otro candidato verosímil. La segunda es que hay varios al menos dos posibles candidatos socialistas que podrían enfrentarse a Rajoy con posibilidades de ganar las elecciones.

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