Bestiario trumpista
J. D. Vance, Marco Rubio, Susie Wiles, Robert F. Kennedy Jr... Donald Trump se ha rodeado de una serie de personas que han ido adquiriendo cierto protagonismo a lo largo de estos meses.

Por Juan Losa
Periodista
La corte que acompaña a Trump durante estos primeros 500 días tiene nombre y apellidos. Procedentes de diferentes orígenes, con trayectorias diversas y cada uno con su carácter, el presidente se ha conseguido rodear de una serie de personas que han ido adquiriendo cierto protagonismo a lo largo de estos meses. Aquí un pequeño muestrario.
J. D. Vance
J. D. Vance encarna como pocos la elasticidad moral del trumpismo, habida cuenta de los contorsionismos que le han llevado de referirse a Trump como “el Hitler de América” a convertirse en uno de sus principales arietes. Y en ese singular periplo, dos extremos: la publicación de sus exitosas memorias, donde aborda el abandono de las clases obreras blancas del Medio Oeste; y el discurso que dio en Múnich en abril de 2025 en el que acusaba a Europa de limitar la libertad de expresión de la extrema derecha. En ese ínterin, Vance se ha erigido abanderado del viraje emprendido por el conservadurismo estadounidense, caracterizado —entre otros desvelos— por un feroz nacionalismo económico, una línea dura contra la migración y su particular obsesión anti-woke.
Marco Rubio
Marco Rubio se las vio con Trump en las primarias de 2016. Rubio se burló de las “manos pequeñas” de Trump, llegando a deslizar una insinuación de índole sexual: “Ya saben lo que dicen de los hombres con manos pequeñas... No puedes confiar en ellos”. Trump repelió el ataque y bautizó a Rubio como “el pequeño Marco”. Al no tener principios, Rubio adoptó los de su rival. Así, de defender políticas migratorias proclives a la regularización ha pasado a la dura retórica antimigrante y, ya de paso, erigiéndose en el matón del “patio de atrás”, con secuestros de presidentes o bloqueos energéticos. Vende que es hijo de exiliados castristas, pero en realidad sus padres salieron de Cuba años antes de la revolución. Fake news hasta en su biografía.
Susie Wiles
Los que conocen a Susan Wiles coinciden en que es la única persona capaz de templar el ego de Donald Trump. Conocida como la “estratega silenciosa”, su labor al frente del Gabinete presidencial y, muy especialmente, su papel como jefa de campaña en las elecciones de 2024 le han granjeado la absoluta confianza de su jefe, quien llegó a decir de ella que es “la mujer más poderosa del mundo, pues con cinco llamadas podría destruir cinco países”. Su mirada nos habla de alguien habituado a la oscura trastienda del poder. Solo se le reconoce un error a la “silenciosa” Wiles: el día que dejó de ser silenciosa y le dijo a un periodista de Vanity Fair que Trump tenía la personalidad “de un alcohólico que, aunque no bebe, se cree capaz de cualquier cosa”.
Jared Kushner
Jared Kushner es, en sí mismo, una oda al nepotismo. Hijo del turbio promotor inmobiliario Charlie Kushner —amigo íntimo de Benjamin Netanyahu— y marido de la hija mayor de Trump, Ivanka, reconoce que pasó a tomarse en serio las aspiraciones presidencialistas de su suegro en la campaña de 2015, cuando comprendió que existía otro EEUU, ajeno al mundo de privilegios en el que él y los suyos vivían instalados. Desde entonces no ha hecho sino ganar influencia en el entramado de poder trumpista, tal es así que se ha convertido en uno de los principales asesores de Trump en Oriente Medio. Es uno de los ideólogos de la “nueva Gaza”, el despropósito que busca levantar una suerte de resort turístico sobre los escombros del enclave.
Steve Witkoff
Steve Witkoff salta a la primera línea de la política desde el green de un campo de golf. Como lo oyen. Su carta de presentación no era otra que haber compartido hoyos y confidencias con Trump, quien le confió en enero de 2025 la misión de enviado presidencial especial para Oriente Medio, cometido para el que no tenía la menor noción de diplomacia. ¿Qué podría salir mal? Witkoff representa una nueva forma de entender las relaciones internacionales en la que los rigores institucionales pasan a un segundo plano en pro de las afinidades personales. Prueba de ello es la polémica suscitada tras la filtración de una conversación telefónica suya con un asesor de Putin en la que daba consejos a los rusos para negociar con el presidente estadounidense.
Stephen Miller
Miller no engaña a nadie. Su ideario extremista no es flor de un día. Viene de muy lejos, en su caso de la secundaria, cuando organizaba charlas con líderes ultraconservadores. Aquel niño echado al monte es ahora jefe adjunto de gabinete de la Casa Blanca, un puesto desde el que urde las iniciativas más duras que está llevando a cabo Trump. Suya es también la ofensiva emprendida contra aquellas universidades, medios e incluso instituciones federales que se consideren sospechosas de wokismo. Muestra del extremismo que maneja son unas declaraciones del magnate durante un acto el pasado octubre: “Me encantaría que [Miller] subiera al estrado y contara lo que piensa de verdad. Quizá no sus pensamientos más verdaderos. Pueden ir un poco demasiado lejos”.
Pam Bondi
A Pam Bondi, la fiscal general a la que Trump destituyó en abril, lo de la apariencia de imparcialidad nunca le preocupó demasiado: llegó a colgar una pancarta con el rostro del magnate en la fachada de la sede del Departamento de Justicia. El cometido de Bondi era muy concreto y estaba dispuesta a llevarlo a cabo, a saber: controlar políticamente el caso Epstein e investigar y procesar a los adversarios políticos de Trump. Pero por más que lo intentó, fracasó. Su gestión de los expedientes del caso no fue la esperada: muchos consideraron que sus declaraciones fomentaron el recelo de que la Administración ocultaba información. Y en lo referido a los enemigos de Trump, la falta de pruebas le impidieron ser lo expeditiva que le hubiera gustado a su jefe.
Kash Patel
Kash Patel parece tener un problema de alcoholismo. Así se desprende de un reportaje en el que más de una veintena de fuentes anónimas de los servicios de Inteligencia del país y del Departamento de Justicia corroboran que el actual director del FBI ha protagonizado sonrojantes episodios de “extrema embriaguez” en locales de Washington D. C. y Las Vegas. El caso es que en más de una ocasión sus colaboradores han tenido que despertarle; incluso una vez tuvieron que intervenir los cuerpos especiales para forzar las puertas de su oficina al encontrarse este en estado de embriaguez. Lejos de intentar solucionar estos problemas con el alcohol, Patel incluso graba su nombre en botellas de bourbon que regala a modo de obsequio en actos públicos.
Robert F. Kennedy Jr.
Aceite de hígado de bacalao y vitamina A. Esa es la receta para combatir el sarampión que propone Robert F. Kennedy Jr., responsable de Salud. Un delirio que se añade a una larga lista de despropósitos y teorías conspirativas, tales como que las vacunas provocan autismo, que el consumo de Prozac está detrás de los tiroteos masivos en las escuelas del país o que los productos químicos en el agua convierten a los niños en transgénero. La paranoia pseudocientífica que gestiona es muy severa y genera escalofríos. Abogado ambientalista sin ningún tipo de titulación en salud pública ni en medicina, reconocía hace apenas unos meses que nunca tuvo miedo al covid, actitud que justificaba alegando que había “esnifado cocaína sobre la tapa de un inodoro”.
Kristi Noem
Una imagen perseguirá toda la vida a Kristi Noem, responsable hasta el pasado marzo del Departamento de Seguridad Nacional. En ella aparece Noem con una gorra, una camiseta blanca y un Rolex valorado en 50.000 dólares; al fondo, cientos de hombres apiñados en la megacárcel salvadoreña a la que EEUU deportó más de 250 migrantes el año pasado. Estos son los números que deja Noem: más de 20 personas muertas bajo custodia del ICE, 70.000 encerradas en centros de detención, al menos 4.000 niños detenidos y 700.000 personas deportadas. No tuvo reparos en tildar de “terroristas domésticos” a Renée Good y Alex Pretti, los dos estadounidenses asesinados por los agentes migratorios en Mineápolis. Aquello fue demasiado incluso para Trump, que la cesó.



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