Este artículo se publicó hace 7 años.
Una ciudad para jugar

Por El Quinze
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Han pasado de ser los dueños de la calle a apenas pisarla sin alguien a su lado que vele por ellos. Los niños han acusado el desarrollo de Barcelona, donde el espacio público está cada vez más disputado. A la perpetuación del coche como rey del asfalto se han unido otros fenómenos más recientes, como la masificación turística o la irrupción de los patinetes eléctricos, que obligan a lidiar con un sinfín de elementos que dejan poco espacio para el ocio callejero y espontáneo de los más pequeños. El Ayuntamiento de Barcelona ha decidido tomar cartas en el asunto y ha elaborado el primer Plan del juego en el espacio público, para que este sea más jugable. Implica atender a las necesidades infantiles a la hora de diseñar la ciudad, sin olvidar aspectos menos visibles, como atajar el excesivo hiperproteccionismo de los padres con sus hijos.
Una de las primeras medidas ha consistido en retirar los carteles que prohíben jugar a pelota en la calle. Y, hasta el año 2030, se han previsto 63 actuaciones, en sintonía con las recomendaciones de la ONU, que buscan garantizar el derecho al juego, inherente a la infancia. El plan llega tras años de peticiones vecinales y de la síndica de Greuges, y se inspira en la experiencia de ciudades como Londres y Dublín, que cuentan con estrategias para favorecer el juego incluso en hospitales y servicios públicos. También toman como referencia las ideas del pedagogo italiano Francesco Tonucci, quien sostiene que "una ciudad adecuada para la infancia es una ciudad adecuada para todos".
Se trata de un cambio de paradigma que empieza por la concepción de los parques. "Están más pensados para que los adultos estén tranquilos que para que el juego de los niños sea potente, autónomo, libre y creativo", remarca la directora del Institut Infància i Adolescència, Maria Truñó, que ha coordinado el plan, presentado a pocas semanas de que se agote el primer mandato de Ada Colau (BC).
Fijémonos, por ejemplo, en un clásico tobogán. No es lo mismo que solo haya espacio para un niño a que quepan dos. Así pueden interactuar mientras juegan, algo que contribuirá a definir la actitud con la que afronten la vida. Truñó explica que diversas investigaciones científicas han demostrado que jugar durante la infancia ayuda a que las personas sean "más resilientes", con lo que, ya de adultos, tendrán más herramientas para encarar "situaciones más complicadas". Imma Marín, que preside la Asociación Internacional por el Derecho de los niños y niñas a jugar de España (IPA España), añade que la Academia Americana de Pediatría relaciona "la falta de juego libre y al aire libre con la depresión infantil y el estrés".
Tener una ciudad más jugable puede ayudar a combatir el sedentarismo –hasta el 29% de niñas y el 23% de niños de entre 3 y 14 años no juegan nunca en el parque, según un informe de la Agència de Salut Pública de Barcelona– y también puede resultar beneficioso tanto para pequeños como para mayores. "No es patrimonio de los niños jugar", recalca Truñó, porque la actividad física también mejora el bienestar y la salud física y mental de los adultos.
En la definición del plan barcelonés han contribuido más de 400 personas entre entidades y expertos –entre ellas Marín y Truñó–. Entre las demandas más recurrentes están las de crear espacios de encuentro con agua, sombra, bancos, zonas verdes y lavabos, y elementos como toboganes gigantes y parques deportivos con tirolinas y skateparks.
Antídoto antiestrés frente a la inactividad
Estimular la creatividad también figura entre las peticiones. "Pisar distintos tipos de suelo, ver hormiguitas que van de un sitio a otro, trepar por alguna instalación...", enumera Marín, que también dirige la consultora Marinva. Es la misma inquietud de algunas madres. "Hay elementos de juego, pero no dan juego", constata Maria Garcia en la plaza del Diamant de Gràcia, mientras su hijo de año y medio interactúa con otros niños. Junto a ella está Judit Arpa, maestra infantil, y ambas echan en falta más verde y arenales. En Gràcia hay mucho espacio para el peatón, pero apenas hay vegetación. Montse Vila tiene un hijo de ocho años y recuerda que, cuando era más pequeño, este terminaba entreteniéndose en la poca tierra de los árboles de la plaza de la Vila. Sin embargo, Gino Labate, que tiene un niño y una niña, ve a Barcelona preparada para las familias. "Hay una gran diferencia con Italia", remarca.
En la capital catalana hay 878 áreas infantiles. No se reformarán todas de una tacada, pero se pondrá fin a la construcción de zonas nuevas en las que sólo se instalen un par de muelles para balancearse. Además, se han diseñado algunas áreas singulares, incluso con participación infantil, para estimular el afán explorador de los niños. En este 2019 se prevé instalarlas en Jardins de la Indústria (Eixample), Parc Central de Nou Barris, Parc de la Pegaso (Sant Andreu) i avenida Meridiana (Sant Martí).
Desde hace unos meses, ya hay una en la plaza del Sol de Gràcia. Consiste en unos rombos por donde los niños y niñas pueden trepar. La instalación debía servir para desplazar el botellón, pero algunas noches la ingesta de alcohol callejera se traslada también al parque. Alrededor no hay bancos. "El parque está muy bien, pero, ¿dónde nos sentamos los que no lo utilizamos?", se pregunta Jordi mientras observa a su hija.
Que haya más bancos también es la demanda de un grupo de adolescentes parcos en palabras sentados en una barandilla del parque infantil que hay en la plaza de la Revolució. El barrio de Gràcia, de hecho, constituye un buen termómetro sobre la evolución del juego infantil. Montse Vila recuerda que hace algún tiempo un guardia urbano les advirtió con una multa porque los niños jugaban en el suelo con tizas. "Los perros se pueden mear y los niños no pueden pintar con una tiza", lamenta.
En el Consistorio indican que en ningún lugar está escrito que no se pueda pintar una rayuela con tiza. Aunque otros juegos sí que estaban explícitamente vedados desde hace años: en la plaza del Diamant ya no luce el cartel de prohibido jugar a pelota, un veto incluido en la ordenanza del civismo aprobada en diciembre de 2005, con Joan Clos (PSC) como alcalde. Maria Truñó reflexiona que se había tendido a gestionar el espacio público "a partir de la queja de los vecinos", si bien el Ayuntamiento subraya que las sanciones por molestar son residuales y nunca se imponen a los niños: en 2016 fueron ocho, en el 2017, tres, y el año pasado no hubo ninguna.
En Gràcia han empezado un proyecto por el cual el niño deja su pelota de cuero en una tienda y le entregan una de espuma. "El mensaje es que se juega pero también se convive con otras cosas", remarca la coordinadora del plan. Diversificar el juego es, de hecho, una de las asignaturas pendientes en muchos patios escolares. Una escena recurrente es la de una gran pista central, donde quienes no juegan a fútbol –que acostumbran a ser más niñas que niños– quedan relegados a los laterales. "La idea es que la pista deportiva pierda centralidad y se generen rincones diferentes", concreta Truñó. El año pasado, el 30% de centros educativos públicos tenían patios adecuados o en proceso de transformación, y la idea es doblar su número, por lo menos hasta 120.
Aún no se ha detallado el calendario definitivo, pero los domingos está previsto cerrar algunas calles principales para destinarlas al juego. En Terrassa, en el Vallès Occidental, ya lo hacen una semana al año. También se atenderá la demanda histórica de los caus y esplais para los sábados. Y se están diseñando microintervenciones en el barrio del Eixample para sacar los coches de delante de las escuelas: comerle espacio al vehículo privado es uno de los ejes del mandato. Se busca incrementar las fuentes y los juegos con agua, cocrear con los jóvenes parques deportivos urbanos, como por ejemplo de skate, y abrir chiringuitos en los parques para tener lavabos y juegos en préstamo. Además, se pretende garantizar que las áreas de juego sean plenamente accesibles –ahora solo lo son una cuarta parte–, así como crear un servicio de apoyo a los niños que tienen alguna discapacidad.
CUANDO LOS NIÑOS Y ADOLESCENTES CODISEÑAN PLAZAS Y PARQUES
Los parques infantiles suelen tener formas muy estereotipadas, que invitan poco a soñar con mundos imaginarios, mientras que en los patios escolares el fútbol suele acaparar demasiado espacio. Lo más común es que del diseño de estos espacios se hayan encargado los adultos, aunque hay excepciones: están multiplicándose las iniciativas en las que se escucha a los niños, hasta el punto de que se genera un proceso de cocreación de las nuevas zonas infantiles o de redefinición de las existentes. El camino no está exento de sorpresas, con demandas como que los parques tengan diversidad de usos e incluso que incorporen espacios para todas las generaciones, y a veces también hay que vencer las reticencias que generan algunas propuestas.
Una de las experiencias más recientes se desarrolla en la escuela Prat de la Manta, en L’Hospitalet de Llobregat. Francisco Rubio, de la cooperativa de trabajadores culturales La Fundició, explica que desde hace tres años desarrollan proyectos relacionados con la exploración del espacio público desde la perspectiva de los niños. Este curso le ha tocado el turno al patio, pero cuando se ha planteado reducir el fútbol han resurgido ideas prefijadas, que Rubio resume así: "A mi hijo no le quitéis el fútbol". Entre las primeras acciones, figura la introducción de materiales reutilizados para inventar juegos, como cajas de madera, tubos de cartón, cuerdas y ropa. La idea es que más adelante no solo sean elementos efímeros.
En Granollers acumulan casi dos décadas de experiencia en la cocreación de parques, y cuentan ya con un abanico de ideas que a los mayores seguramente no se les habrían pasado por la cabeza. Desde el año 2000, funciona el proyecto Fem un jardí, con el cual los alumnos de una escuela "participan desde el momento cero hasta el final" para generar un nuevo parque infantil, explica el cuarto teniente de alcalde y responsable de Obras y Proyectos, Albert Camps (PSC). Cada alumno dibuja una propuesta, luego la consensúan en clase y los servicios municipales la hacen viable en función del espacio. "Siempre necesitaríamos el triple o el cuádruple de metros cuadrados", reconoce.
Camps hace hincapié en que son "proyectos importantes de ciudad", cuyo presupuesto puede rondar los 200.000 euros. El primer espacio que se abrió tras este proceso fue el Parc de les Cinc, que fue codiseñado con alumnos de primaria de la escuela Granollàrius. Siempre se busca que tengan algún elemento singular, y en este caso fueron las plantas aromáticas. Ya son cinco los espacios codiseñados en dos décadas y, el último, en el barrio de Can Bassa, incluye una novedad: se ha dibujado con estudiantes de secundaria, casi un centenar, de primero de ESO del instituto Celestí Ballera.
Se ha buscado que un mismo espacio sea apto para todas las edades: en él conviven juegos infantiles, una especie de rocódromo para no tan pequeños, zonas para que los runners puedan estirar y máquinas para que los ancianos se mantengan activos. "Salió de ellos", resalta Camps, refiriéndose a los alumnos. Este diseño entronca con nuestro carácter juguetón, en palabras de Albert Soler, del Área de Servicios a las Personas. "Somos la única especie animal que se dedica al ocio y el juego hasta la última etapa de la vida", añade. En Granollers cuentan con más experiencias, como la campaña A l’escola hi vaig a peu, desarrollada entre 1997 y 2001. Alumnos de primaria marcaban los itinerarios seguros para llegar al colegio e imponían multas simbólicas a los coches mal aparcados, detalla la responsable del Servicio de Educación, Liboria Luna.
Más diversidad y menos fútbol
Santa Coloma de Gramenet también ha decidido escuchar a los niños y jóvenes. En el anterior mandato ya impulsaron un skatepark codiseñado, y ahora el Ayuntamiento ha dado un paso más. La arquitecta y directora municipal de Urbanismo, Zaida Muxí, explica que la escuela del barrio Riu Nord tiene dos espacios públicos próximos, pero solo se utiliza uno. Se hizo un proceso participativo con alumnos para diagnosticar el motivo. "Intentamos trabajar con la infancia cuando hay un proyecto", indica Muxí, que también recuerda que "una ciudad más jugable tiene que ver con hacer que esté más pacificada, con menos coches". De los alumnos surgieron demandas como que haya más diversidad, de forma que los juegos de pelota no lo invadan todo, y que se instalen juegos de trepar, fuentes y lavabos públicos.