Este artículo se publicó hace 7 años.
El reto del turismo

Por El Quinze
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Los alrededores de la plaza Europa y Gran Via Sud, en la frontera invisible que separa Barcelona de L’Hospitalet de Llobregat, se han convertido en pocos años en uno de los grandes polos de actividad económica en Catalunya. En la última década, el distrito económico Fira Barcelona-Gran Via, en L’Hospitalet, se ha desarrollado a la velocidad de la luz. Centros comerciales, rascacielos que dan cobijo a grandes corporaciones internacionales, hoteles, restaurantes o centros de convenciones han proliferado para acoger a un turismo de negocios que Barcelona no puede absorber.
El Consistorio de la segunda mayor ciudad de Catalunya –con más de 250.000 habitantes– entiende que la multiplicación de hoteles y visitantes es algo positivo, pero las entidades vecinales y algunos partidos de la oposición se quejan de los problemas que el cambio de modelo de ciudad está empezando a generar: gentrificación, subidas de más del 50% del precio de los alquileres, iniciativas que dejan fuera a las comunidades, creación de servicios que algunos vecinos consideran innecesarios, desatención de casos sociales... En una ciudad con rentas bajas y un problema de pobreza energética patente, los vecinos y vecinas no acaban de entender que L’Hospitalet se presente al mundo como destino turístico.
Un arma de doble filo
La moratoria a la construcción de nuevos complejos hoteleros en Barcelona –activada en 2015 y que afectó a una treintena de proyectos– y la aprobación del PEUAT –el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos– se presentaron como una oportunidad para el desarrollo hotelero en el ámbito metropolitano de Barcelona, sobre todo en las ciudades más cercanas a la capital, como Badalona, Santa Coloma de Gramenet o L’Hos-pitalet de Llobregat. Daniel Pardo, miembro de la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible (ABTS), cree que la dinámica que desde hace años afecta a la capital catalana se está empezando a reproducir en los municipios del entorno. "Cuando saltaron las alarmas en Ciutat Vella, otros barrios se frotaron las manos dispuestos a acoger a los turistas. Y ahora eso mismo ocurre con L’Hospitalet", apunta Pardo. De hecho, cuando se aprobó la moratoria en Barcelona, en 2015, Núria Marín (PSC), alcaldesa de L’Hospitalet de Llobregat, aseguró que recogía el testigo con agrado.
"La moratoria de Barcelona propició que muchas empresas mirasen hacia L’Hospitalet de Llobregat por su proximidad y su buena comunicación con la capital catalana. Eso hizo que nuestro plan urbanístico y las inversiones fuesen un poquito más rápido. Pero para cuando Barcelona aprobó la moratoria, nosotros ya habíamos empezado a desarrollar el sector hotelero en nuestra ciudad", puntualiza ahora Marín. También Francesc Belver (PSC), primer teniente de alcalde del área de Coordinación, Planificación, Desarrollo Económico y Ocupación, deja claro que "antes de que se aprobase la moratoria en Barcelona, la ciudad ya tenía un plan de desarrollo de instalaciones que databa de 2006", y añade que "desde entonces, el Plan no se ha modificado".
Daniel Pardo, sin embargo, cree que "bajo el eufemismo de la concentración en Barcelona, lo que se está haciendo es desplazar el turismo, ampliar el campo de batalla", y alerta de que con este movimiento "todo es susceptible de ser vendido para el consumo turístico". Ana Anguita, de la Associació de Veïns i Veïnes de Santa Eulàlia 5 Carrers, agrega, en la misma línea, que la moratoria de Barcelona catapultó a los inversores hacia la periferia más inmediata: Collblanc, la Torrassa y Santa Eulàlia. "Estamos hablando de barrios con rentas bajísimas, con diferencias de hasta 5.000 euros entre las rentas más altas y las más bajas, y con unos niveles de pobreza energética considerables", sostiene.
Una treintena de hoteles en dos décadas
Para hacerse una idea de la magnitud del crecimiento de la infraestructura hotelera en la ciudad, hay que remontarse al año 2000, cuando L’Hospitalet de Llobregat no contaba con ningún hotel. Hoy hay 18. "Quien quiera, siempre con la ley en la mano, construir un hotel en nuestra ciudad, tendrá las facilidades necesarias para hacerlo. Lo hemos hecho en el pasado, lo estamos haciendo en el presente y lo haremos en el futuro. Ahora mismo tenemos el planeamiento aprobado y los terrenos para acoger nuevas promociones. Estimamos que en 2022 tendremos nueve instalaciones hoteleras más en nuestra ciudad", explica Marín. Si todo sale tal y como está planeado, en tan solo 20 años L’Hospitalet habrá pasado de no ofrecer alojamiento hotelero alguno a contar con casi una treintena de hoteles: cerca de 4.000 plazas de alojamiento para el turismo.
Aunque en L’Hospitalet de Llobregat también recale cierto turismo de ocio, debido sobre todo a la proximidad de la ciudad con Barcelona, la mayoría del turismo que llega a la población es de negocios, vinculado básicamente la actividad de Fira Barcelona-Gran Via. Habitaciones funcionales y simples, destinadas a ejecutivos y ejecutivas, conforman la infraestructura hotelera de un L’Hospitalet que no deja de crecer, con una apuesta municipal por la rehabilitación de zonas antes marginales y la creación de nuevos servicios.
Tanto Marín como Belver apuestan por un modelo de gestión turística que vaya más allá de los municipios. "Lo ideal sería que hubiese un trabajo conjunto del desarrollo turístico de Barcelona y el área metropolitana, ya que hay muchos factores implicados, como el sistema de transportes u otras cuestiones, que afectan a la movilidad de los vecinos. Creemos que es un error que cada municipio tenga su propia política de gestión turística", dice Belver. Para los socialistas de L’Hospitalet de Llobregat, un vistazo general al área metropolitana podría aportar nuevas soluciones y una política turística "más razonable y eficiente", ya que la situación actual "hace perder oportunidades".
Quizás sea este el único argumento en el que coinciden asociaciones de vecinos y vecinas y Administración, aunque lo hacen por motivos muy diferentes. Según las entidades vecinales, una gestión metropolitana del turismo sería una buena forma de compartir sus experiencias y podría evitar que se reprodujeran patrones negativos para las ciudades. Para la Administración, en cambio, la gestión conjunta del turismo que acoge Barcelona y el área metropolitana resultaría muy útil para no perder posibles inversiones.
De ciudad dormitorio a sufrir gentrificación
En pocos años, L’Hospitalet de Llobregat ha pasado de ser una ciudad dormitorio a ser una urbe con un ajetreado distrito económico y una creciente escena cultural. "Hasta hace poco, la gente veía L’Hospitalet de Llobregat como un suburbio de Barcelona. En pocos años, y gracias a la dedicación del Ayuntamiento, las entidades y la ciudadanía, le hemos dado una vuelta. Ahora somos una ciudad con una actividad económica potente, con proyectos y con el objetivo de poner de relieve el talento local", dice convencida la alcaldesa. Considera que Barcelona "se ha quedado pequeña para algunas cosas", y destaca la apuesta del Ayuntamiento de L’Hospitalet para facilitar la llegada de proyectos a la ciudad. "No queremos que las oportunidades huyan de las realidades metropolitanas", agrega.
Loli Colás, de la Associació de Veïns Collblanc-La Torrassa, no lo ve así. Recuerda que grandes empresas de fuera de la ciudad se están haciendo con edificios enteros. "¿Quién cuida de los ciudadanos y ciudadanas de esta ciudad? Hay rentas muy bajas, gente que paga alquileres con renta antigua y familias en situación de vulnerabilidad. El desarrollo del turismo y el Distrito Cultural no debería ser una prioridad para esta ciudad", cuestiona Colás, que asegura que la entidad ha observado un incremento de los casos de presiones (mobbing) para echar a los vecinos en ciertas zonas. También mantiene que se está produciendo un fenómeno que los vecinos y vecinas del barrio del Raval, en Barcelona, conocen bien: la degradación intencionada de los inmuebles. "Se dejan de arreglar edificios enteros para que los habitantes se vayan. Y ya hemos empezado a ver algunos movimientos extraños en algunos sitios: creemos que están entrando mafias y ya se han dado algunas ocupaciones con total impunidad", apunta.
"El tipo de turismo que tenemos, de negocios, genera pocos conflictos en nuestra comunidad", aseguran en la alcaldía, aunque no menciona el ritmo trepidante de desahucios o el cierre de pequeños comercios que no pueden asumir el aumento de los alquileres. Colás, por su parte, recuerda que existe un tipo de alojamiento turístico que que ya genera problemas: los albergues de juventud. "Atraen a un tipo de turismo que no gusta en los barrios. En la calle 11 de Setembre, cerca del Camp Nou, hay uno de estos establecimientos que ya ha generado problemas, como peleas o suciedad en la calle. En los barrios cercanos a Barcelona se empiezan a ver carteles en inglés. Es una señal de que algo está cambiando", dice.
Colás, que además de pertenecer a la Associació de Veïns Collblanc-La Torrassa trabaja en Servicios Sociales, asegura que conoce a personas mayores que han tenido que dejar el piso y mudarse a una habitación porque no pueden pagar la subida de los alquileres. "Es una pena lo que se está haciendo con la gente del barrio y de la ciudad", lamenta.
Cerco a los pisos turísticos
Si bien en un principio el Ayuntamiento vio como una excelente oportunidad la moratoria de Barcelona respecto a la concesión de licencias de alojamientos turísticos, los problemas asociados a la proliferación de este tipo de hospedaje no tardaron en llegar a una ciudad que hasta el momento no había sufrido las consecuencias negativas del turismo descontrolado. En abril de 2017, y tras un alarmante incremento de las peticiones de licencias para abrir este tipo de alojamientos, el Consistorio se vio obligado a aplicar una moratoria que afectaría a pisos turísticos, albergues de juventud, hostales y pensiones en edificios de viviendas, para evitar que ocasionasen molestias a las comunidades de vecinos y vecinas. "No teníamos miedo a que pasase lo mismo que en Barcelona, pero cuando vimos que la petición de licencias para alojamiento turístico se disparaba, decidimos pararlo a tiempo. Hoy hay 400 pisos turísticos en la ciudad; si lo comparamos con Barcelona u otras ciudades europeas, la cifra es insignificante", asegura la alcaldesa.
En noviembre, la moratoria se convirtió en una Modificación del Plan General Metropolitano (MPGM), que salió adelante con los votos favorables del PSC, Ciutadans, PP, PDeCat y dos concejales no adscritos. Canviem L’H, ERC y la CUP-Poble Actiu votaron en contra, argumentando que la normativa no contemplaba la posibilidad de que los fondos de inversión adquirieran edificios enteros y especularan con ellos para construir vivienda turística, lo que contribuiría a acelerar la gentrificación de algunos barrios de la ciudad
–posiblemente los más cercanos a Barcelona– y tendría como consecuencia inmediata la expulsión de los colectivos más vulnerables.
Ana Anguita reconoce que la modificación de este plan contiene un preámbulo seductor, pero matiza que no convence a aquellos que conocen los barrios desde dentro y saben de sus problemáticas. "En L’Hospitalet, las personas en mayor riesgo de exclusión social tienen un perfil claro: mujeres sin pareja, con hijos a su cargo y con una renta baja. Y las subidas del precio de los alquileres no solo afectan a los perfiles más vulnerables, sino que también condicionan al pequeño comercio. ¿Sabes que dentro de poco cerrará la última papelería de la Torrassa? Han subido tanto el alquiler del local que las personas que la llevan tienen que dejar el negocio", explica Anguita, entre la indignación y la tristeza.
Tras la modificación, las viviendas turísticas solo se podrán establecer en edificios con categoría exclusiva de alojamiento turístico. El nuevo marco regulador también contempla medidas que regulan este tipo de complejos. Por ejemplo, los edificios con pisos turísticos solo se podrán dar en calles que tengan ocho metros de ancho, y no podrá haber vivienda turística en plantas bajas. Si una vivienda plurifamiliar colindase con un alojamiento turístico, este último tendrá que dotarse de una puerta de entrada separada. A la nueva normativa le falta aún la aprobación de la Generalitat de Catalunya. Mientras tanto, la moratoria de 2017 seguirá vigente. Ahora está abierto el período de alegaciones y se prevé que la aprobación definitiva llegue este mismo mes.
UNA CIUDAD EMERGENTE
La proximidad del aeropuerto de Barcelona-El Prat, las buenas conexiones con el centro de Barcelona –gracias a una nutrida red de metro, autobuses y ferrocarril– y una amplia gama de servicios ofrecidos por varios centros comerciales de la zona han sido cruciales para la revitalización económica de L’Hospitalet. Otros factores determinantes han sido el desarrollo de la Ciutat de la Justícia y la cercanía del recinto de Fira de Barcelona, que desde hace unos años es sede de acontecimientos de gran impacto internacional, como el Mobile World Congress (MWC), el Sónar, Alimentaria o Cities for Rights.
EL 'BOOM' HOTELERO, DE LA MANO DEL MOBILE WORLD CONGRESS
Las elevadas cifras de participantes en el Mobile World Congress (MWC) se traducen, año tras año, en una ocupación hotelera completa en Barcelona y los municipios del entorno durante los días que dura el congreso, y también bastante elevada durante los fines de semana anterior y posterior al acontecimiento. La plataforma de vivienda turística Airbnb aseguró el año pasado que durante el congreso unas 45.000 personas pernoctaron en este tipo de alojamientos, lo que supuso un aumento del 12,5% respecto a la edición de 2017.
Para la alcaldesa de L’Hospitalet de Llobregat, Núria Marín, no solo el MWC, sino todas las actividades que se generan alrededor del evento tienen un impacto positivo en la ciudad. "También hay efectos no tan positivos, como el entorpecimiento del tráfico o la movilidad, pero, desde que se han abierto las nuevas líneas de metro, este aspecto ha mejorado", asegura. Según la alcaldesa, el MWC constituye una gran oportunidad para dar a conocer la ciudad y ofrecer sus hoteles y sus servicios. A pesar del impacto económico que el MWC tiene en L’Hospitalet de Llobregat, el primer teniente de alcalde, Francesc Belver, reconoce que todavía queda mucho trabajo por hacer para acercar el evento al ciudadano. "El encuentro entre vecinos y vecinas con los participantes del congreso es mínimo. El recinto ferial está en un lugar donde no existe una masa de vecinos y vecinas importante, con lo que el evento no produce un impacto relevante en la cotidianidad de la ciudadanía. Aunque sí que se observa un impacto económico importante en el comercio y la restauración", asegura.
Las asociaciones de vecinos y vecinas lo ven distinto. "El Ayuntamiento se llena la boca hablando de la riqueza que se genera en el distrito Fira Barcelona-Gran Via y de todo lo que generan eventos como el MWC, pero lo cierto es que esas ganancias no revierten en la población; nosotros no vemos los beneficios por ningún lado", dice Ana Anguita, de la Associació de Veïns i Veïnes de Santa Eulàlia 5 Carrers.
La ecuación parece sencilla: el crecimiento año tras año de la magnitud del MWC ha sido una de las causas principales de la proliferación de hoteles en el distrito económico de Fira Barcelona-Gran Via, hecho que no gusta a los vecinos y vecinas, ya que para ellos se ha traducido en una subida dramática del precio de los alquileres, la presión a las comunidades y la dificultad para acceder a vivienda de compra.