Este artículo se publicó hace 7 años.
Salvar las bodegas que custodian el pasado

Por El Quinze
-Actualizado a
Parecía que habían quedado atrapadas en el tiempo, pero llegó la moda del vermú y las bodegas tradicionales barcelonesas recobraron el protagonismo. Atesoran décadas de conversaciones en compañía, bebida en mano. Pero el hecho de haber custodiado el alma de la ciudad no ha sido suficiente para estar a salvo de los desmanes del mercado inmobiliario. El cierre discreto a finales de julio de la Bodega Carlos, en la calle Rector Triadó del barrio de Hostafrancs, ha precipitado la intervención del Ayuntamiento, que se ha dado un año para explorar cómo proteger 31 de estos locales. La medida municipal de elaborar una lista no incorpora a todos los de la ciudad y ha cogido a muchos comerciantes por sorpresa, pero confían en que se halle una solución duradera.
Lo que ha hecho el Consistorio de momento ha sido suspender durante un año la concesión de licencias y permisos de obras en una selección de 31 bodegas, para evitar que se produzcan cambios mientras se evalúa su incorporación en el Catálogo de Protección Arquitectónico, Histórico y Paisajístico de los Establecimientos Emblemáticos. Para la teniente de alcaldía de Urbanismo, Janet Sanz, estas bodegas forman parte del "patrimonio popular" de la ciudad. "Debemos preservarlas sí o sí, porque hacen que Barcelona sea una ciudad reconocible, con identidad y personalidad", aseveró cuando anunció la iniciativa. La voluntad es disponer de una propuesta de protección a principios de 2020.
Por ahora no se ha evitado el cierre de la Bodega Carlos, pero el local está en la lista y se han puesto las bases para que no desaparezca definitivamente por un proyecto inmobiliario. Es un bajo amplio, con barra de mármol, neveras de las antiguas y grandes toneles. Hasta hace pocos días, tenía a Carles Estrada al frente. Aquí se podía tomar un café por solo 1,05 euros o comer un menú de mediodía entre semana por 8,75 euros, precios que ya son una rara avis en Barcelona.
"Hay sitios muy populares, como el Starbucks, pero aquí me encuentro como en casa. El servicio está bien, la comida está buena y el precio es razonable. Si un día entras, vuelves", reflexionaba días antes del cierre Dani Ainoza, de 46 años, junto con Dani Casadevall, de 36. Ambos se consideran clientes "nostálgicos" de lugares como este, donde los parroquianos suelen estar ya jubilados. Los últimos días la bodega se convirtió también en un rastro en el que podía adquirirse la máquina registradora, una botella de ginebra de año impredecible o un arcón congelador. Dani Ainoza se llevó un Mercedes y un Ford Fiesta en miniatura de recuerdo. Uno para él y el otro para su hijo.
Urbano Beltran también fue a despedirse de un local al que acudía "la juventud de Barcelona de más de 70 años", como él, que justo tiene 70. "Tendremos que poner una calle con tu nombre, por aguantarnos", le dice a Carles mientras entra en el establecimiento. Aquí se podían comer "los mejores callos, capipota, pies de ministro u oreja", acompañados con vinos del territorio, detalla Urbano.
La finca se edificó en 1900 y un año después se estrenó como fonda. Cambió de manos y en 1974, con 14 años, Carles empezó a trabajar de aprendiz de camarero cuando el local era una bodega restaurante. Tomó las riendas del negocio en 2014. Entonces ya sabía que, cuando se agotara el contrato, la propiedad tenía otros planes: vender la finca para que se construya un nuevo edificio. Asegura que a él ya le va bien así. "Estoy cansado, necesito una pausa", asevera, si bien entre quienes han empujado al Consistorio a mover ficha hay quien sostiene que Carles no daba tan por hecho que los planes se acabarían ejecutando, de modo que se habría planteado continuar. Lo apunta Albert Moyano, que ha contribuido a reflotar dos bodegas –Montferry, en Sants, y Carol, en el Clot–, y que se encarga del blog En ocasiones veo bares. Él es optimista sobre el futuro de la Bodega Carlos por la tarea municipal y porque ya habría una candidata a seguir con el negocio.
Punto de encuentro vecinal
Albert Moyano ha colaborado con el Ayuntamiento para definir la lista de 31 locales. Solo hay una tienda; lo demás son bares. Entre las que no figuran en el listado está la Bodega Grau, ubicada en la calle Xifré, en el barrio del Camp de l’Arpa del Clot, donde venden vino embotellado y a granel, y que además hace funciones de colmado, aunque no es un bar. Se reivindican como un punto de encuentro vecinal y defienden que, "si no hay comercio, no hay barrio". Así lo sostiene Damià Grau, de 57 años, junto a su padre, Àngel Grau, de 90, que tomó las riendas del negocio en 1970. Nadie en la familia quiere tomar el relevo, pero el hijo vería con buenos ojos que su comercio estuviera en la lista si alguien manifestara la intención de seguir. Los Grau sitúan las subidas del alquiler como el principal obstáculo para ello.
"El patrimonio no se acaba en las 31 bodegas", asevera Albert Moyano, quien se muestra dispuesto a ampliar la lista, pero en un primer momento han priorizado "sobre todo lugares céntricos, que son caramelos", como en Gràcia y Ciutat Vella, donde advierte de que, "cuando entra un especulador, decapita". Para él, estos negocios "no pueden desaparecer; la gente los quiere". Lo ideal sería proteger la actividad, más allá del mobiliario, una petición recurrente de la Asociación de Establecimientos Emblemáticos, pero que el Consistorio barcelonés ve poco factible.
Mientras tanto, las bodegas siguen a lo suyo. La cocinera Leonor Manerba, de 37 años, mantiene el Celler Miquel de su suegro, entre la Sagrada Família y el Hospital de Sant Pau, pero los turistas entran poco. Ya paga más de 800 euros de alquiler, aunque este sea de renta antigua, y pide que la iniciativa municipal se concrete ya. "Las bodegas son cultura, son lo que se llevaba antiguamente, y cuando se las carguen todas, entonces, ¿qué hay?", se pregunta. Rafael Ortiz lleva 34 años en la Bodega Cal Pep de Gràcia, diez de ellos como responsable, y ya paga más de 1.100 euros por el alquiler del local. "Si lo subieran mucho más, no lo podría pagar", advierte. Le quedan tres años para jubilarse, pero ya tiene a alguien que querría continuar.
En la Bodega Fermín, Rosa Roig, de 49 años, es la segunda generación. Ha continuado con el negocio que el padre abrió en 1964 y no esconde su preocupación por el problema del alquiler. "A veces se aplican subidas que los locales antiguos no pueden asumir y deben cerrar", corrobora. En la Bodega Sergio, en cambio, el local es de propiedad y no tienen intención de traspasar el negocio familiar, que empezó en 1975 y en el que la clientela, mayoritariamente de la Barceloneta, "ya forma parte de la decoración", relata Esther Roldán, la propietaria.
Marc Miñarro, de la Montferry, asumió hace seis años un negocio que puede que ya tenga más de 60. "Si realmente hay alguien detrás que quiere seguir, y aquello sirve como engranaje del barrio, es una pena que no se intente llegar a un acuerdo", defiende. Entretanto, en el local, Josep desayuna el bocadillo del día –de tortilla de patata, queso y chorizo– un vaso de vino, sus aceitunas y su cortado. Para él, acudir también es "apoyar a la gente que ha evitado que esto se cierre".
LAS 31 BODEGAS A PROTEGER
El listado incluye bodegas de todos los distritos excepto Les Corts y Sarrià-Sant Gervasi. Gràcia, con nueve, es el que más tiene.
Gràcia
Bodega Marín (Milà i Fontanals 72-74)
Bodega Iturre (Sardenya 361)
La Vermuteria del Tano (Bruniquer 30)
Bodega Cal Pep (Verdi 141)
Bodega Casas (Providència 91)
Bodega Costa Brava (Sant Salvador 64-66)
Bodega Manolo (Torrent de les Flors 101)
Bodega Quimet (Vic 23)
Can Ros (Roger de Flor 303)
Ciutat Vella
Bodega Montse (Arc de Sant Agustí 5)
Bar del Toro (Sant Gil 2)
Bodega La Masia (tienda) (Sant Pau 56)
Bodega Sergio (Sant Miquel 101)
El Moll del Rebaix (Sevilla 37)
Bar Leo (Alcanar 21)
L’Eixample
Bodega Vendrell (Diputació 110)
Bar Gelida (Diputació 133)
Bodega Gol (Parlament 10)
Celler Miquel (Castillejos 345)
Sants-Montjuïc
Bodega Salvat (Sagunt 51)
Bodega Montferry (Violant d’Hongria 105)
Bodega Carlos (Rector Triadó 27)
Bodega Nadal (Constitució 130-134)
Sant Martí
Bodega Carol (Aragó 558)
Bodega Fermín (Indústria 273)
Bodega Sopena (Clot 55)
Bodega J. Cala (Pere IV 460)
Horta-Guinardó
Bodega Massana (Horta 1)
Bar Bodega Lepanto (Club Petanca Guinardó, Ronda Guinardó 46)
Nou Barris
Bodega Eduardo (Joaquim Valls 66)
Sant Andreu
Bodega Lluís (Pinar del Río 74)