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Arabia Saudí La alianza saudí con Israel busca dibujar otro Oriente Próximo

Arabia Saudí está experimentando tensiones desconocidas hasta ahora de la mano de su hombre fuerte, el príncipe heredero Mohammad bin Sultan. Las tensiones no solo tienen lugar dentro del reino sino también en el conjunto de la región. Después de haber perdido la batalla contra Irán en Irak y Siria, Bin Sultan no está dispuesto a arrojar la toalla en otros frentes.

Un hombre caminando en Arabia Saudí entre los carteles con la imagen del rey Salman bin Abdulaziz y del príncipe heredero Mohammed bin Salman. /RETUERS

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

Tras perder la batalla contra Irán en Irak y Siria, Arabia Saudí se esfuerza para que no le ocurra lo mismo en Yemen y Líbano. Esto sucede mientras en el reino se lleva a cabo una purga de gran envergadura contra quienes podrían rivalizar con el príncipe heredero en su carrera hacia la corona que todavía posee su padre.
Los reveses del joven Mohammad Bin Sultan se multiplican. La misma campaña contra Catar está suscitando un efecto contrario al deseado, y en lugar de aislar a Catar ha hecho que ese país se acerque más a Irán y Turquía, de manera que el aislamiento decretado por Riad y sus aliados en junio último no está surtiendo los efectos esperados.

En Líbano, donde todo indica que los saudíes han pretendido dar un golpe de gobierno, tampoco han cosechado éxito. El primer ministro libanés, Saad Hariri, que el pasado 4 de noviembre dimitió sorprendentemente desde Riad, tiene previsto regresar a Beirut en las próximas horas y nada indica que la tensión de los últimos días vaya a provocar un cataclismo en el pequeño país.

Estas decepciones del príncipe sin duda lo van a acercar más a Israel. Hace ya varios meses que disponemos de indicaciones muy claras en ese sentido. La última de ellas: la semana pasada, el jefe del ejército israelí, el general Gadi Eisenkot, concedió una entrevista a un diario saudí, un hecho sin precedentes que no se hubiera producido de no haber contado con el visto bueno de Bin Salman.

Bin Salman ha apostado fuerte por Israel por dos motivos. En primer lugar porque comparte con el estado judío una profunda animadversión hacia Teherán, y considera que todos los males de la región tienen su origen en la república islámica. Naturalmente, Israel es el mayor enemigo de Irán y ve en este embrollo una manera de romper el hielo con los países suníes de la zona.

Bin Salman ha detenido a príncipe saudíes a los que se esta torturando. La purga se presenta como un paso necesario para combatir la corrupción

En segundo lugar, Bin Salman considera que Israel posee una enorme capacidad de influencia en Estados Unidos y puede aprovecharla para impulsar el aislamiento de Irán y para que Washington sancione el relevo del rey Salman por parte de su hijo.

Estas circunstancias están debilitando la posición de Bin Salman y su dependencia de Israel se está convirtiendo en su talón de Aquiles. De hecho, todos los movimientos de Bin Salman en el tablero de Oriente Próximo, que, según distintos medios árabes y hebreos, ha visitado en más de una ocasión el estado judío, juegan a favor de Israel antes que a favor de Riad.

Hace solo unos días Bin Salman recibió en Riad al presidente palestino, Mahmud Abás, y según ha trascendido le amenazó con forzar su dimisión si no atendía las demandas de Washington para lograr un acuerdo de paz con los israelíes, lo que muestra su dependencia de Israel. Este fin de semana los israelíes han filtrado algunas de las demandas de Washington, entre la que figura que ninguna colonia judía de los territorios ocupados será desmantelada.

Bin Salman prioriza sus relaciones con Israel sobre todo lo demás, y esto es una mala noticia para Oriente Próximo que se suma a la de que el presidente egipcio, Abdel Fattah al Sisi, también depende de Israel para mantenerse en el poder con el respaldo de los americanos.

Por si esto fuera poco, Donald Trump ha dado luz verde a Bin Salman en todas las direcciones. La purga que el hombre fuerte inició el 4 de noviembre cuenta con el apoyo tácito de presidente republicano, quien en ningún momento ha criticado las acciones de Bin Salman, incluso cuando ha trascendido que se está torturando a príncipes saudíes que han sido detenidos por orden suya.

La purga se presenta como un paso necesario para combatir la corrupción, y se produce poco después de que Bin Salman haya adquirido un yate valorado en 500 millones de dólares. Entre los más de 200 detenidos hay príncipes que hasta ahora eran muy poderosos, como Mutaib bin Abdullah, hijo del anterior monarca y ministro de la Guardia Nacional desde 2013 hasta que fue detenido el 4 de noviembre.

El Príncipe Heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman, en una reunión con Emmanuel Macron este mes en Riyadh. /REUTERS

Mutaib fue arrestado junto con otros príncipes influyentes en la esfera política y económica a quienes Bin Salman acusa de enriquecerse mediante maniobras corruptas. Ahora el príncipe heredero parece encontrarse en un hotel de Riad que ha sido habilitado como prisión de una parte de los detenidos. Este paso sin duda va a crear desconfianza entre los agentes económicos saudíes y extranjeros.

De momento se han intervenido cientos de cuentas bancarias y se ha dicho que el Tesoro Saudí va incrementar sus fondos con 1 billón de dólares cuando termine la operación. Pero quizá lo más destacado es que el equilibrio que había existido entre distintos príncipes en el campo de la seguridad se ha quebrado.

Bin Sultan ha sido ministro de Defensa desde el primer día del reinado de su padre, y ahora también tiene su mano encima del ministerio del Interior, que ha estado en poder del príncipe Mohammad bin Nayef hasta su reciente defenestración, y también sobre la Guardia Nacional que dirigía Mutaib.

El camino hacia el trono está despejado pero las tensiones que Bin Salman ha creado dentro y fuera de Arabia Saudí no desaparecerán de la noche a la mañana, y sin duda traerán peores noticias para la región.

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