El sha, los muyahidines y los reformistas compiten por llegar al poder en un Irán con la izquierda devastada
Mientras la población iraní protagoniza una revolución para tumbar al represivo régimen de los ayatolás, las potencias regionales y occidentales tratan de posicionar sus intereses apoyando a un líder u otro.

Madrid--Actualizado a
Tras 20 días de protestas, 168 horas de cortes de Internet y una dura represión, las revueltas civiles en Irán han entrado en un punto muerto. Por el contrario, la diplomacia internacional trabaja a marchas forzadas, dividida entre quienes buscan calmar las aguas entre Washington y Teherán -como los países del Golfo y China- y quienes ultiman sus posiciones para sacar tajada de un potencial cambio en Irán. La apertura del espacio aéreo iraní y supuesta cancelación de cientos de ejecuciones, según las declaraciones del presidente de EEUU, Donald Trump, indican que, aparentemente, van ganando los primeros.
Sin embargo, la portavoz del Gobierno estadounidense, Karoline Leavitt, ha hecho hincapié en que "todas las opciones continúan sobre la mesa". No ayudan a disipar la incertidumbre las comunicaciones entre Rusia e Israel en relación a Irán o el viaje de David Barnea jefe de la inteligencia israelí -Mossad- a EEUU. Varios analistas consultados por Público consideran que estas maniobras forman parte de una inevitable cuenta atrás hacia el fin del actual gobierno de los ayatolás que, sin embargo, no tendría por qué desembocar en un cambio de régimen. Ante este escenario, los opositores de Alí Jamenei, especialmente los más conservadores, recaban apoyos extranjeros para recibir el favor de Washington.
Todos ellos se postulan a liderar un cambio que han protagonizado algunas de los sectores de la sociedad iraní más castigados, como los kurdos, las mujeres, los trabajadores industriales e incluso los comerciantes, históricamente favorables a los ayatolás. Sobre sus cuerpos ha recaído la brutal represión del régimen, que según los datos de HRANA ya ha acabado con la vida de 2.478 manifestantes y ha arrestado a otros 19.097. La organización también ha registrado las muertes de 163 militares y otros funcionarios del gobierno iraní durante los enfrentamientos.
El heredero de la dinastía Pahlavi
Se llama Reza Korosh Pahlavi y ha vivido la mayor parte de su vida en EEUU. Se autoproclamó heredero del trono persa en 1980, tras la muerte en el exilio de su padre, Mohammad Reza Pahlavi. Un año antes, su autoritario y corrupto gobierno había sido derrocado por una revuelta social. Posteriormente, esta revolución decantó en una dictadura teocrática contra la que ahora se revela, de nuevo, el pueblo iraní. El heredero del trono persa se postula actualmente como una de las alternativas al régimen de los ayatolás, como ha explicado en sus intervenciones en la FOX. Según publicó Axios, a principios de enero, Pahlavi se reunió con Steve Witkoff, emisario de Donald Trump, en lo que se ha interpretado como un sondeo de las capacidades del sha para asumir el control del país.
Pese a la aparente afinidad entre Pahlavi y la administración Trump, el presidente estadounidense se ha mostrado dubitativo sobre el papel que este podría tener en el futuro de Irán. "No sé cómo se comportaría en su propio país (...) no sé si aceptarían su liderazgo. Si lo hiciera, me parecería bien", dijo el magnate en una entrevista concedida a Reuters. "Después de lo de Venezuela, vemos que lo que le gusta a Trump son las actuaciones "espectaculares", cortas y de riesgo reducido", ha explicado a Público Haizam Amirah Fernández, director del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC).
Este tipo de intervención, considera el experto, solo es posible si el potencial líder de Irán cuenta, además de con un amplio apoyo social, con la aprobación de los militares y de otros órganos de poder. La analista iraní y colaboradora de Público, Nazanin Armanian, cree que la monarquía cuenta con una "amplia infraestructura" en Irán. Según la experta, estos apoyos podrían estar dentro del Ejército Nacional -una de las dos fuerzas militares de Irán junto a la Guardia de la Revolución Islámica, fiel al ayatolá- y dentro del SAVAMA, los servicios de inteligencia iraníes. Este organismo surgió de la adaptación del SAVAK -servicios de inteligencia del sha- al nuevo régimen de los ayatolás.
En esta transformación, explica Armanian, tuvieron un papel importante EEUU y el Mossad israelí, ya que durante sus primeros años de vida su principal misión fue la de acabar con los partidos comunistas y socialistas. Es decir, los enemigos comunes de Occidente y los ayatolás. Para Armanian, el hecho de que el Mossad acabara con la vida de una veintena de generales de los guardias islámicos es una prueba del grado de infiltración que los israelíes han logrado en Irán. Además, la cercanía entre Netanyahu y Pahlavi se hizo evidente en 2023, cuando la familia real persa visitó los territorios palestinos ocupados por Israel.
Muyahidines del pueblo o CNRI
En España son conocidos como el Consejo Nacional de Resistencia Iraní (CNRI) y son el brazo político del extinto grupo armado MEK -muyahidines del pueblo de Irán, por sus siglas en persa-. Al inicio de su creación, en los años sesenta, el grupo tenía un carácter marxista e islámico, que más tarde evolucionó hacia posturas más aperturistas en lo religioso y partidarias de la democracia en Irán. Sin embargo, el culto a su líder, Massoud Rajavi, y la violencia con la que operaban dentro y fuera del territorio persa, le dieron apariencia de secta. Por ello, hasta principios de siglo, tanto el MEK como el CNRI integraron las listas de organizaciones terroristas de EEUU y la UE.
En 2012, el grupo armado anunció su disolución y, un año más tarde, el CNRI financió la campaña de Vox en las elecciones europeas, como los propios miembros del partido de ultraderecha han confirmado en varias ocasiones. Su actual líder, Maryam Rajavi, esposa del fundador del MEK, ha sido recurrentemente fotografiada con líderes de extrema derecha, como el exdirigente del PP y fundador de Vox, Alejo Vidal-Quadras. El CNRI cuenta además con el favor de varios halcones de EEUU, entre los que se encuentra John Bolton, el ex secretario de Estado estadounidense durante el primer mandato de Trump, o el ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, también amigo del magnate.
Estos vínculos podrían abrirle el camino a los seguidores del CNRI si no fuera por la falta de apoyo popular que, según Armanian, tienen los antiguos miembros del MEK en Irán. La analista explica que la supuesta aversión hacia este grupo se remonta a la guerra entre Irak e Irán (1980-1988), cuando los combatientes del MEK se unieron al presidente iraquí, Saddam Hussein, cuyas tropas atacaron algunos pueblos iraníes cercanos a la frontera. "Miles de niños y mujeres fueron asesinados por los iraquíes, y eso a los iraníes no se les olvida", concluye la analista. "Se les ve como traidores".
Reformistas del régimen islámico
El primero de los presidentes de Irán que se presentó ante los votantes como un líder aperturista fue Mohammad Jatamí, quién gobernó entre 1997 y 2005. Su apuesta por una mayor libertad de prensa y una reducción del control moral, sin embargo, no fue bien recibida por Jamenei ni por la guardia islámica. Una versión más moderada de aquella visión fue la aplicada por Hassan Rouhani (2013-2021), quién firmó el acuerdo nuclear de 2015 con el entonces presidente estadounidense, Barack Obama. El llamado Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) fue cancelado por Donald Trump durante su primer mandato, lo que reactivó la espiral de tensión que desembocó en enfrentamientos de junio de 2025.
Hacia el final de su mandato, la relación de Rouhani con los comandantes de la Guardia de la Revolución Islámica se hizo cada vez más tensa. En la actualidad, el ex presidente, pese a que ha sido alejado de las esferas de poder, hace declaraciones públicas habitualmente, en las que ha criticado la represión de las fuerzas de seguridad del estado. Los analistas consultados por Público creen que si EEUU finalmente interviniera en Irán podría optar por reinstaurar en el poder a alguno de los políticos iraníes moderados, o a algunos de sus discípulos. Esta también podría ser la preferencia de la UE, pese a que la capacidad de influencia en la región es más bien limitada.
El reguero de muertos que han dejado las protestas, sin embargo, podría haber marchitado esta opción antes de tiempo. "Al final son iguales que el resto", evidencia Nazanin Armanian, "hablan bien pero aceptan lo que dice la sharia [ley islámica]". Por eso, la analista cree que, de entre todas las fuerzas conservadoras en la oposición, son los monárquicos los que podrían tener alguna posibilidad.
¿Qué ocurre con las fuerzas progresistas?
Las fuerzas progresistas iraníes, explica Armanian, se encuentran diezmadas dentro del país después de casi cinco décadas de represión islamista. Aun así, algunas sobreviven en la clandestinidad, con apoyos puntuales en el extranjero. Es el caso de los seguidores del ex primer ministro iraní Mohammad Mosaddeq, derrocado por la CIA en 1953, los militantes del Partido Comunista y los grupos kurdos socialistas.
El primero goza de un enorme prestigio social debido a que logró la nacionalización de la industria petrolera en 1951. Sin embargo, "no tienen organización dentro de Irán, aunque sí fuera del país", ha explicado Armanian. Fue la cercanía de Mosaddeq con las diferentes familias de la izquierda lo que llevó a EEUU a propiciar su caída para reinstaurar en el poder al sha. El monarca permitió que una empresa con sede en Washington se quedara con el 40% de la producción de petróleo iraní y aprovechó su vuelta a Teherán para aplastar a los grupos políticos de izquierdas, muchos de cuyos líderes fueron asesinados o se exiliaron.
Entre ellos estaban los militantes comunistas que sufrieron "prácticamente un extermino", subraya Nazanin Armanian. Sin embargo, todavía hoy cuentan con algunos apoyos dentro de los centros de trabajo iraníes, especialmente las fábricas. "En Irán sigue habiendo proletariado, obreros que trabajan en la industria petrolífera", explica Armanian. Su militancia, aclara, es "bastante clandestina" debido a que "en todas las fábricas y centros de estudios hay personal de los servicios de inteligencia islámicos". Pese a todo, cuenta la analista, los comunistas han tratado de "mantener su militancia y su programa en el extranjero" con la esperanza de que se crearan las condiciones para "un Irán socialista, democrático, laico y respetuoso con los grupos étnicos".
Solo el 60% de Irán es persa. El 40% restante de la población del país es kurda, baluche, árabe o perteneciente a alguno de los muchos pueblos túrquicos de Irán. Según Nazanin Armanian, algunos grupúsculos kurdos han logrado mantener cierta identidad política cercana al socialismo. Estos cosechan afinidades entre las juventudes iraníes, si bien su alcance está enormemente castrado por la persecución y represión de la República Islámica.
Que algunos de los grupos progresistas opositores al régimen de los ayatolás puedan contar algo de apoyo social no significa que cuenten "con el favor de los militares o de los centros de poder", ha advertido Amirah Fernández. Tampoco parece que sea esto lo que desean las potencias extranjeras. Tal y como recoge la Estrategia de Seguridad Nacional de Donald Trump, publicada en noviembre de 2025, el magnate opta por un "realismo flexible" en el que EEUU pueda mantener "relaciones comerciales pacíficas con las naciones del mundo" sin que eso signifique "imponerles cambios democráticos o sociales que difieran ampliamente de sus tradiciones e historias".
Así pues, un cambio de la raíz del sistema político iraní podría dar lugar a enfrentamientos internos que chocarían con los intereses de Trump y de sus aliados en la región, las monarquías del Golfo. Finalmente, arguye Haizam Amirah Fernández, "la decisión la va a tomar Trump con la influencia de las agendas e intereses de actores [internos y externos] que tratarán de influir en la dirección que les convenga".


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