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BANCO CENTRAL EUROPEO Draghi prepara su legado en el BCE: tipos a cero y estímulos en la recámara

Tras las elecciones europeas, llegan los relevos al frente de las instituciones comunitarias, entre ellas el Banco Central Europeo. El actual responsable de la política monetaria quiere dejar su impronta para sacar a la economía del euro de su anemia.

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El presidente del BCE, Mario Draghi | AFP

A estas alturas hace ocho años, el italiano Mario Draghi ya conocía que sería la persona que asumiría las riendas del BCE. Aunque su designación oficial -la revelación de su nombre- se retrasara a comienzos de junio de 2011. Su sucesor, sin embargo, sigue estando todavía en el terreno de las quinielas. De las apuestas. Con una larga lista de pretendientes.

Sin embargo, la fumata blanca, la revelación de quién será el cuarto presidente de la historia del BCE, podría ser cuestión de semanas. Incluso de días, si la maquinaria institucional europea, tras las elecciones a la Eurocámara del pasado 26 de abril, se activa a cierta velocidad. Porque junto a la decisión sobre su sucesor, los líderes de la UE podrían revelar casi de inmediato a los máximos responsables de otras instituciones claves para el funcionamiento de la Unión, como la Comisión o el Consejo europeos. Y la terna de los aspirantes -o, para ser más exactos, el juego de nacionalidades de quienes resulten elegidos- va a ser determinante para dilucidar el relevo de Draghi.

Entretanto, el dirigente italiano, está tomando posiciones. Esencialmente, para dejar atadas las directrices de la política monetaria. Al menos, a corto plazo. El sino de toda autoridad regulatoria del sistema bancario. Es decir, para sostener su legado durante algún tiempo. Las próximas citas del Comité Ejecutivo del BCE -la próxima reunión de mercados será el jueves 6 de junio- darán las primeras pautas de por dónde avanzará la autoridad monetaria. Y las predicciones apuntan hacia un mantenimiento del actual status quo.

Dicho de otro modo. A la prolongación de tipos de interés próximos a cero, sin descartar, si la coyuntura de una economía al ralentí, aunque con ciertos bríos tras los cantos de recesión en Alemania y los números rojos en los que ha incurrido Italia entre el último trimestre de 2018 y los primeros tres meses de este año, vuelven a emitir señales de suma debilidad. O si, como advierte el FMI y la propia Comisión en sus diagnósticos de primavera, los riesgos geoestratégicos -esencialmente, las guerras comerciales decretadas desde la Casa Blanca y un escenario de Brexit duro- ensombrecen aún más el panorama.

Imagen de archivo de un cartel del Banco Central Europeo (BCE) al exterior de la sede central. | REUTERS

Radiografía fija del BCE

Los últimos informes internos del todopoderoso servicio de estudios del BCE, con los que acudirá Draghi al cónclave del jueves, inciden en la preocupación de los inversores, que parecen haber perdido confianza en un despegue de la actividad. En este contexto, los datos certifican que los efectos de los estímulos monetarios -básicamente, por la adquisición masiva de deuda soberana, corporativa y financiera, por valor de 3 billones de euros desde junio de 2015 hasta su supresión, al inicio de este año- han surtido efecto.

El servicio de estudios del BCE da una tregua a Draghi: la masa monetaria en circulación y las líneas crediticias están en un punto óptimo

Los créditos privados en general y, más en particular, los formalizados en los mercados inmobiliarios y para la financiación de empresas- se mantienen estables o en ligera alza. Al igual que la masa monetaria en circulación. Síntomas de estabilidad en los sistemas bancarios. Pero también revelan que la zona del euro se siente cómoda con los tipos de interés próximos a cero. A pesar de las quejas de los bancos por lo que juzgan como una anomalía que perjudica su negocio esencial -la intermediación en el mercado de préstamos- y que mengua sus beneficios.

El Gobierno del BCE, además, barajará la opción de rescatar políticas de estímulo si la economía del euro sigue de capa caída o si las amenazas globales se tornan en conflictos mayores. Porque, entre otras razones, los análisis de la entidad descartan vestigios de presiones inflacionistas, el férreo objetivo que exigen sus estatutos al BCE y que establece unos controles de precios inferiores al 2%.

Sin peligro de inflación -el equipo económico de Draghi prevé alzas modestas, del 1,4% este año y el siguiente- y con una anemia del PIB de la zona monetaria persistente -pese al ligero repunte alemán- el consenso del mercado se decanta por el recetario actual del BCE, idóneo para elevar el dinamismo e impulsar con moderación la inflación. Y, si fuera necesario, activar herramientas monetarias para abrir aún más el grifo crediticio.

Al menos, mientras continúe Draghi en el cargo que, por otro lado, serán meses -concluye su mandato en octubre- esenciales para constatar el rumbo de la coyuntura. Tal y como dice Aline Schuiling, economista en ABN Amro, a Bloomberg: “Nuestra base de predicción actual señala a una mayor extensión” de la gestión de Draghi y de sus mecanismos monetarios, “porque el horizonte todavía no está demasiado despejado”.

En línea con las palabras del propio presidente del BCE, que anticipó su predisposición a conservar los tipos próximos a cero, “al menos, hasta final de año” y a activar los estímulos si los gobiernos de los socios monetarios no tienen éxito en su necesario cometido de acabar con la austeridad y poner en marcha programas presupuestarios que espoleen la actividad.

La Comisión prevé un modesto crecimiento del 1,5% este año, apenas tres décimas más que el pírrico comportamiento del PIB del euro en 2018, con un alza ridícula, de una décima, para Italia en el conjunto de 2019, a la que, además, otorga un deterioro fiscal de hasta el 3,5% el próximo ejercicio, un punto por encima del que -augura- cerrará este año.

El presidente de la Fed, Jerome Powell, conversa con Mario Draghi | AFP

Los aspirantes a la sucesión

De entre la lista de candidatos a asumir el cetro del BCE, vuelve a ocupar un puesto relevante el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, cuyas opciones crecerían como la espuma, sobre todo, si la pinza entre liberales y socialdemócratas tumban la pretensión de los conservadores -con la canciller, Angela Merkel a la cabeza-, de convertir al alemán Manfred Weber en el próximo presidente del Ejecutivo comunitario; es decir, en el relevo de Jean Claude Juncker. Porque la carta de Weidmann se debilitaría entre los dirigentes europeos, reacios a conceder dos puestos de suma relevancia y poder a dos halcones -monetario y político- alemanes.

Weidmann vuelve a sonar con fuerza como relevo de Draghi, sobre todo si la alianza entre socialdemócratas y liberales tras las elecciones europeas evita que otro alemán, Manfred Weber, sea el futuro presidente de la Comisión Europea

Weidmann, al que espera Luis de Guindos desde su nombramiento como vicepresidente del banco para capitanear lo que los gurús neoliberales denominan el viaje de retorno hacia la ortodoxia -tipos de interés alejados del cero- ha abanderado esta tesis desde el Bundesbank. Es, para los analistas, el mayor obstáculo que ha tenido Draghi en sus ocho años de mandato. Patrick Artus, estratega de Natixis, en una nota a la que ha tenido acceso Público, considera que “si el nuevo liderazgo del BCE” cae en manos de Weidmann u otro banquero de su tesis monetaria -vuelta al comportamiento que identificó al banco antes de mediados de 2016, cuando se anclan cerca del cero- el precio del dinero en la zona del euro “iniciará de inmediato su escalada, hasta alcanzar el 3,5%”.

Aunque, en su opinión -matiza- hay elementos que se conjuran para expandir, más allá de comienzos de 2020, el inicio de esta maniobra. Entre otros, “el aumento drástico de la deuda, que podría crear otra crisis del euro”, la tendencia de los principales bancos centrales a “rechazar medidas que puedan destruir crecimiento y empleo” y la necesidad de esperar y ver “si los estímulos fiscales emprendidos por Alemania restauran el vigor perdido a su economía”.

El gobernador del Banco de Australia, uno de los que siguió la senda alcista de la Reserva Federal, ya ha avanzado su intención de recortar tipos en junio. Del 0,25%, hasta situarlos en el 1,25%. Y probablemente, otro similar, en diciembre, coincidiendo con el mes en el que Natixis sitúa el primer recorte de la Fed. La pauta monetaria, pues, vuelve a ser laxa en el mundo anglosajón.

Un contexto que perjudica las intenciones de Weidmann, pero favorece a partidarios de Draghi en su carrera sucesoria. Como el finlandés Erkii Liikanen, quien dejó de ser gobernador de su banco regulador este verano para acentuar sus probabilidades; François Villeroy de Galhau, al frente del Banco de Francia; el irlandés Philip Lane -que disputó el puesto a Guindos- o Benoit Coeure, con sillón en el BCE. Todos ellos, creyentes en el dogma de que Draghi salvó al euro y firmes defensores de la política de estímulo de SúperMario, como le apoda el mercado.