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El boicot contra Israel obliga a retirarse de los territorios ocupados a una multinacional

La campaña BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) ha logrado un éxito sin precedentes este mes de abril cuando la multinacional francesa Veolia ha confirmado que se desprende de casi todas sus inversiones en los territorios ocupados palestinos.

 

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

JERUSALÉN – El triunfo más sonado hasta ahora en la ya larga campaña de boicot contra la ocupación militar israelí de Cisjordania y Gaza acaba de producirse, suscitando un importante aliciente para quienes apoyan el final de la ocupación, entre los que se cuentan innumerables ciudadanos occidentales pero no sus respectivos gobiernos.

La gigantesca corporación francesa Veolia ha confirmado a principios de abril la venta de todas sus inversiones en Israel y en los territorios ocupados a un consorcio de California, Oaktree Capital Management, al no poder resistir las enormes pérdidas que le ha causado la pertinaz campaña de boicot que se lanzó en Bilbao en noviembre de 2008.

Veolia se ha desprendido de sus multimillonarias inversiones en áreas relacionadas con el tratamiento de agua, el transporte, los vertederos que utiliza Israel en Cisjordania, y la energía, y por ahora se ha quedado tan solo con su inversión en el tranvía que une varios asentamientos judíos con el sector occidental de Jerusalén, aunque los activistas palestinos y occidentales han anunciado que el boicot contra Veolia continuará mientras siga funcionando el tranvía.

“El movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) ha mostrado que debe pagarse un precio por la participación israelí en la colonización de los territorios palestinos”, ha declarado Mahmud Nawayaa, coordinador nacional del Comité Nacional Palestino del BDS. “Una de las mayores compañías de Europa se ha visto obligada a vender los negocios que tenía en Israel y que vulneraban la ley internacional”

"Se estima que la campaña BDS ha causado a la multinacional francesa la pérdida de miles de millones de dólares"

Se estima que la campaña BDS ha causado a la multinacional francesa la pérdida de miles de millones de dólares, principalmente en Europa, pero también en Estados Unidos y en el mundo árabe, ya que no ha podido concretar contratos multimillonarios en las múltiples áreas que la ocupan.

Diez ayuntamientos de Irlanda y del Reino Unido han rechazado contratos con Veolia y otras 25 corporaciones locales europeas –incluidas las de Londres, Estocolmo y Boston- no le han renovado contratos por el mero hecho de tener negocios en los territorios ocupados. Estos reveses, que han sido posibles gracias al apoyo de líderes locales, sindicatos y partidos políticos, han forzado a Veolia a reconsiderar sus actividades en Cisjordania e incluso dentro de Israel.

Pero los efectos del BDS han llegado más lejos puesto que varias compañías de inversiones europeas y americanas han retirado sus inversiones de Veolia. Estas son algunas de las consecuencias que ha sufrido la multinacional, al menos las que han trascendido, puesto que muy posiblemente el precio pagado ha sido todavía más alto

BDS espera que la decisión de Veolia sirva de acicate a otras multinacionales que invierten en los territorios ocupados y contribuyen de esa manera a expandir la ocupación israelí y mantener el sistema de apartheid, lo que a menudo se traduce en pingües beneficios.

BDS espera que la decisión de Veolia sirva de acicate a otras multinacionales que invierten en los territorios ocupados

La decisión adoptada en París divorcia a Veolia de las líneas de autobuses separadas que ha creado en Cisjordania para uso exclusivo de los colonos judíos, y también la divorcia de los vertederos que había abierto en el Valle del Jordán y en otros lugares, especialmente el vertedero de Tovlan, donde se vierten basuras e inmundicias que se generan en el interior de Israel y en los asentamientos judíos.

“Los movimientos de base del BDS y su activismo en todo el mundo han hecho muy difícil para Veolia que ganara contratos públicos en algunas partes de Europa, Estados Unidos y Oriente Medio, lo que ha forzado a la compañía a reducir significativamente su implicación en los proyectos ilegales que tenía en Israel”, según Mahmud Nawayaa.

No es fácil en estos días encontrar a activistas israelíes que apoyan el boicot contra la ocupación que estén dispuestos a realizar declaraciones en público, especialmente después de que la semana pasada el Tribunal Supremo aprobara un dictamen que autoriza a cualquier israelí a denunciar ante los tribunales a aquellos que se pronuncien a favor del boicot, y donde se prevén importantes sanciones económicas”, comenta Rona Moran, de la ONG Who Profits? (¿Quién se beneficia?).

¿Quién se beneficia? se limita a facilitar información sobre empresas extranjeras que operan en los territorios ocupados y sobre empresas israelíes que exportan desde los territorios ocupados, pero evita cuidadosamente hacer valoraciones al respecto para no incurrir en acciones susceptibles de ser sancionadas por los tribunales.

Se da la circunstancia de que el Tribunal Supremo declara competentes a los tribunales israelíes para pronunciarse sobre las denuncias contra el boicot de la ocupación no solo dentro de Israel sino también “en los territorios que están bajo el control de Israel”, es decir en los territorios palestinos. Uno de los magistrados del Supremo, Hanan Melcer, ha llegado a escribir que el boicot contra la ocupación es “terrorismo político”.

En el próximo mes de julio la campaña BDS cumplirá diez años. Hace una década la pusieron en marcha 171 organizaciones no gubernamentales palestinas para combatir la ocupación y el apartheid que aplica Israel en los territorios ocupados, y en el momento de su fundación se manifestó que debía durar hasta que Israel ponga fin a la ocupación.

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