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La campaña por el desarme nuclear cumple 50 años

Cerca de 5.000 personas festejaron cinco décadas de militancia// Críticas al Gobierno laborista por aprobar la producción de nuevas cabezas nucleares

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Nevó y llovió ayer en Aldermaston, la factoría británica de armas nucleares. Pero el frío no silenció los gritos de protesta, canciones y poemas de las 5.000 personas que respondieron a la llamada de la Campaña para el Desarme Nuclear (CND), que cumple 50 años. Tres generaciones de británicos y japoneses -desde escolares a abuelos- rodearon la verja de la sede de investigación y montaje de las cabezas nucleares de los submarinos Trident.

Conmemoraban la primera manifestación de CND, que desde Londres llegó a Aldermaston durante la Pascua de 1958. Pero los manifestantes también apuntaban con rabia al futuro. La factoría está en proceso de renovación, añadiendo simuladores láser de explosiones atómicas, donde se probarán los sistemas de la próxima generación de cabezas nucleares.
El Gobierno laborista ha dado luz verde al sucesor del Trident y su producción podría comenzar en unos años. "Es una vergüenza. Se gastan una billonada en un proyecto letal en vez de invertir en servicios sociales", critica Pat Arrowsmith, veterana en la lucha.

La primera marcha

Arrowsmith ondea su vieja pancarta con el logotipo de CND, la misma que portó en la primera marcha a Aldermaston. "No éramos muchos, pero esa manifestación fue el trampolín de proyección internacional de la campaña", recuerda. Otro incondicional de la causa, Peter Le Mare, se enoja por tener que regresar al punto de partida. "Hemos esperado demasiado tiempo, la bomba debe desaparecer ya", afirma.

Desde un podio improvisado, la diseñadora Vivienne Westwood se alarma del "desastre ecológico" que causa la producción atómica, y el diputado de la izquierda laborista Jeremy Corbyn critica la última iniciativa de colaboración entre Londres y París, destinada a crear una nueva generación de plantas nucleares en ambos países. "Las industrias nuclear militar y civil están conectadas. Una se alimenta de la otra. Ambas amenazan nuestra salud y seguridad", dijo.

Evelyn Parker tiene una sutil estrategia de protesta. Cada primer lunes de mes, se sienta con unas amigas en la entrada de Aldermaston. "En cuanto asoman los empleados, nos ponemos a hacer punto", explica con picardía. A otras compañeras les han prohibido acampar en el césped que rodea la instalación. "No tiene lógica. Llevan 20 años acampando aquí. Encontrarán la forma de continuar con la protesta", concluye sonriendo Parker.