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Dosis estacional, cerco a los anti-vacunas y pasos de pandemia a endemia: Europa afronta los debates de la era post-ómicron

La administración de inyecciones continuadas cada pocos meses es insostenible y podría sobrecargar el sistema inmunitario, advierte la EMA, que aboga por sincronizar los pinchazos por estaciones, como ya se hace con la gripe.

18/01/2022 Vacunas
Una mujer recibe la tercera dosis de la vacuna contra el Covid-19, en el Hospital Enfermera Isabel Zendal.  Eduardo Parra / Europa Press

La UE no consigue alcanzar el pico de esta sexta ola. Países como Bélgica continúan anotando casos históricos diarios. Uno de cada tres test efectuado es positivo. La variante ómicron aterrizó en el continente poco antes del parón navideño y propició una batería de nuevas restricciones y confinamientos que todavía asoman en parte de los países europeos. La situación en Europa, todavía epicentro global de la pandemia, continúa siendo "muy preocupante".

El hecho de que las primeras pruebas científicas evidencien que los síntomas de la bautizada como variante sudafricana son más leves que los provocados por su antecesora delta ha dejado una lectura positiva por una sección de los expertos: al ser tan contagiosa, ayudará a crear la inmunidad de rebaño y podrá allanar el camino de cara al fin de la pandemia. Pero en el plazo más inmediato, ómicron está dejando en buena parte de Europa a los profesionales sanitarios exhaustos y sigue poniendo a prueba los sistemas de salud.

En esta coyuntura, dar carpetazo al estado de pandemia es el debate que comienza a abrirse en Europa. Países como España son pioneros en advertir de que es necesario preparar, una vez pase el huracán ómicron, el siguiente nivel: el de endemia. Bajo esta etapa, la COVID-19 será tratada como una enfermedad predecible, que registrará picos en las épocas más frías del año. Y como tal, en estos puntos de alza, los países deberán vacunar a sus ciudadanos más vulnerables y con sistemas inmunodeprimidos.

Pero este escenario genera, de momento, controversia entre los expertos. Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Agencia Europea del Medicamento (EMA) lo han calificado como precipitado. Pero Europa afronta la era post-ómicron asumiendo que tendrá que "gripalizar" el coronavirus. El propio Marco Cavaleri, jefe de la estrategia de vacunación europea, ya abre la puerta al primer paso para hacer del coronavirus un virus estacional. Es decir, el italiano aboga por sincronizar los pinchazos con la llegada de temporada de frío, como ocurre cada año con la gripe.

El debate sobre las dosis de refuerzo arrecia

Tampoco hay consenso europeo sobre qué hacer con la cuarta inyección. El debate no es tanto si habrá que administrarla o no, sino cuándo hacerlo para evitar sobrecargar el sistema inmunitario. El regulador de medicamentos de la UE sostiene que las vacunaciones repetidas en intervalos cortos no pueden ser una "estrategia sostenible a largo plazo". A ello, añade que es muy problemático desde el punto de vista operativo de los sistemas de salud y que podría degenerar en más fatiga social. Tampoco hay evidencias científicas de sus resultados, pues nunca antes se ha efectuado una campaña tan masiva y explosiva contra una enfermedad.

La agencia con sede en Ámsterdam no ha emitido un dictamen sobre la idoneidad de administrar o no una cuarta dosis a la población general, aunque hasta la fecha se ha mostrado reacia a una práctica que sí estima "razonable" para la población más vulnerable. Por lo pronto, países como España o Grecia han autorizado el cuarto pinchazo extra para pacientes inmunodeprimidos o con enfermedades crónicas.

La UE espera y anhela que 2022 sea el año que marque el final del coronavirus. Pero este patógeno invisible todavía genera temor y deja muchas incógnitas. ¿Habrá nuevas olas y variantes? ¿Cada cuánto tiempo tendremos que vacunarnos? ¿Seguirán siendo efectivas las vacunas actuales?

Europa comenzaba a acostumbrarse a su anhelada vuelta a la normalidad cuando ómicron irrumpió con fuerza. Un mes después es ya la variante dominante del continente. Los expertos belgas anticipan que no será la última y que el virus continuará mutando. Está por ver en qué forma y alcance. Todos coinciden, eso sí, en que la cuestión no es cómo prepararse para el fin de un virus que ha llegado para quedarse, sino cómo adaptar la cotidianidad a él. En esta línea, son cada vez más los países que reducen las cuarentenas por contagios en una transición progresiva a la "gripalización del coronavirus".

Se estrecha el cerco a los anti-vacunas

En paralelo a estos debates y al avance de ómicron, también preocupa al bloque comunitario la consolidación de las personas anti-vacunas. El 20% de los adultos europeos continúan sin estar inoculados. Y no porque no haya dosis para ello. Ante ello, informes europeos recientes han enfatizado que la vacunación sigue siendo "la mejor protección contra enfermedades graves y hospitalizaciones causadas por ómicron". Dos dosis dan una protección de hasta un 70% frente a las hospitalizaciones y con tres, el escudo aumenta hasta el 90%.

El otro dilema que deja la actual crisis sanitaria es cómo reconciliar las peticiones de cuestión de salud pública reclamados por la mayoría de la población con la negativa a vacunarse que persiste en millones de europeos. Confinamientos exclusivos para los que se resisten a la inyección o exclusión de la vida social han sido algunas de las medidas impulsadas por los Gobiernos nacionales.

Esta misma semana, Francia comenzará a exigir la presentación del certificado de vacunación con pauta completa para subir en un tren, ir al cine o cenar en un restaurante. El pase covid –que admitía test o recuperación- es ya el pase de vacunación. En la vecina Bélgica también se estudia esta medida como medida de disuasión para los escépticos. Más allá van Italia, Austria e Italia que impondrán sanciones económicas para que ellos que siguen rechazando los sueros. Países del Este como Bulgaria, amparándose en los temores de su pasado comunista, son incapaces de tomar medidas de contundencia que reviertan una tendencia que deja a menos del 30% de su población inmunizada. El otro desafío de la Europa post-ómicron es evitar una recuperación socioeconómica a dos velocidades que incremente todavía más la brecha de la desigualdad.

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