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Los franceses sancionan a Sarkozy

Numerosas ciudades liquidan alcaldías de la UMP y optan por los candidatos de la izquierda

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Los franceses confiaron masivamente ayer las llaves de la mayoría de sus ayuntamientos y sus consejos departamentales a la izquierda, en la segunda vuelta de unos comicios locales que cobró tintes de auténtica sanción sin matices para el presidente Nicolas Sarkozy sólo diez meses después de su llegada al poder.

Tras París y Lyon, la semana pasada, Amiens, Reims, Blois, Caen, Angulema, Quimper, Metz, Perigueux, Saint Etienne, Angers, Pau, Lille... Larga es la lista de grandes ciudades que optaron por renovar el mandato de sus alcaldes de izquierdas.

En casos como el de Perigueux, donde el ministro derechista Xavier Darcos intentaba conservar la alcaldía, los votantes no dudaron en cerrarles el paso. Varias alcaldías que llevaban tres décadas en manos de la derecha, dieron el gran salto. Sólo Calais y Agen efectuaron el camino inverso, según los resultados disponibles ayer por la noche.

Las primeras estimaciones de voto a pie de urna a nivel nacional indicaban que la izquierda recogió, en las municipales, en torno a un 49,5% de los votos, superando en dos puntos a la derecha (47,5%).

En la otra segunda vuelta celebrada ayer, la de las elecciones llamadas cantonales para renovar los ejecutivos provinciales, la izquierda aventajaba a la derecha por un tanteo más abultado. La derecha perdería al menos cinco departamentos y se quedaría en 45 por 56 de la izquierda.

Los resultados de Marsella, Toulouse y Estrasburgo, tres grandes aglomeraciones controladas por la derecha y consideradas test, caían muy lentamente ayer por la noche a causa de un método de recuento municipal particularmente complicado.

Los tanteos parciales indicaban que la derecha podría conservar Marsella y perdería Estrasburgo. Toulouse contaba y recontaba votos en situación de ligera ventaja para la izquierda.

La avalancha rosa (socialistas), roja (comunistas) y verde permitió al primer secretario del PS, François Hollande, decir que 'la izquierda es hoy mayoritaria en ciudades, en departamentos y en votos', e interpretar que el presidente Sarkozy 'debe corregir la política seguida desde hace diez meses, empezando por él'.

La interpretación de Fillon

No lo escuchó así el primer ministro. 'Hoy la izquierda ha restablecido parcialmente su situación', dijo François Fillon minimizando la victoria de la izquierda. Pese a la sanción de unos electores que votaron por la izquierda mayoritariamente, optó por coger pronto el micrófono para hablar de la 'abstención', efectivamente elevada, de en torno a un 34%. 'Vamos a proseguir nuestra política', martilleó.

Más allá de la tradicional divergencia de declaraciones en noche de elecciones, la clave del problema tras la votación de ayer es el de una Francia partida en dos, de forma duradera, con un poder central en manos de la derecha y un poder local masivamente anclado a la izquierda.

Es decir, con un poder central que liberaliza, reduce servicios públicos y no hace subir los salarios, y un poder local que, con pocos medios financieros, tiene que reparar el resultado social de esas políticas con ayudas, subsidios familiares, subsidios a la vivienda y gratuidad en los transportes.