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Italia Las armas de la extrema derecha italiana

El líder de la Liga, Matteo Salvini, se está apropiando, con cuentagotas y con guiños muy medidos, del discurso de extrema derecha para usarlo como baza soberanista contra la Unión Europea, la izquierda, los moderados y los migrantes.

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Matteo Salvini con una ametralladora. Europa Press

Algunos movimientos de extrema derecha están capacitados para operar incluso a nivel militar. Es la sensación que se ha tenido esta semana en Italia tras el conocimiento de un caso realmente sorprendente y que fue publicado en los principales medios de comunicación del país durante estos días. Así pues, la extrema derecha italiana no se ciñe exclusivamente a una tendencia política, sino que, en algunos casos, pasa a ser un problema de terrorismo que afecta a la seguridad nacional.

Fusiles automáticos de última generación, 26 cañones, 20 bayonetas, 306 partes de cañones, silenciadores y visores de rifle y 800 unidades de munición. El departamento antiterrorismo de la Policía de Estado transalpina ha llevado a cabo diferentes registros en distintas ciudades del norte de Italia, entre ellas Milán, Varese, Pavia, Novara y Forlí. Todo tuvo lugar hace un año a partir de una investigación de la Fiscalía de Turín, quien ha coordinado todos los registros y las detenciones en los últimos días, relativa a algunos combatientes de nacionalidad italiana, vinculados a la extrema derecha, que participaron en la guerra del Donbass, en el este de Ucrania.

La extrema derecha italiana no se ciñe exclusivamente a una tendencia política, sino que, en algunos casos, pasa a ser un problema de terrorismo

Entre los objetos requisados figura también un misil Matra aire-aire de fabricación francesa en perfecto estado de funcionamiento y que, según se aprende de los medios de prensa italianos, actualmente son empleados por parte de las fuerzas armadas de Qatar. Atendiendo a las informaciones ofrecidas, por ejemplo, por el diario italiano Corriere della Sera, los combatientes transalpinos involucrados en el conflicto del Donbass, tanto a favor de los ucranianos como de los rusos, estarían cometiendo varios delitos, entre ellos "entrenamiento con finalidad de terrorismo" y "alistamiento con finalidad de terrorismo". Entre los detenidos, figura Fabio Del Bergiolo, de 50 años, que en el año 2001 se presentó al Senado italiano mediante las lista de Forza Nuova.

¿Qué peso tiene realmente la extrema derecha en Italia? La preocupación de la Opinión Pública transalpina al respecto, al igual que el seguimiento de los medios de comunicación del país, se justifica no tanto desde una óptica cuantitativa, sino cualitativa. Es decir, regularmente se hace referencia de hasta qué punto el discurso extremista de derecha está contaminando o no el espacio público italiano. No se trata, pues, de una cuestión cuantitativa por un simple hecho: en las últimas elecciones europeas, las dos formaciones políticas de referencia para la extrema derecha en Italia, CasaPound y Forza Nuova, han obtenido solamente el 0,33% (88.000 votos) y el 0,15% (40.000 votos) de las preferencias, respectivamente, en todo el país.

¿Por qué entonces se habla del peligro de la extrema derecha italiana si tiene tan malos resultados en las elecciones?

En las calles y en las redes sociales, sin embargo, el debate acerca del fascismo y el antifascismo está a la orden del día en Italia. ¿Por qué entonces se habla del peligro de la extrema derecha italiana si tiene tan malos resultados en las elecciones? Aquí es donde entra en juego el vicepresidente de Interior italiano y líder de la Liga, Matteo Salvini, actualmente el político transalpino en activo más conocido fuera de sus fronteras. El líder leguista, socio minoritario del Gobierno presidido por Giuseppe Conte en coalición con Luigi Di Maio del Movimiento 5 Estrellas; se está apropiando, con cuentagotas y con guiños muy medidos, del discurso de extrema derecha para usarlo como baza soberanista contra la Unión Europea, la izquierda, los moderados y los migrantes. No acaso, muchos periodistas en el extranjero se refieren a él como el "Trump italiano". Hoy, con el 34% de los consensos y más de 9 millones de votos, la Liga de Salvini es el partido más votado de Italia y el tercero de Europa detrás del CDU de Angela Merkel y el Partido del Brexit de Nigel Farage.

Con el 34% de los consensos y más de 9 millones de votos, la Liga de Salvini es el partido más votado de Italia

Desde diferentes puntos de vista, Salvini no podría ser clasificado como un político de extrema de derecha, al igual que la Liga, la formación que él mismo lidera. Sin embargo, del mismo modo que el ministro del Interior ha conseguido recoger con gran eficacia el descontento de agricultores, obreros, industriales y artesanos entre otros –favoreciendo el declive de Forza Italia, el partido liberal de Silvio Berlusconi–, también ha conseguido ganarse el apoyo de los sectores más simpatizantes de los movimientos de ultraderecha. Se trata, pues, de algo que siempre le viene bien a Salvini a la hora de impulsar el soberanismo italiano y europeo, tanto para atemorizar a Bruselas como entrar en sinergia con los Estados Unidos de Donald Trump en el Oeste y con la Rusia de Vladimir Putin en el Este.

Si no hubiera sorpresas, podría haber algo de "positivo" en relación a que la Liga abarque, en la práctica, todo el ala derecha del parlamento italiano. El hecho de que la Liga haya casi fagocitado al centro derecha italiano y a la vez consiga englobar los sectores más radicales, estaría permitiendo a Salvini que su partido vaya exactamente en la dirección opuesta a lo que ocurre en España con "las tres derechas". La Liga de Salvini, bajo un mismo logo, aúna soberanismo, liberalismo, antieuropeismo, neofascismo, europeísmo pragmático y moderación. Todo a la vez.

Más allá de la moderación pragmática de Salvini, lo cierto es que los contados guiños que hace a la extrema derecha son muy polémicos cuando los hace. Si en Semana Santa se le fotografió con una ametralladora en mano, en otra ocasión llegó a publicar en la red social Facebook: "Muchos enemigos, mucho honor", una conocida frase del dictador italiano Benito Mussolini, en el poder entre 1922 y el final de la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, en un anexo de la Constitución Italiana, aparece la prohibición de la roerganización del partido fascista.