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Mercados El ‘complot’ de Trump contra Erdogan

La economía turca atraviesa por una grave crisis que no ha surgido de la nada sino que está dirigida desde Washington. En principio, no es una crisis económica más sino que tiene profundas ramificaciones políticas. Sus actores principales son los presidentes Trump y Erdogan.

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El presidente de EEUU Donald Trump saluda al presidente de Turquía Recep Tayyip Erdogan - Reuters/Josgua Roberts

La situación económica de Turquía se está deteriorando rápidamente y si continúa por este camino podría tener consecuencias políticas de largo alcance, no solo consecuencias para Turquía, sino también para Europa occidental y para el conjunto de la región de Oriente Próximo en particular.

El deterioro se agravó el pasado viernes, cuando el presidente Donald Trump decidió doblar los aranceles por la importación de acero y aluminio turco, unas exportaciones que para Turquía son de gran importancia. Con esta medida, Trump quiere presionar al presidente Recep Tayyip Erdogan para que libere a un pastor evangélico estadounidense detenido en ese país.

El pastor Andrew Brunson está encarcelado en Turquía y sobre él pesa la acusación de haber participado en actividades terroristas. Naturalmente, la influyente comunidad evangélica de Estados Unidos, de la que forma parte el vicepresidente Mike Pence, ha puesto el grito en el cielo y ha obligado a Trump a intervenir.

De momento Erdogan no ha respondido a esas presiones tal y como querría Trump, es decir con la liberación del pastor evangélico. Al contrario, Erdogan no ha dado señales de acatar la orden de su colega estadounidense y mantiene a Brunson en prisión. “Los matones del sistema global”, ha dicho en alusión a Trump, no pueden destruir “las ganancias que hemos pagado con sangre”.

Brunson, de 50 años, fue detenido en 2016, inmediatamente después del fallido golpe de estado contra Erdogan. El pastor ha vivido más de 20 años en Turquía y dirige una minúscula iglesia protestante en la ciudad de Izmir con solo 25 fieles. Las autoridades locales lo han relacionado con el inquietante movimiento Gülen, dirigido por el líder de ese nombre que, para complicar las cosas, reside en Estados Unidos y mantiene unas excelentes relaciones con Israel. Gülen es un movimiento terrorista para las autoridades de Ankara.

Hace solo unos días, el 26 de julio, el vicepresidente Pence habló con Erdogan telefónicamente para pedirle la liberación de Brunson. En el mejor estilo mafioso, Pence le dijo que si no lo liberaba tendría que hacer frente a las “consecuencias”. Sin embargo, el presidente turco se ha resistido a seguir la orden y las “consecuencias” están comenzando a llegar.

Si la situación económica sigue deteriorándose en Turquía, más pronto que tarde influirá en Europa

Erdogan, que tantas esperanzas suscitó al principio de su carrera política, ha demostrado en los últimos años que no está exento de cometer errores. El más grave de ellos lo ha cometido, sin duda, en Siria, pues probablemente él fue la única persona que tuvo a su alcance evitar la terrible guerra civil que asola aquel país, pero no lo hizo. Al contrario, durante muchos años echó más leña al fuego.

El lunes, Erdogan atribuyó la fuerte caída de la lira en las últimas horas a un “complot” y no a la marcha de la economía. No mencionó directamente a Trump pero sus palabras iban en esa dirección. Erdogan asegura que la economía turca es sólida y considera que se recuperará puesto que la grave crisis por la que atraviesa no tiene que ver tanto con la economía como con la política, y todavía más con la política exterior.

Para Erdogan, el presidente Trump ha clavado un puñal en la espalda de Turquía. El líder turco ha denunciado que a través de las redes sociales hay “traidores” que propagan mentiras económicas y participan en el “terrorismo económico” que Washington ha puesto en marcha. Recientemente dijo que quienes están detrás de la crisis son los mismos que en 2016 quisieron dar un golpe de estado.

El Banco Central de Turquía está facilitando la “liquidez que necesitan” los bancos en un momento tan complicado como éste, pero Erdogan ha prohibido que el Banco Central suba el precio del dinero, como recomiendan los gurús de la economía convencionales. En esta dirección, la canciller Angela Merkel, advirtió el lunes a Erdogan que espera que el Banco Central sea independiente y no reciba presiones del presidente.

Numerosas compañías turcas se han endeudado en dólares en los últimos años. Se estima que la deuda de todas esas compañías asciende a 220.000 millones de dólares, y es evidente que las compañías tienen que hacer un esfuerzo cada vez mayor para devolver los préstamos, especialmente cuando el dólar se encarece rápidamente como ocurre ahora.

Algunos expertos creen que numerosas compañías corren el riesgo de quebrar, y si esto ocurre es muy posible que tenga consecuencia en las economías de Europa occidental. Bancos como el BBVA y otros grandes bancos europeos que tienen fuertes inversiones en Turquía, un país de 80 millones de habitantes, ya han comenzado a resentirse, y la cosa todavía puede llegar más lejos. La tasa de inflación en Turquía es la más alta desde hace 14 años y el euro ha caído a lo más bajo desde hace un año.

Es evidente que Europa tendría que haber salido en defensa de Turquía en este caso, pero el temor de los europeos al imprevisible Trump los tiene paralizados. Ver cómo en el siglo XXI un matón puede hacer y deshacer a su antojo sin que nadie le tosa es un gran espectáculo. Si la situación económica sigue deteriorándose en Turquía, más pronto que tarde influirá en Europa. Es lo que ha advertido una analista, Agathe Demarais, que sigue de cerca y con preocupación lo que está sucediendo en ese país.

Naturalmente, a Trump no le ha gustado nada que Turquía, un país de la OTAN, haya comprado misiles a Rusia en lugar de a Estados Unidos. Además, Erdogan no se ha sumado a la reciente decisión de Trump de imponer sanciones a Irán. Y para terminar, Erdogan acusa de “racismo” al estado judío. Ninguna de estas acciones es del agrado de Washington.