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terremoto méxico Las muxes de México se vuelcan con los afectados del terremoto en época de lluvias

El tercer género del Istmo de Tehuantepec, las 'trans' de una de las zonas más pobres y afectadas por el sismo, hacen un llamamiento para obtener lonas para los afectados que aún duermen en la calle, con el agua hasta los tobillos desde el inicio de la época de lluvias.

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Una 'trans' mexicana, conocidas como 'muxes', sobre los escombros de su casa derruida en el Itsmo de Tehuantepec. / REUTERS

Las muxes o el tercer género del Istmo de Tehuantepec se vuelcan con los miles de damnificados del terremoto del 7 de septiembre y hacen un llamamiento para obtener lonas para los afectados que aún duermen en la calle, con el agua hasta los tobillos desde el inicio de la época de lluvias.

"Hay gente que se acaba de aliviar (tener un hijo). Y ahora me siento angustiada por estas personas porque no tienen ni dónde estar, ni un techo, no tienen nada", dijo a Efe la activista muxe Naomy Méndez, en medio de una visita relámpago a Oaxaca capital para comprar este material indispensable ante lluvias torrenciales.

El Istmo de Tehuantepec, el sur de México, es la región más afectada por el terremoto que sacudió el país el 7 de septiembre, que causó 98 muertos en tres estados y dejó miles de viviendas dañadas. Es también tierra de muxes.

En la cultura zapoteca, las muxes son una dualidad, personas nacidas como varones que adquieren un aspecto de mujer y asumen roles tanto femeninos como masculinos, siguiendo una tradición ancestral. "Somos como un tercer género, porque al final de cuentas esto somos, no somos ni hombres ni mujeres. Somos nosotras mismas", resumió Méndez.

Tras el trágico terremoto, las muxes asumieron, más que nunca, este rol de cuidadoras y proveedoras, pese a la discriminación que todavía sufren por una parte de la ciudadanía. Por ejemplo, reforzaron los puentes que tienen con colectivos LGBT de otros puntos del país y recabaron y repartieron víveres, medicamentos y ropa, entre otros productos básicos, entre las familias.

Mística Sánchez, otra muxe de Juchitán de Zaragoza -el municipio del Istmo más castigado por el sismo, con 36 muertos- ha abierto estos días un comedor comunitario en su propia casa. "Como comunidad muxe apoyamos a la gente que va caminando de pie, porque no tiene donde refugiarse", afirma esta humilde cocinera, que estos días acoge a sus padres porque el terremoto les arrebató la casa y lamenta que solo haya podido atender a unos 50 comensales por falta de recursos.

Mística recuerda que hay centenares de personas todavía en albergues en Juchitán. "Los albergues están todavía llenos. Hay enfermos y ancianos y otra gente tiene miedo de alejarse (de sus casas) y dejar sus pertenencias, el refrigerador, la ropita, la televisión, porque hay ladrones que se están aprovechando", denunció.

A esta dramática situación se le suma el terremoto del 19 de septiembre en el centro de México, que deja ya más de 330 muertos y amenaza con poner fin a las ayudas dirigidas a esta región del sureño estado de Oaxaca, de los más pobres del país. Las muxes aseguran que están llegando los víveres y el agua, aunque no siempre de la manera deseada.

Pero esta semana irrumpió con fuerza la época de lluvias, que se alarga hasta mediados de noviembre. Y todas las tardes los habitantes del Istmo miran con miedo los nubarrones que se acumulan en el cielo, haciendo más difícil si cabe la reconstrucción, la vuelta a la normalidad, en un municipio donde muchos establecimientos continúan cerrados, y el terror a las réplicas -van casi 5.000 desde el 7 de septiembre- es paralizador.

"En Juchitán siempre ha pasado que se inundan las calles, son como una alberca (piscina), y ahora la gente no tiene prácticamente donde ir", explicó Dayanna Gallegos, directora de Política Públicas para la Diversidad Sexual de Santiago Niltepec.

Desde este pueblo del Istmo a 50 kilómetros de Juchitán, esta mujer 'trans' se solidariza con sus hermanas muxe, y recuerda que en su población también padece fuertes lluvias que, si bien no inundan las calles, sí parques y jardines donde todavía vive mucha gente que perdió sus casas.

Para Naomy Méndez, este es el momento de la comunidad muxe para "dar fuerza a las familias, para seguir adelante y no dejarse vencer". "En estos momentos de tristeza, en vez de estar llorando, damos esta prioridad a la gente. Y les decimos que hay que ser fuertes, que hay que luchar porque Juchitán todavía no está muerto, está con el aliento de seguir adelante", concluyó la activista muxe.