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Nepal, un año después del terremoto

El seísmo de 7,8 grados de magnitud, al que acompañó otro de 7,3 pocos días después, provocó unas cifras que lograron situar al país en el foco del mundo: 8.959 muertos, más de 22.000 heridos, 776.900 casas destruidas y otras 300.000 dañadas.

Mujeres limpian las instalaciones de la histórica torre de nueve pisos Dharahara durante el primer aniversario del terremoto en Katmandú. REUTERS/Navesh Chitrakar

ELENA DEL ESTAL

DELHI (India).- La Plaza Durbar de Katmandú es la ilustración perfecta para definir cómo está Nepal un año después del terremoto que azotó el país. Todo limpio, ordenado, sin el polvo que se acumulaba por doquier, pero sin reconstruir. Vigas de madera aguantan los pilares de los templos, pero da la sensación de que un ligero viento lo podría derribar todo otra vez. Lo cierto es que aguantan. Como lo llevan haciendo todo este tiempo.

Aquel seísmo de 7,8 grados de magnitud, al que acompañó otro de 7,3 pocos días después, provocó unas cifras que lograron situar a Nepal en el foco del mundo: 8.959 muertos, más de 22.000 heridos, 776.900 casas destruidas y otras 300.000 dañadas. Casi 3.000 estructuras religiosas o culturales se vieron afectadas dejando muy tocado el patrimonio histórico del país. En total, se calcula que los daños casi alcanzan los 6.000 millones de euros. La ayuda prometida por la comunidad internacional es de unos 3.700 millones.

La Autoridad Nacional de Reconstrucción es la encargada de levantar las ruinas de todo el país, una tarea que se ha visto afectada por una situación política inestable. El tiempo en Nepal parece correr a distintas velocidades para políticos y ciudadanos. Eso se traduce en cuatro millones de personas que siguen viviendo en refugios temporales, según la Federación Internacional de Cruz Roja.

El retraso se debe, además, a la insistencia del gobierno por querer que las nuevas estructuras sean sólidas, capaces de resistir un nuevo golpe sísmico. “Las familias tendrán que seguir estrictamente las normas y código estándares de construcción decididos por el gobierno y el dinero será distribuido en varias etapas después de hacer un seguimiento”, advirtió el vicepresidente de la Comisión Nacional de Planificación, Govinda Raj Pokhel, al diario Nepali Times, apenas dos meses después del seísmo. Quien no siga uno de los doce modelos de casas que indica el gobierno, no recibirá la asistencia prometida de 1.600 euros.

Personas sentadas frente a la Plaza Basantapur Durbar dañada. REUTERS/Navesh Chitrakar

Personas sentadas frente a la Plaza Basantapur Durbar dañada. REUTERS/Navesh Chitrakar

Por eso mucha gente no ha comenzado a reconstruir; esperan a un proceso de edificación oficial que no termina de llegar. “El Gobierno ha dicho que nos dará el dinero, así que hasta que no lo tengamos y nos quede claro qué tipos de casas tenemos que construir, seguiremos esperando”, cuenta Hari Pandey. Junto a sus padres, su mujer y su hijo de 20 meses, lleva un año viviendo en una casa temporal de bambú y hojalata enfrente de los restos de lo que era su hogar, a 70km al norte de Katmandú. “Ya hemos pasado un monzón y un invierno, y otra vez el monzón está a punto de llegar”, cuenta este guía turístico que además, a falta de turistas, ha visto reducido también sus ingresos mensuales.

Del gobierno ha recibido dos ayudas de 58€ y 125€, y una tercera de 83€ para mantas y ropa de invierno. ¿Es eso suficiente? “Claro que no, pero algo es mejor que nada”, comenta resignado. Para una casa simple, calcula que necesitará unos 6.300 euros.

Pero no todos tienen la misma paciencia. 30.000 nepalíes han comenzado por su cuenta las obras en sus viviendas para volver a tener una vida normal. “Quien tiene la capacidad financiera de hacerlo ha comenzado a reconstruir su casa”, cuenta Renaud Meyer, Director en Nepal del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Es el caso de Bishwo Aryan. Su casa en Kishandol, al norte de Kathmandu, fue dañada parcialmente por el seísmo. Primero construyeron una choza de bambú, madera y placas metálicas, pero han comenzado a reconstruir su casa residencial. Tanto su familia como otros se han cansado de esperar. “La gente en los pueblos se ayudan unos a otros en la reconstrucción de sus casas porque esperar la acción del gobierno o de las ONG no es una opción para ellos”.

También han recibido los 125€ de ayuda, y también les parece insuficiente. “Estamos reconstruyendo nuestra casa de los ingresos que recibimos por trabajar el campo y porque hemos pedido un crédito adicional”.

No se puede comparar

A pesar de las críticas sobre la gestión del desastre, hay que tener en cuenta que el caso de Nepal es único, no sólo porque se trate de uno de los países más pobres del mundo, sino también por la situación interna en la que se ha visto sumido en el último año. El país del Himalaya ha vivido un órdago político en plena gestión de la crisis del terremoto: un eterno debate sobre la nueva Constitución enquistó la vida política y se saldó con un cambio de gobierno.

“Si hubiese sido un país fuerte podría haberse centrado sólo en la reconstrucción, pero ese no ha sido el caso”

Además, desde septiembre y hasta febrero, sufrió un bloqueo en la frontera con India que impedía la entrada de combustible y gas, disparando los precios en el mercado negro. El envío de material humanitario a las zonas remotas también se vio afectado porque centenares de camiones con bienes básicos ni siquiera podían entrar en suelo nepalí. “Si hubiese sido un país fuerte podría haberse centrado sólo en la reconstrucción, pero ese no ha sido el caso”, admite el director de PNUD.

Ofrendas frente a los retratos de las víctimas del terremoto en Katmandú, Nepal. REUTERS/Navesh Chitrakar

Ofrendas frente a los retratos de las víctimas del terremoto en Katmandú, Nepal. REUTERS/Navesh Chitrakar

A pesar de las circunstancias, el país también ha visto algún logro. La salud ha sido el gran éxito de las ONG sobre el terreno, que han evitado que se disparase la malnutrición infantil, problema habitual tras catástrofes naturales. La higiene, el consumo de agua potable y los sistemas de saneamiento han sido los tres grandes focos para evitar la propagación de enfermedades. Organizaciones como Cruz Roja, por ejemplo, han instalado centros sanitarios en zonas afectadas de Sindhupalchok -el distrito más castigado- que prestan atención diaria a los vecinos.

Meyer resalta el esfuerzo hecho por los gobiernos locales. “Se ha centrado la atención en el gobierno central, pero no se ha tenido en cuenta que los gobiernos locales, apoyados por organizaciones internacionales, han desarrollado mecanismos de apoyo que han sido efectivos tanto en ayuda humanitaria como en reconstrucción”.

Aprender a construir

Según el PNUD, 1.400 albañiles y carpinteros han sido entrenados para construir estructuras fuertes en todo el país. Además de las viviendas, hay mucho que levantar: al menos 35.000 aulas en escuelas y 1.200 centros de salud fueron destruidos.

La ONG Youth Nepal Foundation imparte cursos gratuitos de albañilería que enseñan las técnicas que se deben aplicar para la construcción de edificios más resistentes a los terremotos. En los dos meses que el programa lleva en marcha más de 150 personas han aprendido “cómo hacer fundiciones que permitan construir paredes más fuertes, cómo arreglar ventanas y puertas y cómo construir mejores tejados”, cuenta Raju Dhamala, director en Nepal de la organización.

Siguiendo las directrices planteadas por el Gobierno, durante la ejecución de los cursos han construido ya 90 de las 250 que planean en cinco distritos. “El Gobierno pone su atención en la reconstrucción de casas residenciales, pero no en escuelas o edificios comunes. No queremos duplicar acciones, por eso nos centramos en este tipo de edificaciones”, aclara Dhamala. En total tienen un fondo para dar el curso a 1.000 personas.

Mujeres caminan junto a restos de templos en Katmandú. REUTERS/Navesh Chitrakar

Mujeres caminan junto a restos de templos en Katmandú. REUTERS/Navesh Chitrakar

Pero, ¿cómo estar seguros de que los ambiciosos planes se implementarán correctamente? Dhamala admite haber visto un cambio de mentalidad en la población: ”la gente estaba preocupada por no gastar mucho dinero en hacer su casa, pero ahora son más conscientes de la necesidad de buenos materiales y de hacer edificios mas seguros contra terremotos”.

Meyer le secunda: “la población está comprometida en no volver a pasar por la misma situación y tienen una fuerte motivación personal por asegurarse de que hacen una buena reconstrucción de sus casas”.

Los nepalíes saben que viven en una zona de alto riesgo de terremotos y que un desastre puede volver a ocurrir: los expertos han anunciado que el país será castigado con otro fuerte seísmo en algún momento.

Aunque la Autoridad Nacional de Reconstrucción asume que la mayoría de las casas no estarán en pie cuando llegue el monzón de este año, Meyer se mantiene optimista. “En dos meses las lluvias comenzarán y queremos estar seguros de que para entonces la gente haya podido empezar una nueva vida. Eso es lo urgente ahora y es en lo que centramos nuestros esfuerzos todos los que estamos aquí trabajando”.

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