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Obama y Medvédev firman el nuevo tratado nuclear

El presidente de EEUU reafirma su compromiso con Rusia para una nueva era de colaboración entre ambos países

ISABEL PIQUER

Lucían el sol y las sonrisas en la capital checa cuando Barack Obama y Dmitri Medvédev firmaron el nuevo tratado de desarme nuclear en el castillo de Praga. Los presidentes de Estados Unidos y Rusia aprovecharon la ceremonia de ayer para cerrar el "distanciamiento" entre sus dos países, pese a las diferencias que siguen existiendo sobre el sistema de defensa antimisiles.

Medvédev calificó el acto de Praga como un "acontecimiento histórico". El lunes que viene, ambos mandatarios volverán a verse en la gran cumbre nuclear en Washington, junto con otros cuarenta jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero.

Obama se ha apuntado un tanto con la firma del nuevo tratado START, que reduce los arsenales nucleares de ambos países en un 30%. De momento, la Casa Blanca puede saborear la culminación de una negociación complicada que llegó con varios meses de retraso.

"Cuando el Gobierno Obama llegó al poder, nadie se ocupaba de cuestiones de desarme. Había prácticamente hierbajos en los pasillos, tuvieron que recomponer el equipo de la nada", explica Joe Cirincione, presidente del Plough-shares Fund, una organización que aboga por el desarme. "Por eso, este es un gran triunfo para Obama. Y aunque la reducción de armamento no es tan significativa, lo que realmente importa son los nuevos mecanismos de control", añade Cirincione.

"No es una revolución en el desarme, pero sí un paso significativo, una señal al mundo. Puedo decir, tras dos días de reuniones (con los mandatarios de EEUU y Rusia), que es un acuerdo mayor que el que creíamos", dijo el anfitrión de la cumbre de Praga, el presidente checo, Václav Klaus.

"Es un gran triunfo para Obama, pese a la escasa reducción", dice un analista

Obama navega por aguas procelosas. Necesita ahora que el Senado ratifique con una mayoría de dos tercios (67 votos) el nuevo tratado. Y tal y como está el ambiente en el Capitolio, la votación no está ganada de antemano. Desde la aprobación de la reforma sanitaria, los republicanos han jurado y perjurado que no respaldarán ninguna propuesta del Gobierno.

El martes pasado, el presidente estadounidense había sorprendido al mundo con el anuncio de que EEUU no piensa desarrollar nuevas armas nucleares y que no usará su arsenal existente contra países que acatan el Tratado de No Proliferación, salvo en "circunstancias extremas", en una clara referencia a Corea del Norte e Irán.

El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, recordó ayer, en un mensaje clarísimo dirigido a los conservadores, que otros pactos fueron ratificados por una amplia mayoría de los dos partidos (El START I, que expiró el pasado diciembre, fue aprobado con 93 votos). El equipo de Obama espera que el documento, que reduce a 1.550 las cabezas nucleares de ambos países, y a 800 sus vectores de lanzamiento, consiga la aprobación legislativa antes de finales de año.

"El presidente es realista", dijo al diario The New York Times, George Perkovitch, experto en armamento del Carnegie Endowment for International Peace. "Sabe muy bien que puede dar diez discursos como el de Praga, diez discursos incluso más visionarios que ese, pero si no consigue que el Senado apruebe una reducción tan modesta como la del START, ¿de qué habrá servido?", señaló Perkovitch.

Obama ha disparado las protestas a ambos lados del espectro político. De los que estaban a favor de una reducción más drástica (al menos 1.000 cabezas nucleares más) y de los que piensan que reducir la capacidad nuclear de Estados Unidos es una señal de debilidad frente a un futuro incierto, el de posibles nuevas alianzas de viejos enemigos (Rusia y China, por ejemplo).

Otros analistas aseguran que un arsenal en condiciones sigue siendo el mejor elemento disuasorio para evitar un nuevo conflicto global. "Por muy horrendas que sean, las armas nucleares han evitado guerras a gran escala durante décadas", dijo a The New York Times Thomas Mahnken, un ex responsable del Pentágono.

El documento, desde el punto de vista de Moscú, deja en el aire el polémico tema de la defensa antimisiles. Rusia ha incluido una declaración unilateral en el tratado en la que advierte que se reserva su derecho a abandonar el pacto si considera que el sistema de defensa estadounidense supone una amenaza contra sus intereses. Medvédev insistió en que "el nuevo convenio puede estar en vigor y ser vital si existen ciertas condiciones: si no hay aumento, ni desde el punto de vista de la cantidad ni de la calidad, de la capacidad de los sistemas de defensas antimisiles de EEUU".

Obama abandonó el plan original de la Administración Bush para un escudo antimisiles pero sigue estudiando un mecanismo alternativo.

La firma de ayer indica también que las relaciones entre las dos grandes potencias están en vías de normalización. O como había prometido la secretaria de Estado, Hillary Clinton, en su primer encuentro con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, pone "los contadores a cero" entre los antiguos enemigos.

De ahí el tono confiado y jovial de Obama, en el brindis de la comida que siguió el evento. "Al presidente Medvédev, Dmitri, hemos aprendido a trabajar juntos, y estoy extraordinariamente agradecido por tu liderazgo y tu honestidad. Y creo que nos ha sido extraordinariamente útil durante el transcurso de estas negociaciones". Para añadir, en el tono profético de muchas de sus intervenciones, "creo que no somos criaturas del destino, creo que podemos labrarnos nuestros propios destinos".

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