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Perú experimenta su cuarta remodelación de Gobierno en poco más de seis meses

El presidente del Ejecutivo, Pedro Castillo, nombra a Aníbal Torres primer ministro en sustitución de Héctor Valer, el cual dimitió por su implicación en un caso de violencia machista.

9/2/22-Pedro Castillo, presidente de Perú, durante un evento por la donación estadounidense de cuatro hospitales de campaña (27/08/2021) en Lima.
Pedro Castillo, presidente de Perú, durante un evento por la donación estadounidense de cuatro hospitales de campaña (27/08/2021) en Lima. Alberto Orbegoso / Europa Press

Este martes, el presidente de Perú, Pedro Castillo, tomó juramento de su cuarto gabinete de ministros en apenas siete meses en el poder. El cargo de primer ministro ha recaído sobre el abogado Aníbal Torres, ministro de Justicia del anterior Ejecutivo. Reemplazará a Héctor Valer, el expresidente del Consejo de Ministros, que renunció el pasado viernes.

Los nuevos nombramientos de Castillo aún deben ser confirmados por el Congreso, controlado por la oposición, que podría rechazarlo y obligarle a reiniciar el proceso.

Castillo ha asegurado que el nuevo Gabinete Ministerial trabajará de cerca con los gobiernos regionales, "para impulsar la descentralización del país y destrabar los proyectos que se encuentran paralizados", según fuentes de RTVE.

Un gobierno progresista frente al fujimorismo

El pasado 28 de julio Pedro Castillo asumió la presidencia de Perú. Hasta entonces, Castillo era un completo desconocido. Nacido en Tacabamba, el nuevo presidente se mostraba como un campesino humilde, maestro de primaria y dirigente sindical.

Castillo se presentó como candidato del partido de izquierdas Perú Libre, dado que su presidente no podía presentarse tras haber sido inhabilitado por estar implicado en diferentes tramas de corrupción. 

Los resultados electorales dieron lugar a un Congreso muy fragmentado, con una heterogénea variedad de partidos, lo que obligó a Castillo a iniciar difíciles procesos de debate y consenso para alcanzar unos mínimos de estabilidad gubernamental. 

La tensión entre el Legislativo y el Ejecutivo sería una constante en la legislatura del peruano. Un enfrentamiento propio de los sistemas presidencialistas, como se ha podido observar en países vecinos de la región como Venezuela y Honduras.

Cuatro gobiernos en menos de siete meses

Castillo puso al frente de su primer gobierno a Guido Bellido, un hombre que se había declarado admirador de la Cuba de Castro. Su nombramiento fue interpretado como una apuesta por reformas profundas, donde se llegó a hablar incluso de una nueva Constitución.

Sin embargo, Bellido se vio obligado a dimitir por escándalos de corrupción y un presunto delito de apología del terrorismo.

El segundo gabinete de Castillo dio un giro hacia una izquierda moderada, con la incorporación de la abogada y activista Mirtha Vásquez y de Pedro Francke. Pero esta etapa también concluyó pronto con la renuncia del ministro del Interior, Guillén, el pasado 28 de enero debido a supuestos desacuerdos con el jefe de la Policía.

Este hecho supuso que los grupos de izquierda moderada que hasta el momento habían apoyado al ejecutivo se distanciaran. Generando también la desconfianza de inversores extranjeros y de la sociedad peruana, que mostraba su descontento por la inestabilidad institucional.

El pasado martes, 1 de febrero, Castillo sorprendió al nombrar presidente del Consejo de Ministros a Héctor Valer, un congresista del que los peruanos tenían pocas referencias y que había formado parte de una plataforma de extrema derecha. Sin embargo, su implicación en un caso de violencia machista le obligó a dimitir.

Así, el tercer gobierno desde que Pedro Castillo asumió la presidencia del país duró poco más de 72 horas.

Inestabilidad política y débil liderazgo

Aunque Castillo acusa a la oposición de intentos golpistas y de entorpecer la gobernabilidad, lo cierto es que la falta de liderazgo y medidas contundentes han sido la tónica del gobierno desde su llegada.

El Defensor del Pueblo ha pedido formalmente su dimisión, pero el presidente se opone y pretende agotar la legislatura.

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