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La tregua de Alepo está lejos
de resolver la crisis siria

Aunque el gobierno de Damasco y los yihadistas están observando el primer día de la tregua de 48 horas para la ciudad de Alepo, el alto el fuego corre un claro riesgo de romperse si Occidente no cambia de actitud radicalmente.

Barricadas en una calle del centro de Alepo. / REUTERS

EUGENIO GARCÍA GASCÓN

JERUSALÉN.— Una calma frágil y relativa ha vuelto a Alepo después de dos semanas de intensos combates. Las castigadas calles de esta ciudad, la segunda del país y una de las más antiguas del mundo, vuelven a ser transitadas por la población que todavía no se ha marchado, los mercados han reabierto los comercios y el rumor del movimiento civil ha sustituido a las bombas y las ráfagas.

La tregua que entró en vigor a la una de la madrugada del jueves se ha extendido por todos los barrios y desde su inicio solamente hay que registrar un civil muerto en el sector que controla el ejército sirio a causa de una bomba disparada por los insurgentes poco después de que se iniciara la calma pactada por Estados Unidos y Rusia.

La última ronda de hostilidades que se reanudaron el 22 de abril obedece quizás a una decisión mal calculada de los rebeldes, que han querido poner a prueba la resistencia del ejército de Damasco después de que Moscú anunciara una repatriación parcial de sus efectivos, lo que en su momento suscitó numerosas conjeturas.

El mismo miércoles Moscú dio cuenta de que ha retirado otros treinta cazas desplegados en Siria y los ha repatriado, aunque precisó en el mismo comunicado que esta circunstancia no va a disminuir su capacidad militar en la zona.

La ofensiva insurgente se intensificó en la noche del martes al miércoles, cuando los rebeldes tomaron varias áreas en poder del ejército en la ciudad de Alepo. Sin embargo, las tropas de Damasco realizaron una contraofensiva victoriosa poco después.

Los rebeldes en acción pertenecen al Frente al Nusra (Al Qaeda) y a distintas milicias yihadistas que reciben apoyo militar y logístico de Estados Unidos, Arabia Saudí, Turquía y otros países suníes del Golfo Pérsico. En realidad, todos estos países están armando a Al Qaeda a través de sus aliados e insisten en calificar a los yihadistas de "moderados" y "democráticos".

El último pacto entre Estados Unidos y Rusia no solo llegó poco después de la contraofensiva del ejército, sino también unas horas después de que el enviado de la ONU Staffan de Mistura advirtiera que si no se detenían los combates unos 400.000 refugiados huirían hacia Turquía, lo que causó honda preocupación en Europa, especialmente en Alemania, donde se temió una nueva avalancha de desplazados.

Moscú se mostró sorprendida de que Estados Unidos haya mostrado mucho interés en las negociaciones del miércoles en que el alto el fuego, o ‘régimen de calma’, incluyera también los territorios del Frente al Nusra, aunque esto tiene una explicación muy sencilla: en esas zonas operan las milicias yihadistas “moderadas” y “democráticas” que colaboran con Al Qaeda y la proveen de armas occidentales.

Un portavoz del departamento de Estado declaró que Rusia debía presionar al gobierno de Damasco y que los americanos se encargarían de presionar a la "oposición", un eufemismo con el que Washington se refiere a los yihadistas de todo tipo que abundan en Siria y que aspiran a implantar un Estado islámico tras la desaparición del presidente Bashar al Asad.

El comportamiento de los americanos deja, sin embargo, un buen ramillete de interrogantes. ¿Qué piensa hacer Washington con las zonas yihadistas, incluidas las de Al Qaeda? ¿Con quién combatirá a los yihadistas que son sus aliados y en el fondo forman parte de Al Qaeda y hasta del Estado Islámico? ¿Cree inocentemente que los bombardeos aéreos serán suficientes para acabar con los yihadistas?

Todas estas preguntas tienen respuestas difíciles que Washington no da ni intenta dar y que arrojan más confusión sobre la situación sobre el terreno, donde en realidad, la única parte que combate a los yihadistas es el gobierno de Damasco, y sorprendentemente ni eso le dejan hacer Estados Unidos, Arabia Saudí y sus aliados.

La concentración del esfuerzo bélico en el área de Alepo la ha vuelto a aprovechar el Estado Islámico, que no combate contra los demás rebeldes “moderados” y “democráticos” sino solamente contra el gobierno de Damasco. El Estado Islámico recuperó ayer un importante campo de gas en la zona de Homs, en el centro del país.

El campo de gas Al Shaer ya ha sido ocupado por el Estado Islámico varias veces, y otras tantas ha sido recuperado por el ejército. En la primera ocasión que lo tomó, el Estado Islámico mató a cientos de soldados, a muchos de los cuales ejecuto sumariamente. Desde luego, los rebeldes “moderados” y “democráticos” no usan las armas que reciben de Occidente para combatir al Estado Islámico entre otras cosas porque la mayoría de estos rebeldes son ideológicamente similares al Estado Islámico.

Otro país con voz cantante en este conflicto es Francia. Su ministro de Exteriores, Jean-Marc Ayrault, ha convocado para el lunes a sus colegas de Arabia Saudí, Catar, los Emiratos Árabes Unidos y Turquía, que son quienes más han contribuido y siguen contribuyendo al caos de Siria.

Ayrault ha acusado a Damasco de ser "responsable" de la reanudación de las hostilidades, lo que es claramente falso. Sin embargo, esta posición se entiende sin dificultad a la luz de los millonarios contratos de armas que Francia ha firmado con los saudíes y sus aliados recientemente y de los que dependen millares de puestos de trabajo en el país galo.

El ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, denunció el miércoles que existe un vínculo entre Turquía y el Frente al Nusra y el Estado Islámico. Lavrov no desarrolló su argumentación pero evidentemente el vínculo existe y hasta puede ser estrecho, y también es extensible a países como Arabia Saudí y Estados Unidos. El ministro ruso no cree probable que Turquía inicie una operación terrestre en Siria, una circunstancia que aparentemente cuenta con el apoyo de Arabia Saudí y que Lavrov calificó de "juegos peligrosos".

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