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El vicepresidente brasileño viaja por la Amazonia con embajadores para mostrar compromiso y rebajar la presión internacional

El viaje nace como respuesta diplomática del Ejecutivo de Bolsonaro tras reconocer que han "perdido el dominio de la narrativa" sobre la preservación de la mayor selva tropical del mundo.

En la imagen, el vicepresidente de Brasil Hamilton Mourão y el presidente Jair Bolsonaro.
En la imagen, el vicepresidente de Brasil Hamilton Mourão y el presidente Jair Bolsonaro. REUTERS

El general Hamilton Mourão, vicepresidente brasileño, reconoce que el Ejecutivo de Jair Bolsonaro ha "perdido el dominio de la narrativa" sobre la preservación de la Amazonia, siempre a remolque de las organizaciones ecológicas, de la diplomacia internacional y de la oposición en el Congreso Nacional. Mourão es el coordinador del Conselho Nacional da Amazônia Legal, y la Alianza de las Declaraciones de Ámsterdam le dio un nuevo aviso en septiembre, de modo que su más reciente estrategia de reacción ha sido la organización de un viaje sobre el terreno con una docena de embajadores.

En la última carta recibida por el vicepresidente, los gobiernos de Alemania, Dinamarca, Francia, Italia, Países Bajos, Noruega y Reino Unido, con la adhesión de Bélgica, le insistían en "el interés legítimo de que los productos y alimentos sean producidos de forma justa, ambientalmente adecuada y sostenible", recordándole que, "en el pasado, Brasil ha demostrado ser capaz de expandir su producción agrícola y, al mismo tiempo, reducir la deforestación".

Con el objetivo de mostrar compromiso por la protección de la Amazonia, y también para rebajar la presión internacional, el general Mourão ha subido a un avión a los embajadores de Alemania, Francia, Reino Unido, Portugal, España –Fernando García Casas–, Suecia, Suráfrica, Perú, Colombia y Unión Europea –Ignacio Ybáñez Rubio–, así como a la secretaria general de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA).

Acompañando al vicepresidente Mourão se embarcaron el ministro de medio ambiente, Ricardo Salles; la ministra de agricultura, ganadería y abastecimiento, Tereza Cristina, y el ministro del gabinete de seguridad institucional, el general Augusto Heleno. A última hora causó baja el ministro de asuntos exteriores, Ernesto Araújo, cuya presencia había sido confirmada –acudió su número dos–. La ruta, situada en los municipios de Manaus, São Gabriel da Cachoeira y Maturacá, todos en el estado de Amazonas, ha incluido, entre el 4 y el 6 de noviembre, visitas al Centro Gestor y Operacional del Sistema de Protección de la Amazonia (CENSIPAM), a centros sanitarios para las comunidades indígenas, y a varias explotaciones de agricultura sostenible.

Respondiendo a la solicitud de este periódico, la Embajada de España en Brasil calificó el viaje como tres días muy intensos que se valoran positivamente por el esfuerzo logístico y político. El embajador García Casas espera que el diálogo continúe, ya que los desafíos no están resueltos, durarán mucho y posiblemente afectarán a las próximas generaciones.

La secretaria general de la OTCA, Alexandra Moreira, define el viaje como "una excelente iniciativa, muy necesaria para aquellos que no conocían la Amazonia o la conocían de lejos". Eso sí, la que fuera ministra boliviana de medio ambiente y agua (2015-2017) admite para este artículo que "tres días no sirven para analizar una gestión pública, ni en Brasil ni en ninguno de nuestros países".

Lo cierto es que la credibilidad del Ejecutivo de Bolsonaro es reducida, necesitará una buena lista de movimientos de acercamiento como el ejecutado la semana pasada. El día a día de los últimos dos años ha estado salpicado de negaciones de los datos de deforestación publicados por el Instituto de Pesquisas Espaciales; de abandono de los pueblos originarios, como es el caso del desesperado SOS de los Yanomami; de récord de líderes indígenas asesinados y de aprobación concienzuda de cientos de agrotóxicos.

La versión de las comunidades indígenas

La comitiva diplomática tuvo la oportunidad de encontrarse con representantes del pueblo Yanomami en este viaje, y además ya habían podido escuchar su versión de los actuales acontecimientos en una reunión previa celebrada en formato online el pasado 30 de octubre. "El gobierno brasileño siempre dice que no hay dinero ni recursos", se lamenta para Público Dário Vitório Kopenawa Yanomami, representante de su comunidad ante los embajadores. "No se preocupan por la protección de la Amazonia, no prohíben la entrada a los territorios preservados", señala Kopenawa, que es vicepresidente de la Hutukara Associação Yanomami (HAY): "Nosotros, desde dentro, vemos que la deforestación es muy grande, y que no está controlada".

Los embajadores, en esta reunión previa con los Yanomami y organizaciones de la sociedad civil, se interesaron por la regularización de tierras y por el reconocimiento oficial de los territorios indígenas que aún quedan pendientes. La pregunta se la podría responder Bolsonaro directamente: ha anunciado con vehemencia, y en diversas ocasiones, que no demarcará ni un solo centímetro más.

Los propios Yanomami ya se imaginaban que el vicepresidente Mourão centraría buena parte del viaje con los embajadores en la militarización de las labores de control y fiscalización en la Amazonia. Y así ocurrió. La comitiva diplomática visitó el Centro de Instrucción de Guerra en la Selva, el Quinto Pelotón Especial de Fronteras y el Segundo Batallón de Infantería de la Selva, aprovechando que se acaba de anunciar la ampliación de la presencia de las Fuerzas Armadas hasta abril de 2021, empleando uno de los tradicionales Decretos de Garantía de la Ley y el Orden.

Los embajadores contemplaron "una convivencia pacífica entre las Fuerzas Armadas y los Yanomami"

En los territorios visitados, los embajadores contemplaron "una convivencia pacífica entre las Fuerzas Armadas y los Yanomami", asegura la secretaria general de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica. Bien es cierto que los Yanomami no dejan de reclamar, aparte del cese de la violencia contra los pueblos originarios, "una mayor atención en salud, y agua potable". En esto podrá ayudar la propia OTCA, que está implementando planes de contingencia financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo.

El Gobierno brasileño sabe que debe cambiar el rumbo de sus políticas medioambientales o corre el riesgo de quedarse aislado, más aún tras la derrota de Donald Trump y el cambio de ciclo en los Estados Unidos. Una rama del Partido Demócrata, por ejemplo, está intentando modificar cláusulas del acuerdo espacial firmado entre ambos países, que implica el destierro de 800 familias quilombolas en el estado de Maranhão.

Lo de Bolsonaro por Trump ha sido un amor no correspondido, un quiero y no puedo que ahora forma parte del pasado. El presente pasa por la democracia, la diplomacia, los derechos humanos y las buenas prácticas ecológicas.

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