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Bolsonaro culmina la militarización del Ejecutivo brasileño

El general Braga Netto, comandante de la intervención federal en la seguridad pública de Río en 2018, es el nuevo ministro de la Casa Civil. Casi el 40% del Gobierno proviene de las Fuerzas Armadas.

23/08/19- El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha militarizado su equipo ministerial, recordando su propio pasado en las Fuerzas Armadas. MARCOS CORRÊA/ PRESIDENCIA DEL GOBIERNO
El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha militarizado su equipo ministerial, recordando su propio pasado en las Fuerzas Armadas. MARCOS CORRÊA/ PRESIDENCIA DEL GOBIERNO

Con el nombramiento como ministro de la Casa Civil del general Walter Souza Braga Netto –en sustitución de Onyx Lorenzoni–, el presidente Jair Bolsonaro culmina un proyecto que echó a andar hace catorce meses pero que en su cabeza llevaba circulando algunos años: la militarización sin miramientos del Poder Ejecutivo en Brasil.

Entre los veintidós ministros y el vicepresidente se alistan hasta nueve militares de alto rango. Casi el 40%, incluyendo los cuatro que ocupan junto a él el Palacio de Planalto, la sede central del Gobierno, en Brasília. Y eso sin contar las decenas de asesores reunidos en cada ministerio.

La toma de decisiones del Gobierno brasileño pasa, inevitablemente, por este núcleo al que se acaba de incorporar Braga Netto: Vicepresidente, general Hamilton Mourão; Defensa, general Fernando Azevedo; Gabinete de seguridad institucional, general Augusto Heleno; Secretaría del Gobierno, general Luiz Eduardo Ramos –sustituyó al general Santos Cruz–; Secretaría General de la Presidencia, mayor de la Policía Militar Jorge Oliveira; Minas y Energía, almirante Bento Alburquerque; Infraestructuras, capitán Tarcísio Gomes de Freitas, y Ciencia y Tecnología, teniente-coronel Marcos Pontes.

Braga Netto toma posesión este martes 18 de febrero y Bolsonaro, que entró en la reserva como capitán, lo ha celebrado comentando en una visita de estudiantes en el Palacio de Planalto –sede central del Ejecutivo–, que el tercer piso ya "ha quedado completamente militarizado". El cien por cien de los ministerios que le rodean en el principal centro de operaciones –Casa Civil, Gabinete de Seguridad Institucional, Secretaría de Gobierno y Secretaría General– están liderados por altos mandos del Ejército.

El general Walter Souza Braga Netto, en la época de la intervención federal en la seguridad pública del estado de Río de Janeiro. FERNANDO FRAZÃO/ AGÊNCIA BRASIL

Con más delicadeza trató el tema ante la prensa la cabeza pensante de todo el entramado militar, el vicepresidente Mourão. "Esa es una preocupación que tenemos desde el comienzo de nuestro gobierno", reconoció el general. "Debemos dejar claro que las Fuerzas Armadas continúan del lado de afuera, a pesar de que contamos con la presencia de elementos del medio militar. Las Fuerzas Armadas están afuera, en manos de sus comandantes".

Netto: intervención militar en Río y tortura en la Sala Roja

El general Braga Netto, que provenía de la Jefatura del Estado Mayor del Ejército, es ampliamente conocido en Brasil por haber sido anteriormente el comandante del Comando Militar Leste, la agrupación que lideró la intervención federal en la seguridad pública del estado de Río de Janeiro desde febrero a diciembre de 2018, bajo el gobierno de Michel Temer.

La intervención federal comandada por Braga Netto se ha querido vender como un éxito por parte de las Fuerzas Armadas y de los espectros más conservadores del país, sin embargo, el Observatorio de la Intervención del Centro de Estudos de Segurança e Cidadania (CESeC) de la Universidade Cândido Mendes publicó un informe final demoledor. "Es imposible hablar de éxito", indica el documento, "en favelas y regiones periféricas debido al altísimo número de personas muertas por acción de la policía, por el aumento exponencial del número de tiroteos, y por el hecho de que los interventores no hayan priorizado la protección a la vida, repitiendo errores históricos".

Los datos del informe explican bien a las claras en qué consintió la estrategia de Braga Netto. De las más de seis mil muertes violentas que tuvieron lugar en Río durante los diez meses de intervención federal en 2018, el 22,7% fueron provocadas por policías y militares. En el resto del país la media fue de 8,1% el año anterior. "Fueron 1.375 muertos desde febrero hasta diciembre, un valor 33,6% mayor que el contabilizado en el mismo periodo del año anterior".

Además de las crudas estadísticas, el Comando Militar Leste del nuevo ministro de Bolsonaro está siendo investigado por el llamado caso de la Sala Roja: siete denuncias de tortura en dependencias del Ejército brasileño en la Villa Militar de Deodoro en la mencionada época de la intervención federal.

Apoyo de buena parte de la población

Esta realidad, que en otras latitudes causaría impacto, indignación o, por lo menos, cierta controversia, en Brasil provoca, a lo sumo, chascarrillos. El país vive al límite y ese límite incluye alto grado de admiración por las Fuerzas Armadas, las mismas que impusieron su mano dura en el Gobierno desde el golpe de estado de 1964 hasta 1985. La dictadura militar finalizó cuando la población presionó más y mejor, pero se gestionó exactamente como el Ejército quiso, con Ley de Amnistía incluida –nadie fue juzgado–.

Los brasileños prefieren a los militares antes que a los medios de comunicación

Hoy los brasileños consideran a las Fuerzas Armadas la institución más confiable de todas. Según la última encuesta al respecto publicada por el Instituto Datafolha hace diez meses, el 45% de los consultados confiaban mucho en las Fuerzas Armadas, y otro 35% confiaba un poco. Nadie les hace sombra en cuanto a simpatía de los ciudadanos: ni el equipo ministerial, ni la Cámara de Diputados, ni el Senado Federal, ni el Poder Judicial. Los brasileños prefieren a los militares antes que a los medios de comunicación, y mucho antes que al Tribunal Supremo. Jair Bolsonaro lo sabe. Puede que no congenie con la Cámara Baja y la Cámara Alta como le gustaría, pero conoce perfectamente la dirección que debe tomar en una huida hacia adelante.

También indican las encuestas que, tras un bache a mediados del año pasado, los índices de popularidad de Bolsonaro recobran cierta fuerza. Atesora una evaluación positiva (muy buena y buena) del 34,5%, una evaluación regular del 32,1% y una evaluación negativa (mala y muy mala) del 31,0%, según los datos publicados por MDA Pesquisa. A pesar de las polémicas y las decenas de medidas antisociales de su política de extrema derecha, sus seguidores le acompañan en cada movimiento y valoran los tres pilares sobre los que anunció que construiría su mandato: el combate a la corrupción (con un 30,1% de valoración), la economía (22,1%) y la seguridad (22%) son las áreas que más agrado despiertan entre los ciudadanos.

El presidente brasileño ha aprovechado el fin de semana para darse un baño de masas en un megaevento neopentecostal en la playa de Botafogo (Río de Janeiro). Ante más de cien mil fieles de la Iglesia Internacional de la Gracia de Dios, y cuidando como solo él es capaz de hacerlo ese otro gigantesco nicho de votos, Bolsonaro mostró su buena sintonía con Marcelo Crivella, alcalde de Río, candidato a la reelección en los comicios municipales del próximo mes de octubre, y pastor evangélico.