Concepción Pérez, alcaldesa cuando las mujeres no podían votar
En enero de 1925, una maestra viuda y muy respetada por su vecindario, fue elegida alcaldesa de Portas, una pequeña localidad de Pontevedra, en plena dictadura de Primo de Rivera.

Alba Tomé / Luzes
-Actualizado a
En enero de 1925, el ayuntamiento de Portas (Pontevedra), se convirtió en el escenario de un hecho histórico: una maestra viuda y muy respetada por su vecindario fue elegida alcaldesa en plena dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), consolidándose a la vez como la primera alcadesa de la historia de Galicia. Concepción Pérez Iglesias, conocida como Doña Concha, asumía la alcaldía de Portas en un tiempo en el que las mujeres aun no habían reconocido el pleno derecho a voto en España. Es decir, podían gobernar una institución, pero no escoger quién era a mejor opción para hacerlo.
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Concepción Pérez Iglesias nació en Santiago de Compostela, en 1881, en el núcleo de una familia numerosa. Desde muy joven destacó por su vocación pedagógica y con 20 años alcanzó el título de maestra en la Escuela Normal de Santiago. En 1907 fue destinada a Portas, donde dirigió la escuela femenina. Un año después casaría con Amador Méndez Santamaría, un emigrante retornado de América que volvió con algunos ahorros en el bolsillo. Segundo recuerda la bisnieta de la alcaldesa, Rebeca López, "Amador era un hombre criado a la vieja usanza. Si encontraba la camisa mal planchada, rompía los botones. No fue un matrimonio próspero" cuenta. La vida de Doña Concha consistía en ejercer su trabajo de maestra y, a la vuelta, dedicarse a las labores domésticas. En 1918, en la epidemia de gripe, Amador falleció, y Concha quedó viuda con un hijo, Nemesio Méndez, que años más tarde también sería maestro en incluso alcalde de Portas entre 1952 y 1960.
Hace cien años, la primera regidora gallega, Concepción Pérez, pudo acceder al cargo porque era viuda y no dependía legalmente de un hombre
La cuestión de la viudedad fue algo determinante para que Concepción Pérez pudiera participar en la política. El Estatuto Municipal de 1924 permitía a las mujeres cabeza de familia participar en la vida pública, siempre que no estuvieran sometidas la patria potestad, tutela o autoridad marital. La bisnieta de Doña Concha recuerda que "las mujeres solteras estaban bajo el mandato de los padres y las casadas bajo la tutela de los maridos", por lo que realmente "solo podías hacer algo por ti misma cuando eras viuda". Insiste: "fue lo mejor que le pudo pasar".
Concepción Pérez no quiso volver a casarse. De hecho, el hermano de Amador, Gumersindo Méndez, le pidió matrimonio, pero ella quedó tan "escarmentada", explica su bisneta, que tenía claro que quería centrarse en su profesión y en cuidar su hijo. Fue aquí cuando le llegó la oportunidad de una responsabilidad insólita para una mujer de su tiempo.
La llegada a la alcaldía
El 9 de enero de 1925, Concepción Pérez fue designada concejala por el gobernador civil, en una época en la que muchos nombramientos municipales se hacían por vía administrativa. Ese mismo día, el alcalde en funciones, Cesáreo Belsol, presentó su renuncia, dejando vacante a presidencia del Ayuntamiento. La corporación, compuesta únicamente por hombres, decidió votar y, de manera inesperada, con seis votos a favor y uno en blanco, Concha Pérez se convertía en la primera alcaldesa gallega y la segunda de España, solo dos meses después que Matilde Pérez Mollá en Quatretondeta (Alicante). Su nombramiento fue celebrado por el vecindario con serenatas y homenajes. Las bandas de música de Lantaño y de Poza recorrieron las calles para rendirle tributo, también por su larga trayectoria como maestra.
Por aquel entonces, Galicia vivía bajo la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), avalada por el rey Alfonso XIII. El Estatuto Municipal de 1924 había introducido novedades en la vida pública municipal: las mujeres viudas o solteras, mayores de 23 años, podían votar en elecciones municipales y ser escogidas para el cargo. Las casadas, por su dependencia legal del marido, quedaban excluidas. El sufragio femenino universal no llegaría hasta 1931 con la proclamación de la Segunda República, y solo se ejercería por primera vez en las elecciones generales de 1933.
La regidora impulsó la construcción de cuatro escuelas, promovió la apertura de caminos y defendió el servicio estable de un médico y de una matrona
Más escuelas y aperturas de caminos
Durante su mandato, entre 1925 y 1930, Concepción Pérez centró los esfuerzos en mejorar la vida diaria del municipio, cuenta su bisneta, que conoce todo este legado por sus investigaciones pero sobre todo por las memorias de su abuelo, hijo de la alcaldesa. La regidora impulsó la construcción de cuatro escuelas con viviendas para maestros, promovió la apertura de caminos que comunicaban Portas con parroquias vecinas y defendió el servicio estable de un médico y de una matrona.
Una de los primeros actas municipales que presidió recoge dos decisiones fundamentales: aceptar la construcción de carreteras locales –pequeñas infraestructuras, pero decisivas por aquel entonces, en un municipio de más 3.200 personas– y cubrir la plaza de médico municipal. La decana de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago, Marta Lois, explica que "su agenda se acercaba más la un mundo de los cuidados, centrada en mejorar la educación, la salud y las comunicaciones básicas". Desde el primero pleno que presidió, la alcaldesa centró su actividad en cuestiones prácticas y urgentes y los registros municipales muestran su interés por mejorar la vida cotidiana del vecindario y por la educación como motor del progreso.
En 1930, con la caída de Primo de Rivera y la restauración provisional del gobierno de Alfonso XIII, los ayuntamientos fueron reestructurados y Concepción cesó como alcaldesa. Regresó a la docencia, primero en Portas y luego en la escuela de Guadalupe en Santiago. Murió en 1939, con 58 años, víctima de una vejez prematura.
La polémica de ser la primera
Su condición de pionera no estuvo exenta de disputa. Como recuerda la historiadora Guadalupe Gómez-Ferrer en su artículo Las primeras alcaldesas de España, más de una localidad reivindicó tener la primera alcaldesa de la península. La prensa de la época alimentaba el debate. El Ideal Gallego proclamaba la primacía de Concepción Pérez, mientras que periódicos valencianos defendían la de Matilde Pérez Mollá regidora de Cuatretondeta (Alacant). La Voz de Galicia titulaba: "Feminismo en acción. La primera mujer gallega alcalde", y recordaba a Rosalía de Castro y las dotes de las mujeres para tales responsabilidades. "Saben unir a la ternura de la feminidad sin ahogarla, la pujanza briosa, la capacidad de trabajo y el valiente esfuerzo peculiar del sexo contrario", reza el texto, que finaliza haciendo una reivindicación por la incorporación de las mujeres en la vida pública: "Lejos de nosotros la sonrisa escéptica ante la evolución de la mujer a los puestos públicos. No sabemos el que ocurrirá en otras regiones, pero la intervención de la mujer gallega en la vida de las corporaciones municipales esperamos confiadamente óptimos resultados que a algunos le habían causado extrañeza, pero que a nosotros no nos sorprenderán".
Lo cierto es que Concepción Pérez y la alicantina Pérez Mollá ejercieron el cargo prácticamente al mismo tiempo y en un contexto político muy particular. En su estudio, Gómez-Ferrer apunta que "las reivindicaciones de los diferentes pueblos fueron numerosas, casi tantas como alcaldesas hubo en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera". También añade que faltan muchos datos para justificar "en base a qué criterios se llevó a cabo a elección de ciertas mujeres para ocupar los cargos de responsabilidad municipal", aunque en su opinión es "obvio" que aquellas mujeres que se escogieron simpatizaban con la dictadura fascista.
"Si tuviera que elegir hoy una ideología para mi bisabuela, teniendo en cuenta su actividad política y lo que se sabe en su familia, apostaría que era una mujer inclinada a la izquierda" (Rebeca López)
Si bien Matilde Pérez Mollá era la adinerada del lugar, Rebeca López defiende que no es el caso de la Concepción Pérez. Postula que si tuviera que elegir a día de hoy una ideología para su bisabuela, teniendo en cuenta su actividad política y lo que se sabe en su familia, apostaría que era una mujer inclinada a la izquierda. "Me aventuro a decirlo porque ayudaba a los necesitados, trabajaba en los comedores, se preocupaba de que hubiera buenas carreteras, buena educación, que las mujeres tuvieran los derechos cubiertos, que ellas se pudieran defender. Blanco y en botella", sostiene.
A comienzos de los 2000 no había alcaldesas en Galicia
El recuerdo de Doña Concha se mantiene vivo en Portas. Su figura fue recuperada en homenajes –inauguró la fiesta de la Doña en 2016, que pretende poner en valor el papel de las mujeres en la vida pública– y en publicaciones, pero sigue siendo desconocida para la mayoría de los gallegos. Para Marta Lois, el valor de la alcaldesa radica en que "con tan pocas mujeres con responsabilidad política, fue capaz de promover proyectos que mejoraban la vida de las personas. Es un gran referente para el reconocimiento de las capacidades de las mujeres en política". Lois recuerda también que hasta los años 90 las mujeres no llegaron a los ayuntamientos y hoy las regidoras representan alrededor del 27%. "La evolución es muy reciente y bien poca". De hecho, "a mediados de los años 90 y comienzos de los 2000 no había alcaldesas en Galicia"Q, apunta.
Concepción Pérez encarna una paradoja histórica: fue alcaldesa antes de que las mujeres pudieran ejercer plenamente el derecho a voto. Su historia, que durante décadas quedó relegada a notas locales, es reconocida hoy como una parte esencial de la memoria política gallega. Daisy Alcalde, maestra, presidenta de la Asociación Profesional de Axentes de Igualdade de Oportunidades Galega (APAIOGA) y presidenta de la asociación feminista El Sueño de Lilith, apunta la importancia de desenterrar y celebrar nombres como lo de Concepción Pérez. "Representa un hito fundamental en nuestra historia, especialmente porque esto no ocurrió en una grande urbe, sino en un municipio rural, que no suelen tener una gran estima, pero en realidad fueron espacios pioneros en muchos campos".
Como maestras, Alcalde apunta que ellas son conocedoras de su trabajo infravalorado por tratarse de una profesión feminizada. "La figura de la primera alcaldesa gallega es un ejemplo claro de cómo las profesoras contribuyeron al progreso y a la transformación social, una participación activa en la sociedad muchas veces olvidada", apunta.
La huella de Doña Concha no se limitó a su tiempo como alcaldesa, sino que dejó una honda herencia en su familia. Además de su hijo, sus nietos y bisnetos continuaron vinculados a la docencia y a la construcción de caminos y carreteras, como se habían querido prolongar en la práctica aquella agenda municipal que ella había puesto en marcha entre 1925 y 1930. Hoy, su memoria está más viva que nunca. Rebeca y demás descendientes de mantienen un grupo de WhatsApp que lleva el nombre de "Los bisnetos", orgullosos de su figura y conscientes del simbolismo de tener una antepasada pionera que marcó la identidad familiar generación tras generación.






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