Prometeos de chichinabo
La historia ficticia de una infiltración en un campamento de la manosfera contada a través de 'reels'.

[REEL 1 · sin filtro · Vera con el portátil encima del saco, Iván dormido al lado]
¡Por fin, como sólo quedan dos días de campa nos han dejado dormir juntos! Pero, nada, tengo que hablar bajito porque tengo al pardelas de mi novio a mi lado como un jodido tronco. Y es que hay una cosa que me ha dejado sin palabras de este campamento: no dejan de hablar del magnetismo, de capacidad de seducción, de cómo dominarnos..., pero pareciera que su objetivo es no volver a follar nunca. Me explico. Las mujeres somos como la seta o la flor de fuego del Mario Bros, un mero power-up del personaje, un Labubu con piernas, pero, eso sí, todo lo que sea acercarte o pasártelo bien con una de nosotras antes de hacerte millonario es "distraerte del foco". Les dicen, hey, loco, no malgastes tu energía, no las persigas, no te masturbes, no consumas porno, y, al loro: "retén el semen, hermano" porque cada gota, por lo visto, es como si sacaras 500 euros de un cajero. Yo ya no sé si están haciendo fitness o alquimia medieval. Iván lleva exactamente diez días en "modo monje" del Viva Gym: press de banca, trading, carne roja, crema de arroz, burpees, podcast motivacionales y a dormir. Hoy nos dejan dormir juntos pero nada de magreo: como si el deseo fuera una criptomoneda y hubiera que holdearla hasta que suba de valor.
Bueno, al lío. Show me the money! Os prometí números, ¿verdad? Pues aquí están los números. Llevo toda la tarde dándole vueltas a la página 5 del registro mercantil, rastreando el ecosistema económico de Ragnar, una estructura engrasadita de captación, afiliación y monetización aspiracional que convierte los anhelos de construcción de identidad masculina en otro producto de suscripción. Capitalismo de plataforma aplicado a la autoestima, bro. Sin fisuras. ¡Dios, pero qué lista soy! Te lo puedo decir más alto (bueno, no, que despertaría a Iván) pero no más claro: es una economía piramidal de la atención donde unos pocos monetizan el deseo de ascenso de miles, y esos miles intentan recuperar la inversión convenciendo a otros de subir el mismo peldaño. Animalitos.
[REEL 2 · sin filtro · mismo sitio, Iván empieza a roncar]
Venga, va, te lo describo como si fueran pantallas, aunque ojocuidao que aquí los videojuegos también son enemigos del "programa de desarrollo": dicen Ragnar y Chad que son una pérdida de tiempo, igual que Netflix, la pornografía o salir de fiesta. Que la dopamina del videojuego ya te la da el gimnasio, el trading o el emprendimiento. Yo es que me meo, les quitan el Fortnite para gamificarles la vida entera. Va:
Pantalla 1. El regalito. Todo esto empezó con un vídeo random en YouTube. Cero coste, cero compromiso. Un chavalito disertando a cámara sobre disciplina y focus. En marketing esto se llama lead magnet: mero anzuelo sin venta, solo busca atención y tus datos. Iván picó en abril.
Pantalla 2. El momento en que empiezas a apoquinar. Eso, en la jerga, es la conversión. En nuestra casa tuvo fecha concreta: 3 de mayo, 47,99 euros, "Protocolo Alfa", pago recurrente activado. Sus muertos.
Pantalla 3. Y entonces, sin que nadie se lo pidiera, quiso más. Upselling: el momento en que descubres que lo que acabas de comprar es solo el nivel básico. Y que el campamento, la "Mentoría 1:1", es el escalón de arriba, en el cual negocias de tú a tú y por Whatsapp directo con "Ragnar". Ja.
Pantalla 4. Darse de baja es endiabladamente difícil. Se llama retención. Del cliente. Del dinero. Del semen. Todo consiste en que de ahí ya no salga nada.
Pantalla 5. Valor de por vida. Trescientos ochenta y cuatro euros ya gastados desde enero, más todo lo que estamos "invirtiendo" en el campamento. A eso lo llaman lifetime value: el dinero exacto que calculan que pueden sacarte antes de que vuelvas a despertar.
Lo más puto brillante del negocio es que prometen que, si aguantabas lo suficiente, algún día dejarás de ser cliente para convertirte en mentor. Dejarás de pagar para empezar a cobrar. ¡Magia! En fin, el Bosco ya lo pintó hace quinientos años.
[REEL 3 · Vera, aparte]
Kevin también se ha puesto a hacer sus cuentas. Quería verificar cuánto ha facturado él en todo el verano por colocar el código de descuento de Ragnar entre sus compañeros de instituto y sus tías abuelas solteras. Cero. Ni un euro. Ha estado currando gratis de comercial sin saberlo, convencido de que estaba "en formación" para algo. De golpe, nos ha interrumpido la voz de megafonía para llamarnos al directo en el Coliseo. ¡Se iba a hacer público el ganador del sorteo del viaje a Dubái! Chad ha sido el encargado de desvelar el nombre: Naiara G., "creadora de contenido de estilo de vida". Antes de que surgiera cualquier otra reacción entre la gente, ha añadido muy ufano: "¿Veis? ¿Veis como no odiamos a las mujeres?". Kevin no ha llorado. Ha hecho algo peor: se ha dejado llevar por un ataque de risa nerviosa, solo, sentado en la puerta de su tienda, con la báscula de pesar macros vacía. Cuando Marta le ha preguntado qué le hacía tanta gracia, le ha dicho: "Soy un perdedor. Pero esta vez literal." Lo más jodido es que no es ni por asomo el único. Pero, a ver, Kevin, la tal Naiara G. ¿ha estado aquí? Yo creo que ni siquiera existe. Factos y la realidad hace tiempo que se confunden aquí.
[REEL 4 · Iván y Vera, en las gradas vacías del Coliseo]
Se lo he contado yo misma a Iván (hoy ha estado durmiendo hasta tarde excepcionalmente, creo que se ha puesto malo de tanto queso cottage untado en tortita de arroz). Se lo he soltado así, lo del pufo de la tal Naiara, sin edulcorar, esperando alguna reacción: rabia, negación, un "eso no puede ser", cualquier cosa que sonara a "estoy vivo otra vez". No ha dicho nada durante un rato largo. Se ha quedado mirando el cartel de "El Duelo de Ragnar" que todavía sigue colgado, deshinchándose despacio en un rincón de la carpa desde el día de la Velada.
—¿Sabes qué es lo peor? —me ha dicho por fin—. Que no me sorprende.
Y esa frase, viniendo de él, me esperanza más que cualquier discurso de los chorrocientos que nos hemos tragado estos días.
[REEL 5 · Un móvil prestado con poca batería]
A Marta se le ha ocurrido la idea después de cenar, cuando ha visto la cara que traía Kevin: "¿Sabéis que os digo? Esta noche montamos fiestita de despedida". Nos hemos colado en la cabina del speaker mientras todo el campamento dormía. Ups, se ha dejado la sesión del ordenador abierta. En su Spoti decenas de listas: Alpha Mode, Become the Wolf, No Excuses, 3:47 AM, Sigma Frequences. Le damos al play. Phonk. Siguiente. Más phonk. Siguiente. Hardstyle. Siguiente. Eminem gritándole a alguien que no se rinda. Siguiente. La banda sonora de Gladiator. ¡Diooos, qué aburridos que son! Todo es música para rendir. Espera, se me acaba de ocurrir una maldad, le he dicho a Marta, y hemos empezado a borrar listas una detrás de otra. En un momento las hemos sustituido por una sola titulada VERBENA: Raffaella Carrà. Las Grecas. ABBA. Jeanette. Camela. Rigoberta. Estopa. Alcalá Norte. Amaral. Todo un arsenal para perder el tiempo como sólo se puede hacer en verano. Y la última. Otra trastada asquerosamente woke: guardamos en su perfil la playlist del verano de Pedro Sánchez. Esto les va a escocer. Muahahahaha.
[REEL 6 · El campamento entero duerme]
Al otro lado del Coliseo, el campamento entero duerme, unos contra otros, haciendo la cucharita inconscientemente. A las 3:47, cuando tendría que haber sonado la diana disciplinaria, el primer acorde que atraviesa el secarral es el arranque de "Para hacer bien el amor hay que venir al sur". Nunca un ejército de sigmas se despertó tan confundido. La llamada al contoneo de una vedette comunista es la más horrible pesadilla de un afiliado. Antes de que lleguen Chad y el resto de los monitores nos da tiempo a poner Good Luck, Babe! de Chappell Roan a toda leche. Marta y yo hemos bailado en círculo, descojonadas. Desde su esquina, Kevin nos mira con esa cara de quien está a un paso de desertar. "You'd have to stop the world just to stop the feeling...". Cantamos fatal pero nos la bufa. Nos quedan exactamente tres minutos de canción antes de que estos descubran que hasta el propio algoritmo, si lo entrenas bien, puede servir para fugarse. Ojalá.
#asediodealamanosfera #ragnarcamp #elsorteodeRagnar #LlegadoYaElMomento
Asedio a la manosfera
Lee aquí la serie completa:
Es una serie veraniega de diez capítulos que narra la infiltración de Vera, una chavala disfrazada de novia despistada, en Ragnar Camp, campamento ficticio masculinizante donde se dan cita prácticas de fitness extremo, biohacking absurdo, incels de cercanías, emprendimiento chuchurrío, criptocultura y otras técnicas de captación típicas de las sectas comerciales. Una investigación narrada como comedia de infiltración.

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