Opinión
Las batallitas de la derecha de todas las navidades

Por Miquel Ramos
Periodista
-Actualizado a
Una de las estrategias de la derecha para marcar agenda es instaurar batallitas que pueden parecer absurdas, pero que están bien calculadas y con las que entramos constantemente al trapo. La última, hacer creer que la izquierda odia la Navidad, los villancicos, la familia y la felicidad que, en teoría, envuelve estas fechas. Que decimos ‘fiestas’ para evitar cualquier referencia al nacimiento de Cristo y a la sacralidad de estos días, porque también odiamos a Dios, a los cristianos, y quemaríamos iglesias y fieles si nos dejaran. Nada de esto es nuevo, sino que forma parte del manual de la guerra cultural que lleva a cabo la derecha para caricaturizar y demonizar constantemente a la izquierda y para imponer sus mentiras disfrazadas de sentido común a través de sus debates tramposos.
La actuación de Hakuna, un famoso grupo pop religioso en la Puerta del Sol la pasada semana cantando villancicos y loas al Señor no hubiese pasado de ser una anécdota si no fuese parte de esta guerra cultural, además de un guiño a sus votantes más apegados a este tipo de organizaciones. Señalar lo que hay detrás de este ‘movimiento’, que su fundador es un miembro del Opus Dei y que el PP riega constantemente de dinero público a este tipo de entidades e instituciones no es meterse con los cristianos ni odiar la Navidad, pero es donde han pretendido llevarnos desde el momento en el que decidieron que fuese un grupo religioso y no un artista ajeno a cualquier fe el que amenizase el evento. No es nuevo que la religión sea uno de los amarres habituales de la derecha con parte de sus votantes, pero esto, además, tenía otra intención. El arsenal estaba preparado: la izquierda también reniega de sus raíces cristianas, de la civilización occidental, mientras en su habitual autoodio, abraza culturas extrañas felicitando el ramadán. Cada año lo mismo.
Parte de esta misma guerra es la contratación ya reiterada por varios ayuntamientos del PP de un grupo que canta por ‘Volver al 36’. Los Meconios no es más que un artefacto propagandístico de la derecha, uno de tantos, que usa la música y el humor como vaselina para difundir los mantras, los odios y los marcos que quienes ahora los riegan de contratos públicos difunden desde sus púlpitos. Señalarlo es estar en contra de la libertad de expresión, no tener sentido del humor, ser un totalitario, estar instalado en la cultura de la cancelación y cualquier otra acusación habitual que la derecha lanza a la izquierda.
No debería extrañarnos que cada uno mime a los suyos, pero sí entender de qué van estas batallas para saber cuáles vale la pena librar. Hay demasiadas cosas estos días que merecen mucha más atención, que la derecha pretende evitar, y es quizás a estas a las que debemos acudir con mayor insistencia para no darles la batuta del debate constantemente.
Odiar la Navidad no tiene nada que ver con ideologías, sino con experiencias y circunstancias propias. Lo mismo pasa con la familia, con tu pueblo o lo rural, o con todo lo que la derecha pretende apropiarse para situar a la izquierda en un supuesto agravio constante contra todos los lugares seguros a los que todos nos asimos más allá de ideologías. Los rojos también disfrutamos de estos días en familia, con nuestros amigos, con la felicidad de nuestros hijos e hijas ante los regalos y la magia de toda la liturgia y la fantasía navideña. También comemos mucho y bien, lo mejor que podemos permitirnos, claro, y nos acordamos de nuestros seres queridos. Y hasta cantamos villancicos, oiga. Parece, una vez más, que tengamos que justificarnos constantemente, explicar que comemos algo más que arroz, que usamos móviles y que nos gustan los pequeños y grandes placeres igual que a cualquier otro mortal. Que no renegamos de nuestras raíces cristianas y que eso no implica odiar ni temer a otros.
No pueden presumir de lo mismo quienes por una parte braman contra la supuesta amargura de la izquierda y por otra, aplauden al alcalde de Badalona cuando desaloja y condena a vivir bajo un puente a centenares de personas en medio de la lluvia. La supuesta caridad y superioridad moral cristiana de la que presumen algunos se escurre por todas las grietas que deja el neoliberalismo y el racismo que tan vehementemente defienden mientras se santiguan. Y justo en sentido contrario, entendiendo su fe y su compromiso de otro modo, han sido muchas las personas y entidades religiosas que han prestado su ayuda a los desahuciados, dejando en evidencia a todos los que usan la religión y sus expresiones como arma arrojadiza en su batalla cultural. Y junto a estos religiosos que prestaron ayuda, también muchos rojos. Hay momentos y lugares donde se encuentra la buena gente.
Es cierto que la estrategia de la derecha nos obliga reiteradamente a pelear por los significados y los significantes, ante el riesgo constante de que pierdan su esencia y sean, como tantos otros conceptos, vaciados de contenido, o peor, retorcidos para hacerlos encajar en otros márgenes tan perversos como alejados de su propia etimología. Hay que disputar esos lugares seguros de los que la derecha pretende apropiarse, y que son enclaves estratégicos de toda batalla cultural. Ni la familia, ni la felicidad, ni siquiera las patrias, las creencias religiosas ni las culturas les pertenecen. Vamos a disfrutar de todo ello, por mucho que les fastidie. ¡Feliz Navidad!
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