Opinión
La bomba atómica feminista

Por Marta Nebot
Periodista
Esta semana, en el frente televisado nacional de la guerra cultural que nos asola, el #metoo del partido socialista fue la bomba más gorda.
Siempre hay programas emboscada en los que se dispara con metralleta, haya o no caído un obús cerca. Se supone que es lo que pirra a la audiencia. Se da por hecho que es curiosona, cotilla, morbosa... Manipulable con músicas de intriga, con rótulos parpadeantes, con el tono de “el mundo se acaba”, con “rabiosa actualidad”, con herramientas neurolingüísticas conocidas y exitosas.
Por eso muchos van de bomba en bomba diaria, real o imaginaria. El caso es ganar la batalla de ese día por el relato entre las dos Españas, entre los dos modelos de mundo que en el mundo democrático están partiéndose la cara en todos los frentes mediáticos que haya.
Aquí, esta legislatura, ya con la munición habitual de “gobierno ilegítimo de golpistas, filo etarras y comunistas” desde el 24 de julio de 2023, cuando la derecha perdió el Gobierno y no lo esperaba, más los puteros, corruptos y fontaner@s -presuntos o sin presuntar- no hay manera de centrar la batalla en la política. Tanta casquería se está comiendo la entraña democrática, la presunción de debatir modelos e ideas, de lanzar argumentos con los que hacer pensar en las dos trincheras, con los que incluso llegar a los que pasan de la guerra, a los que viven al margen de ella fabulando con que no les afecta.
La bomba cayó entre todo eso y los misiles judiciales y policiales diarios. Cayó sobre tierra quemada. Cayó y cayó y volvió a caer. El goteo de casos la convirtió en bomba de racimo y a ratos de fuego cruzado. El PSOE y su torpeza y sus guerras intestinas. El PSOE y sus excusas. El PP y su desvergüenza. Sumar y Podemos con sus propias vergüenzas en esto no tan lejanas.
Asco sobre asco. Y yo entre estallido y estallido pensaba que en este metoo, como en todos los demás, lo importante es no perder de vista los hechos. Ni idiotas, ni torquemadas. Todos tienen su mierda. Lo importante es cómo la limpian. Como hacen para que siempre sea limpiada en tiempo y forma. Que no nos usen como otra munición más. Que nadie saque pecho en esta vergüenza general.
Rebeca Torró, la nueva secretaria de organización socialista, en su primera rueda de prensa, no supo hacer un mea culpa convincente. No dio explicación al abandono de cinco meses de las compañeras que denunciaron en los canales internos acoso sexual hasta que llegaron a una portada. No resultó convincente sobre su tolerancia cero a partir de ahora. Mal. Mal sobre mal.
En medio del fuego, ardiendo por dentro, volví a pensar que esto, como todo, no va solo de palabras. En la reunión en Ferraz con las delegadas de Igualdad del partido de toda España, ella y Pilar Bernabé, la responsable de Igualdad, prometieron hechos que marquen diferencias: “Abrir camino”. Y ellas, las responsables en cada territorio, las garantes de que esto no vuelva a pasar, aceptaron sus propuestas, que incluyen echar a todos los implicados, de verdad por fin arropar a todas las víctimas y generar un protocolo para que así sea sin parar, además de formar en igualdad a todo el personal del partido.
No sabemos si lo cumplirán. Sí, que el tiempo y la prensa lo dirán. Y también que los populares esta vez vienen a por nosotras, ahora que son conscientes de nuestra fuerza; y que, en esto, tienen una doble vara de medir nauseabunda.
El PP está abonando nuestra abstención. Sabe que de ello puede depender su victoria. Esa puede ser su bomba atómica.
Mientras silbaban las balas, me acordé del discurso de investidura de Pérez Llorca, sucesor de Mazón en la Generalitat valenciana. Desgranó su rendición total a todo el argumentario de la ultraderecha a la que debe su lugar, pero no dedicó ni una palabra a las exigencias de Vox contra la igualdad.
Los conservadores tienen ahora mismo dos casos similares a los que han azotado al PSOE esta semana: el alcalde Algeciras y el número 3 de la lista electoral de María Guardiola. A ninguno de los dos les ha exigido sus cargos. De Vox, sobre esto prefiero ni hablar porque me devoraría esta columna.
Los populares no tienen ni un secretario en exclusiva. El actual responsable del área de Igualdad en el Partido Popular (PP) es Jaime de los Santos, vicesecretario de Educación e Igualdad. Cada vez que hace declaraciones sobre estos temas ponen de fondo a unas cuantas mujeres para que no quede tan mal.
Lo mismo en el PP no hay más denuncias porque no hay donde ponerlas. Lo mismo sus mujeres víctimas de cosas como éstas saben que allí no hay batalla que dar porque ya está perdida, porque desde Nevenka la lección quedó aprendida. Desde fuera se ven y se escuchan cosas que no se cuentan.
Si el PP y los demás pusieran sus barbas a remojar, si mostraran la prudencia que deberían, si hicieran acto creíble de solidaridad con las víctimas, si impusieran en sus partidos las mejoras internas que van a imponer ahora los socialistas, tal vez ganarían voluntades, convencerían a algunas decepcionadas, podría creerse su preocupación y su voluntad política contra esta lacra.
Con el mismo ejercicio constante de leña al mono desde el primer día, de disfrute en el castigo, de sorna y colmillo, de apaleamiento dialéctico del muñeco, de lo mismo que se hizo a las puertas de Ferraz con el de cartón pero con el de verdad y todo su equipo y con palabras, ni convencen ni convencerán. Si vencen será por otras cosas. No seremos su bomba atómica.

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