Opinión
Cronopios
Por Anibal Malvar
Periodista
A pesar de su nombre, mi amiga Esperanza es muy cronopio. Mi Esperanza es tan cronopio que no llora si no llueve, y prefiere las goteras a los tejados, las sombras a los sombríos y las gafas rotas a las miradas hueras. Huelga decir que Esperanza fue la única que no votó a la alcaldesa de Madrid, lo que viene a confirmar que tampoco es gran demócrata.
Esperanza, en su rareza, se dicta extravagantes buenos propósitos en enero: fumar más, hacer menos deporte, no enamorarse, resquebrajar capas de ozono, desertar del 15-M, no ahorrar más que para invertir sin subvertir, y solo follarse a millonarios zafios. No es por capricho. Esperanza sabe que su natural bonancible y divagante no va a la moda, la daña a ella y a la sociedad, e inspira poesía que maleducará a vuestros niños con bagatelas libertarias. Para evitarlo quiere volverse conservadora o fama. Está incluso meditando cambiarse el nombre, no sea que algún desahuciado lo escuche y se esperance. Yo le grito no te pases: la condesa Aguirre también se llama Esperanza y nunca ha hecho esperanzar a un desahuciado.
Otro cronopio me informa de que el problema de mi Esperanza es que escucha imprudente a los estadistas, y se cree que lo bueno es malo y lo malo es bueno. La paradoja es lo que distrae a Esperanza de su despiadada libertad. Es valiente y futurista congelar a los obreros de pedir a una temperatura de 641 euros SMI, que es el salario mendicante infraprostitucional… Subir precios al 50% y sueldos al 14 era vivir por encima de nuestras posibilidades en la última década... Luego decía Wilde que los banqueros no saben de paradojas. Pues sí saben, tío Oscar. A los de tu Irlanda natal también los rescató la paradoja. Que aquí violó los castos votos de mi Esperanza.
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