Opinión
El diccionario de los horrores

Por Josu Oskoz
Activista por los Derechos Humanos.
-Actualizado a
Palabras que no deberían existir, palabras que dan nombre a horrores que nadie en el mundo debería padecer.
Desde el inicio del ataque israelí en octubre de 2023 se han producido centenares de masacres e Israel ha asesinado a más de 54.000 civiles, aunque las cifras de fuentes fiables señalan que se puede estar subestimando considerablemente la cantidad de personas asesinadas. Se han atacado repetidamente lugares de distribución de ayuda, refugios improvisados, tiendas de campaña, hospitales, escuelas y mercados, haciendo un uso indiscriminado del fuego aéreo y de francotiradores.
La intensificación de los ataques ha provocado innumerables desplazamientos masivos. Actualmente, el 80% del territorio de Gaza está sujeto a órdenes de evacuación impuestas por Israel. Al menos el 90% de las y los palestinos de Gaza han sido desplazados por la fuerza, muchos de ellos más de diez veces. Sin embargo, ningún lugar puede considerarse seguro, ya que los bombardeos, salvajes e indiscriminados, afectan a todo el territorio.
Tras meses de bloqueo total por parte de Israel, la población gazatí se encuentra en riesgo crítico de hambruna, con estimaciones de que 1 de cada 5 personas de Gaza se enfrenta a la inanición y desnutrición aguda. Miles de mujeres y adolescentes se han visto privadas del acceso a servicios de salud sexual, reproductiva y neonatal debido a las operaciones militares israelíes, con graves consecuencias para su salud, protección, dignidad y derechos humanos.
Se trata de una política de tierra quemada que pretende la destrucción calculada de Gaza con un coste humano, material y ambiental imposible de cuantificar.
El ecosistema está contaminado con millones de toneladas de escombros, que incluyen municiones sin detonar y restos humanos. La propagación de enfermedades como hepatitis, infecciones respiratorias, diarrea y enfermedades cutáneas se ve favorecida por factores como la presencia de centenares de vertederos, la acumulación de toneladas de desechos y aguas residuales sin tratar. Si bien es imposible determinar la cantidad de artefactos y municiones sin explotar entre los millones de toneladas de escombros que ha dejado hasta ahora el bombardeo israelí en la Franja de Gaza, se estima que su limpieza podría tomar cerca de tres lustros.
Miles de personas yacen sepultadas bajo los escombros, entre ellas cientos de niñas y niños. Con frecuencia pueden oírse las voces de las personas atrapadas y agonizantes sin que pueda hacerse nada porque también han sido atacadas y destruidas las excavadoras. Un número incierto de personas ha sido víctima de desaparición forzada a manos de las fuerzas israelíes. Innumerables testimonios ponen en evidencia que el uso de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, incluida la violencia sexual, son una práctica sistemática del Ejército y las fuerzas de seguridad israelíes.
Se trata, todas ellas, de acciones que vulneran claramente el derecho internacional humanitario, así como el derecho internacional de los derechos humanos, incluidas las Convenciones sobre los Derechos del Niño, la Convención contra la Tortura o la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. “Actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”, en palabras literales de la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos.
En medio de todo este horror, y frente a una pasividad y complicidad inimaginables y difícilmente tolerables, hay quienes se empeñan en denunciar y poner nombre a tanta crueldad. Estamos hablando de algunos de los responsables de las agencias internacionales y de los procedimientos especiales del Consejo de Derechos Humanos, que como personas expertas e independientes están tratando de documentar con rigor el horror, con la esperanza lejana de que, algún día, las personas, empresas y Estados responsables, por acción u omisión, puedan rendir cuentas.
Es en este punto donde personas como Francesca Albanese, Relatora Especial sobre la situación de los derechos humanos en los Territorios Palestinos Ocupados desde 1967 o el Comisionado General de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA), Philippe Lazzarini, están mostrándonos el diccionario de los horrores, con conceptos que difícilmente podíamos siquiera imaginar, y mucho menos tolerar y contemplar a diario por televisión:
• Domicidio: la destrucción masiva, arbitraria y deliberada de viviendas, sabiendo que destruir las casas y hogares de las personas significa destruirlas a ellas mismas.
• Urbicidio: violencia extrema e indiscriminada contra ciudades habitadas por civiles, con la consiguiente destrucción de los servicios vitales e infraestructuras esenciales para la vida.
• Ecocidio: daño masivo e irreversible que busca la destrucción ambiental de un territorio determinado más allá de su capacidad de regenerarse.
• Medicidio: ataques precisos y localizados a instalaciones, centros e infraestructuras médicas y personal sanitario con la intención de destruir e inutilizar totalmente el sistema de salud.
• Escolicidio: patrón sistemático de ataques contra escuelas, universidades, profesores y estudiantes con el fin de alcanzar la destrucción sistémica del sistema educativo.
• Genocidio cultural: destrucción intencional e irreversible del patrimonio cultural, material e inmaterial, sabiendo de su particular significación para las personas y los pueblos, su identidad y sus procesos de desarrollo.
• Depuración étnica: desplazamientos masivos de población con el fin de modificar la composición demográfica de un territorio.
No podemos olvidar que detrás de todo este diccionario de los horrores, detrás de todos estos crímenes contra la humanidad, detrás del genocidio palestino, detrás del uso que hace Israel de las redes sociales para propagar el odio, la desinformación y la censura, y detrás del uso de la Inteligencia Artificial para tomar decisiones militares, está la verdadera intención de crear el Gran Israel a través de un proceso a largo plazo, intencionado, sistemático y organizado cuyo fin es colonizar completamente el territorio, poniendo deliberadamente en riesgo la posibilidad misma de supervivencia del pueblo palestino en Palestina.
Y todo ello sucede ante la pasividad y complicidad de Europa y recién transcurrido el 75º aniversario de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, tratado inaugural de las Naciones Unidas en materia de derechos humanos, aprobado en vísperas de la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.