Opinión
La gordofobia mata y se aplaude

Por Toni Mejías
Periodista
Nadie quiere vivir con un cuerpo gordo. No por salud o por incomodidad física, sino por la discriminación sistémica y permitida que sufren las personas que no tienen un cuerpo normativo. Además, alegan que se preocupan por ti, que es por tu salud, pero cuestionan la vida entera de una persona solo por su físico sin importar nada más. Nadie sabe nada de ti ni de tus costumbres. Ni qué comes ni si haces ejercicio o no, pero si has nacido con un cuerpo gordo te van a cuestionar todo y en todas partes. ¿Quién quiere vivir con esa presión? ¿Quién en su sano juicio elegiría ir por la vida sintiéndose juzgada continuamente y mirada con una mezcla de asco y pena? Lo mismo pensaría Sandra, la niña sevillana de 14 años que se quitó la vida hace unos días agotada del acoso que sufría en su centro escolar.
Esta semana ha saltado la polémica tras la muerte por suicidio de la joven. Educación ha denunciado ante la Fiscalía la inacción del colegio privado Irlandesas de Loreto de Sevilla (donde estudiaba) al no activar el protocolo de acoso escolar. También sus padres afirman que informaron al centro de la situación que sufría su hija y la única solución que les dieron fue cambiar de clase a las compañeras que la acosaban. Como si una pared de por medio fuera suficiente y más en esta época de un mundo paralelo digital. Toda la controversia se debe a si el centro hizo lo suficiente y si los protocolos antiacoso sirven para algo o hay que tomar medidas más severas. Pero, muchas veces, se pasa por alto el motivo del hostigamiento y cómo educar para que ello no pase. Está claro que quien quiere perseguir a otro a veces no necesita excusa, pero otras veces es la sociedad la que te pone los mimbres para ello. A Sandra la acosaban por su físico. Su muerte por suicidio fue, en parte, por no encajar en los patrones de belleza establecidos.
Seguramente, observando la foto que ha distribuido voluntariamente la familia, la mayoría de personas ni siquiera la incluyan en sus parámetros de alguien gordo, pero se ha vuelto tan exigente el mundo con el físico de las personas, que se te exigen cuerpos inalcanzables solo porque existe una superioridad moral de los cuerpos flacos y tienen una serie de privilegios que no quieren perder. De la destrucción, el aislamiento y el agotamiento de las personas con cuerpos no normativos es de lo que se alimenta su supremacía. Les da igual quién quede por el camino o las vidas que destrocen, porque está bien visto, está permitido e incluso respaldado por asociaciones o ministerios. La salud como excusa para amargarte la existencia. La salubridad como arma arrojadiza contra quienes nacen con un cuerpo que les han dicho desde miles de frentes que no es válido. Si no acaba en suicidio, puede ser un TCA. Y si no, la sensación constante de que eres inferior, de que no vales, de que no tienes derecho a ser feliz. Y todo por el cuerpo con el que naciste.
Se permite en los centros educativos este acoso como se permite en los centros de salud. Muchos profesionales médicos siguen juzgando a las personas gordas aunque acudan a la consulta por otra cosa. Si te duele la rodilla, adelgaza. Si te duele el estómago, adelgaza. Si tienes problemas mentales, adelgaza. Hay personas que mueren por no tener un diagnóstico correcto porque su médico, sin las pruebas pertinentes, ha decidido que su problema es su cuerpo cuando no hay ninguna enfermedad que solo tengan las personas gordas. ¿Puede agravar algunos problemas? Nadie lo niega. Pero correlación no es causalidad. Y las personas gordas enferman por más causas como todo hijo de vecino.
También hay acoso cuando desde el ministerio de Consumo se prohíben determinados alimentos o bebidas para proteger, según dicen, de la obesidad infantil. Como si los ultraprocesados o los refrescos azucarados fueran exclusivos para los y las niñas gordas. Como si no existiesen personas delgadas que consumen estos productos a diario aunque no afecte a su físico. Como si no hubiera condicionantes sociales, económicos y culturales que influyen en la alimentación de las personas. Señalar como único problema derivado de este consumo la obesidad es señalar a un grupo de personas como insalubres y como únicos responsables de los malos hábitos alimenticios. Se puede educar en una alimentación saludable sin estigmatizar ni perseguir un cuerpo determinado. Todas las tallas tienen derecho a comer bien sin que se juzguen otras cosas.
Hay que comenzar a perseguir el acoso escolar con más contundencia. Incluso hacer responsables a los padres de los acosadores si no hacen nada por evitarlo, porque la educación no es exclusiva de los centros. También se deberá restar valor social a quien practica el bullying y dejar de ver a los malos de la película como los interesantes y famosos. Se debe conseguir aislar a esa gente para que no se sientan superiores. Pero también desde las redes sociales, desde los centros educativos y médicos y desde los ministerios de Sanidad y Consumo, se debe dejar de señalar a las personas gordas como insanas per se. Porque si normalizamos el acoso y lo encubrimos de interés por la salud, nunca dejará de haber este hostigamiento. Porque lo que seguro que no dejan de haber son personas gordas ni cuerpos diversos. La gordofobia mata, discrimina y aísla. Y se permite y se aplaude desde lugares supuestamente respetables.
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