Opinión
Hablemos del narco (y no sólo de Marcial Dorado)

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Las fuerzas y cuerpos de Seguridad, fiscalías del ramo, abogados o expertos en el crimen organizado, entre otros, llevan años alertando sobre la profesionalización y escalada de la violencia en un negocio ilegal, el del tráfico de drogas, que dispone de recursos económicos infinitos; tantos, que su blanqueo supone una filial del mismo negocio. En Países Bajos, la Casa Real y todo un primer ministro han sido objetivo de las amenazas de la Mocro Maffia, uno de los cárteles más violentos en Europa y cuyo líder fue puesto en libertad tras decidir el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno que no se le detuviera en Málaga -con el fin de facilitar su extradición a Países Bajos- y desde la AN se cerrara oficiosamente semejante desastre diciendo que fue “un malentendido judicial”, o sea, un "unos por otros la casa sin barrer" y Karim Bouyakhrichan, fugado. Y ahí sigue.
El goteo de tragedias vinculadas al narco y a sus sicarios es una constante en Europa, pero también con especial virulencia en España, como en los últimos meses demuestran los ataques de Barbate, Sevilla o Toledo. Los cabecillas del narcotráfico -los pabloescobar del siglo 21- ya no solo se ocupan de las drogas, de diseñarlas cada vez más baratas y sintéticas en laboratorios, fabricarlas, distribuirlas y venderlas por las calles o en internet; estos clanes son auténticas multinacionales del crimen organizado, de todo tipo de negocio ilegal y muy lucrativo, sean el tráfico de armas, el contrabando de tabaco, la trata de personas, el tráfico de órganos, las falsificaciones de lujo, el blanqueo imprescindible a través del arte, la construcción (la vivienda, sin ir más lejos), la restauración,… Y con la falta de regulación de las plataformas tecnológicas ha venido dios -o el diablo en su acepción religiosa del Mal- a verles. ¿Y qué tenemos enfrente? Juzgados que no dan abasto y agentes en precario para una tecnologización y sistemas criminales en constante evolución, incontroladas e incontrolables.
Desde aquí, hablamos de Países Bajos o Bélgica como narcoestados embrionarios, ¿y España? Síntomas tiene, aunque los responsables institucionales -jueces, fiscales y agentes, principalmente- lo descartan... de momento. La penetración del crimen organizado vinculado a las drogas es muy grande en nuestro país y se extiende como una mancha de aceite de la que alertan -sin ser escuchados como merecen- expertos de distintos ámbitos, particularmente, aquellos a los que toca de cerca la batalla cada vez más desigual entre instituciones y mafias, perdiendo aquéllas. ¿Conoces algún partido político en España que lleve en su programa electoral la lucha contra el narcotráfico? ¿Sabes del poder de la economía sumergida que mueve? ¿La violencia y la degradación que supone? ¿Algún político que haga pedagogía sobre el deterioro social que implica para un territorio (sobre)vivir del narco ante la falta de expectativas legales? ¿Y sobre funcionarios y altos cargos corrompidos por esos criminales, imprescindibles para que la maquinaria internacional del crimen organizado esté perfectamente engrasada? Sigan la línea de puntos de las noticias breves en los medios, sobre todo, provinciales.
Sí, en España conocemos lo que ocurrió en Galicia y ocurre en la Costa del Sol gracias a las muy exitosas Fariña, de Nacho Carretero, o de la serie Marbella, dirigida por Dani de la Torre y Alberto Marini, guionizada por el propio Carretero y Arturo Lezcano, y cuya segunda temporada esperamos con ansiedad para enero de 2026, dicen. La realidad, no obstante, es que no dejamos de contemplar con mucha distancia y cierta romantización todo ello, lo del pasado y lo de las series; sobre todo, en el ya pretérito caso gallego, aunque Marcial Dorado continúe como protagonista ad eternum gracia a la fotogenia de Alberto Núñez Feijóo. La legalización o no de un consumo tóxico pero i-ne-vi-ta-ble es una pata a debatir del problema multidisciplinar al que nos enfrentamos; la oscuridad permivisa en la que se mueven el narco y la infraestructura que lo envuelve es la otra. Y hay que hablarlo con luz y taquígrafos, pero ahora, antes de que sea (más) tarde. ¿Hay alguien ahí?
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